José M. Cuevas*

El Mundial de fútbol siempre ha tenido mucho de política. Italia 1934 bajo la mirada del régimen fascista de Benito Mussolini, Argentina 1978 en plena dictadura militar, Catar 2022 con las denuncias por violaciones a los derechos humanos en la construcción de los estadios… Ahora le toca a Norteamérica en tiempos de Donald Trump y de erosión del orden internacional.

Si Estados Unidos organizó el Mundial de 1994 en pleno auge del soccer, al de 2026 llega como nueva potencia en el mundo del fútbol. No a nivel de juego, pero sí de influencia y poderío económico. Los inversores estadounidenses tienen cada vez más peso en el fútbol europeo, la liga local se ha disparado y ha hecho del fútbol un show como el de la NBA o la NFL, y Trump ha tejido una interesada amistad con el presidente de la FIFA.

La amistad entre Trump y Gianni Infantino es lo mejor que podía pasarle a ambos. El presidente estadounidense ya viene usando el Mundial de 2026 para ganar influencia y como arma de política contra las ciudades gobernadas por demócratas. Mientras tanto, el presidente de la FIFA busca consolidar la industria del deporte rey en el país más poderoso del mundo. De hecho:

La organización abrió en los últimos años dos sedes en Estados Unidos: una en la Torre Trump de Nueva York y otra en Miami, Florida, el mismo estado donde está la residencia de Trump en Mar-a-Lago.

Infantino se sumó en 2025 a la diplomacia del agasajo a Trump dándole el “Premio FIFA de la Paz” después de que al magnate no le fuese concedido el Nobel. De ese modo, la FIFA ha roto su ya mermada neutralidad, pasando de ser un Estado paralelo a uno subordinado.
La organización del Mundial también ha sido un escaparate para las políticas de Trump. Desde algunos países se llegó a tantear un boicot por la guerra en Irán, las amenazas sobre Groenlandia o las redadas antiinmigratorias del ICE. Incluso se han impuesto restricciones para ingresar a ciudadanos de países participantes, como el propio Irán y Haití.

Además, el torneo coincidirá con los 250 años de la independencia de Estados Unidos, el 4 de julio, y con el 80º cumpleaños del propio Trump. Una doble oportunidad para mostrar el triunfo del excepcionalismo estadounidense y el liderazgo de su presidente.

De paso, Trump conseguirá desviar la atención del aumento del coste de la vida. Los datos de consumo, ingresos y empleo influirán en su popularidad de cara a las midterms de noviembre.
Pero el Mundial no se jugará sólo en Estados Unidos; en menor medida, también en México y Canadá. Y refleja cómo han cambiado las relaciones regionales. Si el de 1994 se jugaba tras la firma del tratado de libre comercio entre los tres países, el de 2026 llega después de las amenazas expansionistas de Trump sobre Canadá y en medio de las tensiones con la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum por la lucha contra el narcotráfico.

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Tanto Canadá como México quieren aprovechar el Mundial a su manera. Por un lado, Canadá buscará reflejar el auge del deporte en el país, como Estados Unidos en 1994. También aprovechará para mostrarse como un país más amigable, abierto y diverso que su vecino, que con Trump está en pleno retroceso democrático y erosionando el orden internacional.

Por su parte, México se consolida como el primer país que organiza tres Mundiales de fútbol. Sheinbaum no asistirá a la inauguración para evitar ser abucheada, como sus antecesores, pero aprovechará el partido España-Uruguay, al que asistirá el rey Felipe VI, para limar las relaciones entre ambos países después del distanciamiento con Andrés Manuel López Obrador.

Sin embargo, el ambiente en México también estará marcado por la seguridad. Los cárteles y otros grupos criminales son una gran amenaza para el torneo, sobre todo después de que en febrero el Cártel Jalisco Nueva Generación desatara una oleada de violencia en febrero tras la muerte de su líder, alias el Mencho. Ahora bien, probablemente en vez de atentar contra partidos aprovechen para explotar negocios como la trata de personas.

Con todo, este será el Mundial con más equipos (de 32 a 48) y el más duradero hasta ahora (del 11 de junio al 19 de julio). Por lo tanto, será un escaparate para países con menos peso en el orden internacional, como los debutantes Cabo Verde, Jordania, Uzbekistán y Curazao. De hecho, este último no es un Estado soberano independiente.

También veremos después de décadas a la selección de Haití, donde el Estado ha colapsado, y a la de República Democrática del Congo, incluyendo en la delegación oficial a un aficionado que en los partidos posa disfrazado como el líder anticolonial Patrice Lumumba.
Además, puede haber tensiones entre Estados Unidos e Irán. La selección iraní ya cambió su base de entrenamiento de Arizona a México, y jugará sus partidos de fase de grupos en territorio estadounidense. Dos de ellos serán en Los Ángeles, donde vive la mayor comunidad de la diáspora iraní. Teherán ya ha exigido garantías en los visados y respeto a sus símbolos, en un contexto no sólo de guerra, sino de represión por el descontento social con el régimen.

De hecho, Estados Unidos e Irán podrían cruzarse en dieciseisavos de final. Ya hay un precedente: la victoria iraní en el Mundial de 1998 en un partido que se preveía de alta tensión pero que resultó aliviando en cierta medida la enemistad entre ambas partes.
La otra gran clave del Mundial será la económica. La FIFA espera cerrar el ciclo 2023-2026 con ingresos récord de 13.000 millones de dólares, incluyendo 8.900 de este año. Sin embargo, el contraste es que el torneo ha sido históricamente un negocio ruinoso para los países anfitriones. Cada vez más ingresos, sí, pero también más pérdidas, y un déficit constante.

Y tú, ¿cómo crees que se cruzarán política y deporte durante este Mundial? Coméntame en respuesta a este correo. Me gustaría leerte.

Para entender cómo el fútbol explica el mundo, escucha Real Politik FC:

En este pódcast junto con la revista Panenka, nuestros compañeros David Gómez y Jon Salvador explican las relaciones entre la política y el deporte rey. Por ejemplo, su uso como herramienta de propaganda, instrumento de influencia o símbolo de resistencia.

Episodios país por país, desde España hasta México, pasando por Estados Unidos o las Coreas, el más reciente sobre la geopolítica del Mundial 2026 y otros que iremos sacando durante el propio torneo.

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