Fuera de la Palestina ocupada, muchos de los apoyos que tiene Tel Aviv provienen de personas que consideran que los israelíes son una especie de dique de contención o protector del cristianismo, en particular ante el islamismo. Así, en los círculos ‘israelibers’, en especial dentro de ciertas ramas del evangelismo, es muy común calificar al Estado sionista como un «protector de los cristianos».
Pero, ¿realmente lo es? La respuesta en corto, puede resumirse en tres palabras: no, no y no. Sin embargo, si afinamos en este tema, hay ciertos matices que explican cómo es posible que, a pesar de una realidad tan rotunda, tantas personas crean justo lo contrario.
Y es que el matiz que hay que tener en cuenta aquí es similar a la diferencia que existe entre llegar a un país como turista y vivir en él. O la que hay entre ser un inmigrante africano en Europa que llega a jugar en la élite del baloncesto local con contrato millonario y un africano nacido allí en un barrio marginal sin casi fuentes de empleo.
Muchas iglesias evangelistas estadounidenses tienen un peso fundamental en el poderoso ‘lobby’ prosiraelí de Washington
Es decir, los turistas religiosos que llegan –especialmente desde EE.UU. y América Latina y el Caribe– en tours organizados por iglesias cristianas de simpatías sionistas con una gorra de «Jerusalem forever» y demás, se van del lugar con una imagen idílica. Obvio, estas visitas son del interés tanto de quienes las organizan como de quienes las reciben: muchas iglesias evangelistas estadounidenses tienen un peso fundamental en el poderoso ‘lobby’ prosiraelí de Washington.
Así, aproximadamente el 25 % del turismo que viaja a territorios controlados por los israelíes se identifican como cristianos en peregrinaje. Otro 25 %, como cristianos a secas. En conjunto, esto supone un inmenso aporte financiero y político para Tel Aviv, tanto así que en la Knesset hasta existe un grupo parlamentario dedicado específicamente a esas relaciones.
Escupitajos, agresiones y otros «actos de terror»
Sin embargo, en Jerusalén (considerada ni más ni menos que como la ‘capital’ israelí por el sionismo y sus partidarios) son cada vez más frecuentes los escupitajos contra sacerdotes cristianos, religiosas de la misma fe y, ocasionalmente, hasta peregrinos cristianos. En mayo de este año, una monja francesa fue apaleada en plena calle en la ‘ciudad santa’. Su agresor resultó ser un colono israelí que fue absuelto penalmente porque determinaron que estaba mal de la cabeza. Colono israelí y mal de la cabeza, valga la redundancia.

VIDEO BRUTAL: Colono israelí ataca violentamente a una monja en Jerusalén
En julio, unas religiosas pertenecientes a la Misión Eclesiástica Rusa en Jerusalén fueron apedreadas por la calle, aunque por fortuna no sufrieron heridas de gravedad.
Además de los insultos, escupitajos y agresiones físicas, se han registrado ataques de otro tipo, como grafitis deseando «muerte a los cristianos» (variación de otro clásico de la dizque ‘unica democracia de Oriente Medio’, el de «muerte a los árabes»), tumbas profanadas, estatuas, vidrieras y otros mobiliarios de corte religioso destrozados, etc.
No son casos aislados. Según una fundación con sede en Jerusalén, solo el año pasado se registraron 155 incidentes de esta clase en la ciudad, a un ritmo de casi un día por medio. En la primera mitad de 2026, ya eran más de 120. En barrios como el cristiano o armenio son cada vez más habituales este tipo de agresiones, casi siempre a manos de grupitos de colonos –muchos de ellos adolescentes– con actitudes pandillescas.
Imagínense cómo será de grave la cosa, que hasta alguien tan poco sospechoso de posturas antisionistas como Mark Huckabee, el embajador estadounidense (que despacha desde Jerusalén y es cristiano, para más señas), calificó como «actos de terror» estas acciones protagonizadas por colonos.
El particular ‘infierno’ de los cristianos palestinos
Pero si todo esto les parece poco, abordemos ahora la realidad de los cristianos palestinos, que suponen aproximadamente tres cuartas partes de los cristianos dentro del territorio colonizado por Tel Aviv. Este segmento de la población, además de sufrir lo que muchos cristianos en general, también sufre lo que la aplastante mayoría de palestinos.
Para los colonos y el autoproclamado ‘ejército más moral del mundo’, no existe ninguna diferencia de trato entre un palestino cristiano y otro musulmán: ambos son vistos y (mal)tratados como palestinos.
En años recientes, las IDF han realizado numerosos ataques contra iglesias cristianas, tanto en Palestina como en Líbano. Aunque un par de veces han pedido disculpas por lo que calificaron como «error», lo cierto es que cometieron ese ‘error’ una y otra vez, antes y después de las ‘disculpas’.
La lista es larga: las iglesias de San Porfirio, de la Sagrada Familia o la Bautista (las tres situadas en Gaza), así como la Iglesia Católica Melquita de San Jorge y el Santuario de Maqam Shamoun Al Safa, en el sur del Líbano. Todas ellas sufrieron daños considerables o fueron completamente destruidas, dejando más de una veintena de víctimas mortales en total. Cristianas, por si había dudas.
No se pueden olvidar tampoco los casos de militares israelíes divirtiéndose a costa de destruir una estatua (invertida) de Jesucristo a martillazos o poniendo a fumar a una figura de la Virgen María. Ni las bandas noruegas de ‘black metal’ de los 90 se atrevieron a tanto.
Discriminación legal
Pero no crean que los rasgos anticristianos del sistema israelí se limitan a las acciones dizque ‘aisladas’ de colonos y soldados de gatillo (o genocidio) fácil, sino que están bien enraizadas en el propio entramado legal sobre el que se asienta ese etnoestado.
Pese a que, según las leyes de Tel Aviv, hay libertad de culto y existen iglesias cristianas (todavía no bombardeadas), escuelas y hospitales adscritos al cristianismo u otras religiones, sus seguidores no dejan de ser ciudadanos de segunda clase. Legalmente de segunda clase. Y es que el sistema israelí establece marcadas jerarquías legales entre judíos y no judíos, israelíes y palestinos (cuya nacionalidad Tel Aviv no reconoce), ciudadanos y residentes, colonos y población ocupada.

VIDEO: Ministro israelí muestra dónde se planea ahorcar a los palestinos condenados por terrorismo
Por ejemplo: un judío nacido en Nueva York, París o Buenos Aires puede inmigrar (de hecho, Tel Aviv le ofrece todo tipo de facilidades para ello), pero un palestino cristiano cuya familia fue expulsada del territorio en 1948 lo tiene directamente prohibido. Un turista cristiano llegado desde Miami o Berlín puede visitar Jerusalén sin mayor protocolo, mientras que un cristiano palestino de la vecina Ramala necesita un permiso especial para visitar el Santo Sepulcro. Cada Semana Santa, las iglesias cristianas denuncian restricciones de acceso, controles policiales exagerados y límites de asistencia a los fieles autóctonos.
No importa cuántas generaciones lleve una familia cristiana palestina viviendo en el lado oriental de Jerusalén, para las leyes israelíes será siempre un «residente permanente» (de residencia fácilmente revocable, además), sin derecho a voto en elecciones de mayor alcance que las municipales.
A los israelíes se les aplican leyes civiles, pero a los palestinos de Cisjordania –sean musulmanes o cristianos– les corresponden tribunales militares y una vida cotidiana llena de solicitudes de permiso para poder moverse y controles de seguridad cada pocos metros.
Así es el panorama del cristianismo dentro de esa colonia europea con aspecto de portaaviones estadounidense que se hace llamar Israel. Y, francamente, la única manera de creerse que son protectores o aliados del cristianismo es ignorar lo que realmente son: la aberración geopolítica más dañina de todo el siglo XX y lo que va del XXI.
El presente texto es una adaptación de un video realizado por el equipo de ‘¡Ahí les va!’, escrito y dirigido por Mirko Casale.
Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.
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*Mirko Casale.Guionista, presentador y director del programa de humor político ‘¡Ahí les va!’, que transmite RT con gran éxito en países de habla hispana desde hace cinco años. Nació en Buenos Aires en 1976, de padre argentino y madre yugoslava. Mirko ha trabajado toda su vida en los medios de comunicación. Su carrera comenzó en Venezuela, donde entre 2006 y 2016 se desempeñó como director creativo del Ministerio de Comunicaciones e Información, y como responsable de nuevos contenidos en el canal estatal ViVe. En esos años creó, dirigió y coordinó numerosos proyectos audiovisuales: videos promocionales, animados y otros, casi todos con un enfoque humorístico y político.
BLOG. AUTOR: Mirko Casale
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País Israel
Fuente https://actualidad.rt.com/
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