No me es posible permanecer por más tiempo en un silencio. El devastador terremoto ocurrido en Colombia, el 10 de agosto 2026, tres días después, de la impactante imagen militar-religiosa y politica de la posesión presidencial del ciudadano estadounidense Mr “Ábel” de la Espriella, en la base contrainsurgente de la ciudad de Cali, prometiendo el milagro de una patria milagrosa, al parecer no solo se limita a los daños físicos ocasionados en viviendas, infraestructura, el PIB, etc, valorados al 31 de agosto/26 en la bicoca de 13.200 millones de US dólares (algo así como 43 Billones de pesos colombianos). O a los daños humanos y morales de 331 fallecidos + 152 desaparecidos + 4. 500 heridos o lesionados + 500 mil personas damnificadas, así como la destrucción casi que irrecuperable de poblados, ciudades intermedias y ciudades capitales, en gran parte del occidente colombiano epicentro del movimiento telúrico. Sino que tienen una grande y honda repercusión en el tan sufrido pueblo colombiano, condenado a más de 100 años de soledad por los padres democráticos del bipartidismo hegemónico y belicista liberal-conservador, desde los monumentos pétreos de ese asfaltado páramo a 2.600 metros de altitud de la llamada “Atenas suramericana”.
Las cifras anteriores de la desventura, que ya la gran prensa económica del régimen ha visto como la “gran oportunidad de negocios para la recuperación” y según estimaciones cortas puede ascender a 9.500 millones de US dólares (unos 30 Billones de pesos col), y para lo cual, el presidente Mr Ábel, con el fin de garantizar su promesa de hacer de Colombia una patria milagro de creyentes sin ateos izquierdistas, ha dispuesto y asignando los siguientes fondos económicos estatales conocidos:
Fondo de atención inmediata con cerca de 1,300 millones US dólares (4 Billones de
Créditos multilaterales o internacionales por 200 millones de US dólares.
Subsidios directos de 273 US dólares / mensuales (875, 452 pesos col)
Subsidios individuales de vivienda rural de 21 millones de US dólares, entre los más destacados.
“Otra danza de millones” pero en el siglo XXI que, según los cálculos conservadores, sin duda alguna “agravará” el déficit del 7% dejado por el gobierno anterior de Petro y podría alcanzar hasta un 9%.
Todas estas cifras me producen mareo y supongo, una cefalea intensa crónica al ministro de economía nieto de Laureano Gómez, doctor Miguel Gómez; quien de hecho, está en flagrante contradicción con su abuelo, crítico acerbo de aquella otra histórica “danza de millones”, de hace un siglo, del gobierno de su rival conservador Pedro Nel Ospina (1922-1926), que fuera provocada por el pago por parte de los EEUU de 25 millones de US dólares de aquella época, como indemnización por el desmembramiento de la provincia de Panamá, y según todos los historiadores colombianos, provocó en aquella sociedad colombiana arruinada por el “otro” terremoto social de la guerra bipartidista de los mil días, una eufórica y milagrosas sensación de riqueza, que al poco tiempo resultó insostenible en aquella miserable sociedad agraria y preindustrial dependiente, dedicada a beber chicha de maíz fermentada.
Sin embargo, hay que aclararlo: el fúrico y atronador Laureano, criticaba frontalmente a su copartidario conservador Pedro Nel Ospina, porque su nacional catolicismo radical lo oponía a la entrega absoluta y sometimiento de Colombia al gobierno de los EEUU y como buen católico, despreciaba la corrupción generalizada (parecida a la actual que campea en toda Colombia) estimulada desde las alturas del poder por el gobierno de Ospina. Nada nuevo en Colombia, pues.
Y aunque legislar de forma autoritaria por decreto en Colombia, basándose en la declaratoria de los “estados de excepción” es una vieja tradición politica en la Atenas suramericana; tal vez lo “relativamente” nuevo sea la diferencia de la onda expansiva de terremoto actual en la sociedad profunda colombiana, hoy fuertemente integrada al Sistema Mundo de la economía global, actualmente atravesado por una beligerante crisis de onda larga de una transición mundial y de reparto territorial del mundo periférico entre tres grandes potencias capitalistas atómicas con pavorosos complejos militar-tecnológico-financieros con sus respectivos aliados y Estados cipayos: EEUU, China, y Rusia.
A propósito de danzas millonarias de dólares, se nos ocurre la pregunta paralela del millón de dólares ¿Cual capitalismo de estas tres potencias se impondrá?
Lo cierto para Colombia, es que según agencia internacionales hay:
Una terrible crisis humanitaria aguda que afecta de primer golpe a 1´200.000 víctimas.
Hay más de 150,000 viviendas destruidas o averiadas en 16 departamentos especialmente en el occidente de Colombia, zona cafetera, donde los daños se calculan en cerca de 8 mil millones de dólares, a lo que se debe agregar la pérdida de 275 millones de dólaresen la actividad económica diaria cafetera. Hay cerca de 10 mil fincas cafeteras dañadas, afectando a más de 8 mil familias campesinas, amenazando seriamente la producción del grano para la exportación.
Han quedado 75 mil niños y niñas llamados “niñez” por la pastora ministra de salud sin escuela básica, pues se han destruido cerca de 300 escuelitas y cerca de 3.000 centros educativos. A lo cual se le suman los efectos ecológicos y meteorológicos adversos, lluvias y derrumbes, sequía e incendios, fenómeno del niño, destrucción de acueductos veredales y enfermedades hídricas pues se han dañado cerca de 285 centros de salud.
Y, sobre todo, el “enrarecimiento” del ambiente social: Desinformación, manipulación informativa tóxica, teorías conspirativas, agravadas por la compulsión de dar complimiento de la promesa electoral de Mr “Ábel” de la Espriella, de destripar a la izquierda, acabar la ya fracasada paz total del progresismo contrainsurgente de Oti y demás socios de Petro y la compra de bombarderos supersónicos suecos para darle una buena coima en el negocio a su ex esposa bailarina. No resolver el conflicto social, comunitario y territorial, sino retornar a politica de entregar la justicia colombiana a la justicia estadounidense, al ecocidio de la guerra química y a la estrategia militar mil veces fracasada del garrote, de los bombardeos masivos sobre regiones rojas o de conflicto histórico, aprovechando los graves errores del pasado gobierno de Petro, culpándolo de todo lo malo que acontece en el país y no reconocer que, la sociedad colombiana ha cambiado, desarrollado y madurando y ante tanta adversidad, se encuentra en un trance de “catarsis” colectiva (como denominaba Gramsci la súbita toma de “conciencia social“ de un amplio sector de las clases dominadas y explotadas, hacia una verdadera hegemonía que busca ser Estado).
La vieja y tradicional o secular “polarización belicosa” o mejor, rivalidad horizontal entre las dos fracciones de la Oligarquía contrainsurgente, entre liberales y conservadores por repartirse el erario público, claramente ha sido reemplazada por un enfrentamiento vertical entre un Bloque de Poder Contrainsurgente Dominante, el cual fue fortalecido y engrosado durante el gobierno de Petro, quien pretendió con su camaleónica y trastornada personalidad engatusar a la Movilización Social, Comunitaria y Territorial sin conseguirlo del todo, pues ésta, al finalizar el llamado gobierno progresista, se apresta a superar la corrupción politica de la cúpula progresista, reorganizarse con nuevos liderazgos y organizaciones amplias para sacar a la sociedad colombiana de los escombros y las fantasías religiosas, pastoriles y contrainsurgentes, de milagros que no ocurrirán nunca.
Echando por tierra aquel relato del péndulo gubernativo entre fracasos de la nueva derecha neo fascista en expansión continental, seguido o reemplazado por un progresismo “pink” reformista, pues lo que queda claro es que uno y otro fracasan y lo seguirán haciendo, no por un péndulo perpetuo entre uno y otro, sino debido a la lucha de clases que mueve las sociedades con clases antagónicas y obviamente, a la Historia (con mayúscula).
Fuente imagen Internet: Posesión religiosa del presidente de Colombia
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*Alberto Pinzón Sánchez. es un médico cirujano y antropólogo colombiano, reconocido como uno de los analistas más profundos del conflicto social y armado en su país. Su trayectoria combina el rigor científico con un activismo intelectual incansable por la paz, lo que lo llevó a integrar la histórica Comisión de Personalidades (Notables) durante los diálogos del Caguán (1998-2002), donde aportó propuestas clave para la humanización del conflicto. Debido a su pensamiento crítico y su defensa de los derechos humanos, se vio obligado al exilio en Europa, desde donde continúa su labor como ensayista y columnista. Sus escritos destacan por un enfoque interdisciplinario que disecciona la geopolítica regional, las estructuras del poder estatal y la necesidad de una solución política negociada. Es una voz de referencia para entender la historia contemporánea de Colombia, siempre abogando por transformaciones estructurales que garanticen la justicia social y el fortalecimiento del Estado social de derecho.
BLOG DEL AUTOR: Alberto Pinzón Sánchez
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