Bettina Engels*
Traducción: Pedro Perucca
El líder militar de Burkina Faso, Ibrahim Traoré, se ha presentado como el heredero político de Thomas Sankara. Sin embargo, el balance concreto de su gestión desde que tomó el poder en 2022 es mucho menos ambicioso que la agenda presidencial de Sankara en la década de 1980.
Ibrahim Traoré, presidente de Burkina Faso desde octubre de 2022, polariza opiniones, no solo en su país sino también en la izquierda panafricana e internacionalista. Algunos lo celebran como la esperanza de un nuevo panafricanismo, del fin largamente esperado del imperialismo francés en África Occidental y de la soberanía (también sobre los recursos naturales). Otros señalan los rasgos autoritarios del régimen y la represión contra sindicalistas, activistas de la sociedad civil y periodistas.
El alcance de los proyectos políticos de Traoré y el ritmo al que se están implementando son significativos. Esto genera entusiasmo, en particular entre las generaciones jóvenes, que rechazan con vehemencia la dominación neocolonial francesa y están profundamente frustradas por un sistema político gerontocrático incapaz —o reacio— a llevar adelante reformas. Sin embargo, sigue en pie la pregunta de si un gobierno militar puede ser la alternativa, y si el fin justifica los medios.
Golpes para combatir el terrorismo
Ibrahim Traoré y su «Movimiento Patriótico para la Salvaguarda y la Restauración» (MPSR 2) tomaron el poder mediante un golpe de Estado el 30 de septiembre de 2022. Traoré derrocó al gobierno militar anterior del teniente coronel Paul-Henri Sandaogo Damiba, que a su vez había llegado al poder en enero de 2022 también mediante un golpe. La junta de Damiba se autodenominaba MPSR.
Ni Damiba ni Traoré llegaron al poder con una agenda político-ideológica elaborada. Ambos justificaron sus golpes señalando el fracaso del gobierno anterior para hacer frente a la crisis de seguridad. Los ataques de grupos yihadistas habían aumentado masivamente desde fines de la década de 2010, con varios miles de muertos anuales, el cierre de escuelas e instalaciones médicas y el desplazamiento interno de más de dos millones de personas.
Dado que su agenda principal y única era la «lucha contra el terror», a fines de 2022 nadie habría predicho que Traoré implementaría reformas políticas —algunas de ellas de gran alcance— en el espacio de apenas tres años. Ya en enero de 2023 le exigió a Francia la retirada de sus tropas remanentes, compuestas por cuatrocientos soldados de fuerzas especiales que supuestamente combatían a los grupos yihadistas.
La retirada de las tropas francesas fue bien recibida por gran parte de la población de la región, y de Burkina Faso en particular. Las organizaciones radicales de movimientos sociales llevan muchos años movilizándose contra la dominación neocolonial francesa. Sin embargo, a fines de la década de 2010 esa movilización se extendió ampliamente más allá de los círculos de activistas radicales.
Esta ampliación estuvo relacionada con el rápido deterioro de la situación de seguridad y la percepción de que las fuerzas especiales francesas, altamente equipadas, claramente no podían —o no querían— hacer retroceder a los grupos yihadistas. «No es por nuestros hermosos ojos que Francia está aquí», señaló un activista en diciembre de 2020. Traoré retomó el sentimiento antifrancés, que había crecido desde 2019, y lo utilizó para generar apoyo para su gobierno.
Un nuevo bloque geopolítico
Junto con el rápido cambio en las relaciones con Francia desde 2022, también se produjo un giro en los vínculos con los países vecinos Benín y Costa de Marfil, así como con la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental (CEDEAO). La CEDEAO suspendió a Mali, Burkina Faso y Níger como miembros tras los respectivos golpes militares en esos países.
Tras el golpe en Níger en julio de 2023, la CEDEAO y Francia presionaron a la junta nigerina para que restituyera al presidente anterior, Mohamed Bazoum. Benín, Costa de Marfil y Senegal manifestaron su disposición a enviar tropas a Níger. Para los gobiernos militares de Mali y Burkina Faso era evidente que debían temer una intervención similar.
Declararon su solidaridad con Níger y su intención de apoyarlo militarmente si resultaba necesario. En un movimiento que no sorprendió a nadie, Burkina Faso, Mali y Níger anunciaron su retiro de la CEDEAO en enero de 2024. El fin de su condición de miembros quedó formalmente confirmado un año después.
La adopción de la Carta de Liptako-Gourma por los tres países en septiembre de 2023 sentó las bases para el establecimiento de la Confederación de Estados del Sahel (AES, por sus siglas en francés) en julio de 2024. Fue principalmente una respuesta a la presión externa, creada como un pacto de defensa mutua tras la crisis de julio-agosto de 2023, aunque continuó desarrollándose más allá de ese punto de origen. En 2025 se crearon un canal de televisión conjunto (AES TV) y un banco de inversión y desarrollo.
La política de defensa y seguridad sigue siendo el eje central de la alianza. En diciembre de 2025 se lanzó la Fuerza Unificada de la AES, compuesta por cinco mil efectivos. La AES no representa tanto un nuevo movimiento panafricano como un nuevo bloque geopolítico que refleja los recientes cambios geopolíticos regionales y globales. «Como un matrimonio de conveniencia», en palabras del director de AES TV, Salif Sanogo.
¿Más soberanía económica, menos libertades civiles?
El gobierno de Traoré también implementó una serie de reformas en materia de política doméstica y económica. En julio de 2024 se aprobó una nueva ley minera que promueve el procesamiento local de minerales y la formalización de la minería artesanal, y otorga al Estado el derecho a adquirir participaciones en proyectos mineros. La participación estatal obligatoria en una mina aumentó del 10 al 15%.
En agosto de 2024, el gobierno adquirió dos minas de oro —de las doce existentes en el país, todas operadas por empresas mineras multinacionales— por 90 millones de dólares y las transfirió a la estatal Société de Participation Minière du Burkina (SOPAMIB).
Entre los proyectos más destacados orientados a dinamizar la economía local se encuentran dos plantas procesadoras de tomate, financiadas en gran parte por el Estado e inauguradas por Traoré en septiembre y diciembre de 2024. El fortalecimiento de la creación de valor en el país y el aumento de la participación estatal en el sector minero fueron durante mucho tiempo demandas de los movimientos sociales y los grupos radicales de la sociedad civil. Paradójicamente, esas demandas están siendo atendidas ahora por un gobierno que también demostró ser represivo hacia esos mismos movimientos y activistas.
De hecho, el gobierno militar pudo implementar sus proyectos en parte porque en la práctica no existe espacio institucional para la oposición, y el margen para la crítica por parte de los medios de comunicación, los movimientos sociales y la sociedad civil organizada está significativamente restringido. El gobierno civil de Roch Marc Christian Kaboré, derrocado por el golpe de Damiba en enero de 2020, ya había limitado las libertades de reunión, expresión y prensa durante el primer mandato presidencial de Kaboré (2015-2019), invocando la amenaza terrorista.
Las actividades de los partidos políticos fueron suspendidas desde octubre de 2022. En febrero de 2026, los partidos y agrupaciones políticas fueron formalmente disueltos. La Asociación de Periodistas Burkineses también fue disuelta en marzo de 2025, y su presidente y vicepresidente, junto con varios otros periodistas, fueron detenidos por la fuerza. Algunos de los periodistas detenidos aparecieron posteriormente en un video vistiendo uniformes militares, tras haber sido reclutados para combatir el terrorismo.
El control sobre los medios de comunicación es férreo. La emisora independiente más importante del país, Radio Oméga, fue suspendida entre agosto y septiembre de 2023 cuando transmitió una entrevista con un representante de una organización de la sociedad civil sobre el golpe en Níger. Fue suspendida nuevamente por tres meses en agosto de 2025 tras referirse al gobierno como «junta», término que las autoridades consideraron «inapropiado», así como «perjudicial y ofensivo».
Las redes sociales desempeñan un papel especialmente relevante —y problemático—. Mientras las posibilidades de cobertura mediática son limitadas, las plataformas digitales se utilizan intensamente para generar apoyo hacia Traoré y su gobierno. En este terreno, Traoré se convirtió en una figura de gran popularidad en muy poco tiempo.
Una parte significativa de las imágenes y videos que circulan en redes sociales son generados por inteligencia artificial: elogios a Traoré en boca de Beyoncé, Justin Bieber y Rihanna, por ejemplo, o un mensaje del Papa. Es prácticamente imposible rastrear cómo se produjeron esos videos.
El fervor en las redes sociales se combinó con la ausencia de fuentes alternativas de información y el fuerte deseo, especialmente entre las generaciones más jóvenes, de cambios sustanciales en las estructuras políticas y económicas, en concreto, el fin de la explotación y la dominación neocolonial e imperialista. Todo ello llevó a que Ibrahim Traoré fuera estilizado como un revolucionario panafricano.
Sankara y Traoré
Las referencias a Thomas Sankara, con quien Traoré ha sido comparado con frecuencia, forman parte de esta imagen. Sankara, que ejerció la presidencia de 1983 a 1987, fue también un joven y ambicioso oficial militar que llegó al poder mediante un golpe. Es un ícono del panafricanismo, conocido como «el Che africano».
En términos de contenido político-ideológico, la comparación entre ambos hombres solo es válida en una medida limitada. Pero tiene un impacto real en el discurso público, y el propio Traoré sabe cómo utilizar las alusiones a Sankara como fuente de legitimidad.
Su gobierno declaró feriado nacional por primera vez en 2023 el aniversario del asesinato de Sankara, el 15 de octubre. Le otorgó el título de «héroe de la nación» y rebautizó una de las principales avenidas de Uagadugú, el Boulevard Charles de Gaulle, como Boulevard Thomas Sankara.
De hecho, Sankara ya había sido rehabilitado y designado héroe nacional en el año 2000 bajo el gobierno de Blaise Compaoré, el hombre que lo derrocó. Traoré inauguró el Memorial Thomas Sankara en Uagadugú en 2025, aunque la planificación del memorial y el encargo otorgado al destacado arquitecto burkinés-alemán Francis Kéré se remontan a 2017, durante el primer mandato del gobierno de Roch.
Polarización
Las condiciones para los movimientos y activistas cambiaron significativamente en los últimos años. Las organizaciones de derechos humanos, los grupos juveniles y los sindicatos que habían estado activos en el país durante décadas ya venían lidiando con la crisis de seguridad desde fines de la década de 2010, lo que dificultaba las actividades a gran escala en todo el país.
Las restricciones a los derechos civiles bajo el estado de emergencia limitaron aún más su margen de acción. En el marco de la política de «movilización general» de 2023, el gobierno de transición se otorgó facultades para requisar personas y bienes destinados a la «lucha contra el terror». El decreto para reclutar periodistas y representantes de organizaciones de la sociedad civil y sindicatos se aplicó en operaciones antiterroristas en todo el país.
Mientras las organizaciones que movilizaron la insurrección popular de 2014 fueron relegadas a un segundo plano, en los últimos años surgieron nuevos grupos y activistas en redes sociales. Estos se preocupan menos por sus propias agendas políticas e ideológicas que por apoyar al gobierno actual.
Los más visibles son los «Wayiyan», grupos de hombres jóvenes en su mayoría que se reúnen en rotondas y otros lugares céntricos de las ciudades para observar el «normal desarrollo de la transición». Según Rahmane Idrissa, para garantizar que la transición pueda «desarrollarse con normalidad», amenazaron con atacar a quienes organizaran actos para conmemorar el aniversario de la insurrección de 2014. Resulta difícil comprender por qué una revolución popular progresista, tal como la proclamó el presidente burkinés el 2 de abril de 2025, necesitaría restringir la acción de movimientos y medios que llevan tiempo impulsando políticas como la soberanía sobre los recursos naturales.
Traoré cultiva su imagen de revolucionario, como lo hizo Sankara en su momento, y la asociación con Sankara desempeña un papel importante en esa imagen. Quienes analizan la política de Sankara suelen referirse a su filosofía como una forma de socialismo pragmático. La visión de Traoré es más pragmática que socialista.
Este enfoque puede resultar estratégicamente astuto, ya que apela no solo a las generaciones más jóvenes sino también a poderosas élites religiosas y tradicionales. La experiencia de Sankara mostró cuán difícil es superar a esas élites. Él lo intentó de todas formas.
Es importante señalar que las condiciones en las que operaron Traoré y Sankara son bastante diferentes. En particular, Sankara no enfrentó la amenaza de los grupos terroristas que hoy es un factor central en Burkina Faso. Sin embargo, el principal problema con la comparación entre ambos hombres es que el vínculo con Sankara se utiliza como fuente de legitimidad para Traoré, dando lugar a un culto a la personalidad que obstaculiza el debate crítico sobre estrategias y visiones políticas en lugar de promoverlo.
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*Bettina Engels es una politóloga, profesora e investigadora alemana, reconocida en el ámbito internacional por sus aportes a la economía política, la ecología crítica y los estudios sobre el continente africano. Obtuvo su doctorado en la Universidad Libre de Berlín (Freie Universität Berlin) con una tesis enfocada en los actores armados no estatales en Costa de Marfil.Cuenta con una amplia experiencia de investigación de campo en países como Burkina Faso. Ha estudiado en profundidad las movilizaciones obreras, las resistencias del campesinado y los recientes contextos de inestabilidad geopolítica y golpes de Estado en la región del Sahel.

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