Por Fernando Alexis Jiménez*

El presidente electo, Abelardo de la Espriella insiste en posesionarse en una guarnición militar, en el Cauca, para enviarle un mensaje guerrerista a los colombianos.

Las democracias no solo se sostienen en las leyes. También descansan sobre los símbolos que representan la supremacía del poder civil sobre cualquier otra institución del Estado.

Por eso resulta profundamente preocupante que la posesión presidencial pretenda trasladarse desde el Congreso de la República hacia una guarnición militar.

Más allá de las explicaciones logísticas o de seguridad, la decisión envía un mensaje político que no puede pasar inadvertido: el centro de gravedad del poder deja de ser la representación popular para ubicarse en el escenario de las armas.

El Congreso, con todas sus imperfecciones, es la máxima expresión de la soberanía ciudadana. Es allí donde convergen las distintas corrientes políticas y donde se tramitan los debates que dan forma a la democracia colombiana.

Restarle protagonismo a ese escenario para privilegiar un recinto militar significa alterar un símbolo republicano construido durante décadas.

Como lo ha advertido el constitucionalista Rodrigo Uprimny, una posesión presidencial en una guarnición militar proyecta una imagen incompatible con la tradición civilista del Estado colombiano y puede interpretarse como una señal de subordinación de la política al lenguaje de la fuerza.

Desde el movimiento sindical observamos con preocupación cualquier gesto que fortalezca una narrativa de militarización de la vida pública.

Los trabajadores y las organizaciones sociales conocen de primera mano las consecuencias que, en distintos momentos de la historia nacional, tuvieron las doctrinas de seguridad entendidas desde la confrontación y no desde el diálogo democrático.

Colombia necesita instituciones fuertes, respeto por la Constitución y garantías para el ejercicio de la oposición, la protesta social y la negociación colectiva; no símbolos que alimenten la polarización ni que evoquen épocas en las que la «mano dura» terminó restringiendo espacios de participación ciudadana.

Quien asume la Presidencia de la República debe hacerlo ante la Nación representada en sus instituciones civiles, no bajo el predominio de un escenario castrense. Gobernar exige autoridad, pero esa autoridad emana del voto ciudadano y del orden constitucional, no de la simbología militar.

Defender el carácter civil del Estado no es un asunto ideológico; es una condición indispensable para preservar la democracia, proteger las libertades públicas y reafirmar que en Colombia el poder pertenece al pueblo y no a las armas.

Fernando Alexis Jiménez – @CrónicasdeMacondo

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*Fenando Alexis Jiménez. Escritor, periodista y podcaster, publica la columna “Crónicas de Macondo” en medios impresos y digitales. Misión Edificando Familias Solidas. familiassolidas.com. conexion365.org. contacto@conexion.org. @CrónicasdeMacondo

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