Por Jair de Souza*

Con la llegada del presidente argentino Javier Milei a Brasil para involucrarse desvergonzadamente en la campaña electoral de su aliado local de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, estalló una crisis de enormes proporciones en las relaciones diplomáticas entre nuestro país y los vecinos del Río de la Plata.

Esto se debe a que, en una inimaginable exhibición de grosería e insolencia, el intempestivo jefe de Estado de Argentina se puso a insultar al Presidente de la nación a la que estaba visitando, así como a las autoridades de nuestro Poder Judicial, con una andanada de improperios disparados en un lenguaje vulgar y sórdido.

Por ello, las reacciones en nuestro ámbito político han sido de la más profunda indignación. Las explicaciones para la creación y evolución de un episodio de tan horribles características tienden a referirse al comportamiento de Milei como un ingrediente más de una trama nazifascista a escala internacional, algo con extensiones que exceden con creces los límites de nuestro territorio.

Como consecuencia, se ha intensificado la costumbre de atribuirles tanto al insolente visitante como a sus aliados del clan Bolsonaro el estatus de políticos nazifascistas muy parecidos a los próceres de esta corriente del extremismo derechista que surgió en Italia y en Alemania en la primera mitad del siglo pasado, aunque con las debidas ponderaciones por razones geográficas y de tiempo.

Pero, ¿sería eso de veras así? ¿Podemos clasificar a tipos como el actual presidente argentino, a Jair Bolsonaro, o a cualquier miembro de su familicia*, como esencialmente equivalentes a Mussolini o Hitler?

Bueno, si nos limitáramos a tener en cuenta tan solo su mala conducta, perversidad e insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, no tendríamos muchos motivos para no catalogar a las figuras mencionadas como típicos representantes del neonazismo. Es innegable que todas ellas encarnan la podredumbre humana en un nivel de intensidad plenamente equiparable al ostentado por sus mentores italiano y germánico.

Sin embargo, al proceder así, estaríamos relegando a un segundo plano otro elemento de muchísima relevancia, que era parte intrínseca e indispensable tanto del fascismo mussoliniano como del nazismo hitleriano: su aspiración de grandeza nacional.

Por lo tanto, en cuanto al papel que deben desempeñar nuestras naciones, ni los líderes del bolsonarismo, ni Milei y sus seguidores, no proponen nada que apunte a una búsqueda de soberanía y dignidad. Lo que realmente los caracteriza a todos estos seres patéticos es su abyecto grado de subordinación y entreguismo ante los intereses de la gran potencia imperialista del momento, es decir, los Estados Unidos.

Sin lugar a dudas, todos los bolsonaristas y sus similares argentinos, de la estirpe de Milei, son piezas importantes en el engranaje de la máquina que promueve y controla las riendas del nazifascismo actual. No obstante, no van más allá de su condición de coadyuvantes, de seres despreciables, dispuestos a traicionar a su propia patria para ganarse alguna recompensa de quienes de verdad comandan.

En cuanto a los últimos, no debemos dudar en reconocer que el centro difusor de esta monstruosa ideología del gran capital se encuentra en los Estados Unidos. Y es allí donde se halla el máximo exponente político de este movimiento, aquel que efectivamente asume y ejerce un protagonismo de nefastas consecuencias para la humanidad, similar al que en su momento desempeñó en Europa cierto hombre con bigotito.

Entender esto es de suma importancia, para que no alimentemos la ilusión de que nos bastaría con derrotar a los lacayos del bolsonarismo-mileísmo para eliminar los riesgos de la amenaza que se cierne sobre nosotros y el resto del mundo.

Aunque el bolsonarismo y la gente como Milei compongan las fuerzas indispensables para que los verdaderos comandantes nazifascistas del centro imperialista puedan consumar su plan de dominación, no pasan de meros instrumentos desechables, que podrán ser arrojados a la basura y reemplazados por otros si dejan de ser útiles.

Por eso, combatir a la escoria del bolsonarismo-mileísmo es de fundamental importancia, pero sin olvidar nunca que el núcleo del poder que pretende mantenernos subyugados no reside en esos seres repugnantes.

*Expresión derivada de la junción de los conceptos presentes en las palabras “familia” y “milicia”.

Publicado originalmente en portugués en:

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*Jair de Souza es un respetado economista y analista político brasileño, graduado en Economía y Magíster en Lingüística por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Su formación interdisciplinaria le permite analizar la realidad social no solo desde las cifras, sino también desde el discurso y la construcción de sentidos en la política. Con una larga trayectoria de compromiso militante, es conocido por su defensa de la soberanía popular y su crítica frontal a las políticas neoliberales que han marcado la historia reciente de Brasil y América Latina.-Como analista, es un colaborador frecuente en medios de comunicación alternativos y redes de pensamiento crítico, donde desentraña las estrategias de manipulación mediática y el papel de las élites financieras en la desestabilización de procesos democráticos. Su visión integra la economía política con un análisis profundo de la comunicación, denunciando cómo se utilizan los mecanismos lingüísticos para justificar el despojo social. Es una voz clave para entender las tensiones del Brasil contemporáneo, el resurgimiento de las corrientes progresistas y los desafíos del movimiento popular frente a la extrema derecha.

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