Por Renán Vega Cantor* | 02/07/2026 | Colombia

“No hemos olvidado que la ley nunca fue la misma para el blanco y para el negro, que era indulgente para unos, y cruel e inhumana para los otros”. Patrice Lumumba, junio 30 de 1960. “Cuenta Rober Graves que un pueblo del Oriente Medio tenía como divinidad al asno. Cuando fue sometido por otro, el […]

“No hemos olvidado que la ley nunca fue la misma para el blanco y para el negro, que era indulgente para unos, y cruel e inhumana para los otros”. Patrice Lumumba, junio 30 de 1960.

“Cuenta Rober Graves que un pueblo del Oriente Medio tenía como divinidad al asno. Cuando fue sometido por otro, el vencedor ridiculizó al animal, lo volvió bruto, burro”. Beatriz Arana et al, Cartografía verbal del odio en Colombia. Un manual para desarmar las palabras, FCE-UNC, Bogotá, 2024, p. 22

En el Mundial de la ignominia y la vergüenza que se realiza en estos momentos en Norteamérica emergen, de vez en cuando, gestos de dignidad en medio de un abrumador océano de postración, mercantilismo abyecto e indignidad generalizada. Uno de esos gestos lo ha protagonizada un congoleño, de nombre Michel Nkuka Mboladinga, quien desde hace algún tiempo acompaña a la selección de la República Democrática del Congo (RDC) donde quiera que juegue. Pero a diferencia de los hinchas del fútbol, generalmente ruidosos y agresivos, Mboladinga escenifica en las tribunas en las que se encuentra una representación artística y política de un denso contenido histórico y anticolonial. Él se viste con elegantes trajes de colores, que replican los de la bandera del Congo. Cuando llega se sienta tranquilamente en un lugar de la tribuna y apenas empieza el partido él acondiciona una especie de atril donde se levanta y permanece en modo estatua durante todo el desarrollo del encuentro futbolístico. No hace gestos estridentes, no grita, ni se mueve, ni manotea cuando se presenta un gol o una buena jugada de su equipo o del equipo contrario.  Es una estatua viviente, que se mantiene rígida y prácticamente inmóvil durante el tiempo que dura un partido. Hasta ahí no habría nada llamativo ni interesante, a primera vista, pero justo allí se encuentra el profundo contenido que quiere dar a conocer sobre el personaje que representa, porque a él mismo se le conoce como Lumumba Vea (Lumumba Vive).

Patrice Lumumba, luchador anticolonial asesinado por el Occidente imperialista

Mbolandiga encarna al luchador anticolonial africano Patrice Emery Lumumba (1925-1961), quien comandó la lucha de liberación nacional contra Bélgica y fue designado Primer Ministro del recién independizado país. En la lucha exitosa que condujo contra el brutal dominio colonial, ejercido por un país europeo, fue un líder popular y auténtico que encarnaba los sueños de un Congo, y toda Africa, independiente y soberano. Su pensamiento anticolonial se expresa en el célebre discurso cuando se proclamó la independencia del Congo, el 30 de junio de 1960. Allí recordó lo que significó la lucha de liberación nacional:

“Ningún congolés olvidará que la independencia se ganó en lucha, una lucha perseverante e inspirada que ocurrió en el día a día, una lucha, en la que no nos intimidamos por la privación o el sufrimiento y no escatimamos fuerza o sangre. Estuvo llena de lágrimas, fuego y sangre. Estamos profundamente orgullosos de nuestra lucha, porque era justa y noble e indispensable para poner fin a la humillante esclavitud que nos fue impuesta. Esa fue nuestra suerte durante los ochenta años de dominio colonial y nuestras heridas están muy frescas y son demasiado dolorosas para ser olvidadas”.

Luego procedió a señalar de manera concreta lo que significó el dominio colonial para el pueblo del Congo, extensivo a todo el continente africano. Y lo hizo sin eufemismos lingüísticos ni acomodos diplomáticas y en presencia de las autoridades belgas que abandonaban el país, que lo hacían no porque lo hubieran querido de forma voluntaria sino obligados por la capacidad de lucha e independencia de los congoleses. Pronunció unas palabras que hoy deben resonar en el mundo entero porque tienen una impresionante actualidad, en momentos en que cobran fuerza las prácticas neocolonialistas de Estados Unidos y Europa:

“Hemos experimentado trabajo forzoso a cambio de una paga que no nos permitía satisfacer nuestra hambre, vestirnos, tener alojamiento decente o criar a nuestros hijos como seres amados.

«Mañana, tarde y noche éramos sometidos a burlas, insultos y golpes porque éramos «Negros». ¿Quién podrá olvidar que el negro era tratado como «tú», no porque fuera un amigo, sino porque el respetuoso «usted» estaba reservado para el hombre blanco? Hemos visto nuestras tierras confiscadas en nombre de leyes aparentemente justas, que daban reconocimiento sólo al derecho de la fuerza. No hemos olvidado que la ley nunca fue la misma para el blanco y para el negro, que era indulgente para unos, y cruel e inhumana para los otros. Hemos experimentado sufrimientos atroces, hemos sido perseguidos por convicciones políticas y creencias religiosas, y exiliados de nuestra tierra natal: nuestra suerte fue peor que la muerte misma. No hemos olvidado que en las ciudades las mansiones eran para los blancos y las chozas en ruinas para los negros; que un negro no era admitido en los cines, restaurantes y tiendas reservadas para los «europeos»; que un negro viajaba en el compartimento, bajo los pies de los blancos en sus cabinas de lujo.

«¿Quién podrá olvidar los tiroteos que mataron a tantos de nuestros hermanos, o las celdas en las que eran arrojados sin piedad aquéllos que no estaban dispuestos a someterse por más tiempo al régimen de injusticia, opresión y explotación usado por los colonialistas como herramienta de su dominación?

«Todo eso, hermanos míos, nos trajo un sufrimiento indecible. Pero nosotros, que fuimos elegidos por los votos de sus representantes, representantes del pueblo, para guiar a nuestra tierra natal, nosotros, que hemos sufrido en cuerpo y alma la opresión colonial, nosotros les decimos que de ahora en adelante todo eso está terminado.

«La República del Congo ha sido proclamada y el futuro de nuestro amado país está ahora en las manos de su propio pueblo[1]. «

Estas son unas palabras históricas, porque nunca, hasta ese momento, en la historia de África un negro se había atrevido a hablarle así a los colonizadores europeos, de frente y en su propia cara, dejando de lado todas las sandeces eurocéntricas sobre la pretendida civilización que las potencias europeas le trajeron a Africa, sandeces que fueron ratificadas por el rey Beduino en el discurso en que aceptaba la independencia del Congo diciendo que Bélgica, a través del Rey Leopoldo II, no se “había presentado como un conquistador sino como un civilizador (sic)”[2].

Lumumba duró en su cargo de Primer Ministro unos pocos meses, luego de que el Movimiento de Liberación Congolés (MLC) hubieran ganado las elecciones del 23 de mayo de 1960, poco antes de la proclamación de la independencia. Y no duró mucho tiempo, porque su proyecto anticolonial y antiimperialista fue considerado un peligro por los voceros del “Mundo libre”, es decir, el Occidente colectivo y sus lógicas imperialistas. Para librarse de un personaje tan incomodo, de gran carisma y de ideales revolucionarios, los Estados Unidos, a través de la CIA, junto con la monarquía belga y la complicidad de la ONU sirviéndose de testaferros locales planearon el asesinato de Lumumba y lo llevaron a cabo el 17 de enero de 1961. Detrás de su asesinato estaba el interés de eliminar a un personaje que era un obstáculo para el apetitito imperialista de apropiarse de las inmensas riquezas que se encuentran en el suelo del Congo. Por eso, el Director de la CIA, Allen Dulles, decía el 26 de agosto de 1960 en un telegrama secreto dirigido a sus matones de Leopolville (como se denominaba la Capital del Congo en ese momento): “Hemos decidido que su eliminación es nuestro objetivo más importante y que, en las circunstancias actuales, merece alta prioridad en nuestra acción secreta”.

Claro, porque para Estados Unidos no podía ser tolerado un dirigente que llamaba a la unidad africana para combatir al imperialismo, cuando señalaba en 1960: “Todo el mundo ha comprendido que, si el Congo muere, toda África se cae en la noche de la derrota y la servidumbre. Una vez más, esto es una prueba viviente de la unidad africana. Esta es la prueba concreta de que sin esta unidad no podríamos vivir frente a los monstruosos apetitos del imperialismo. Entre la esclavitud y la libertad, no hay compromiso.

Lumumba fue asesinado con una saña propia de los que odian a los que se atreven a levantarse contra la dominación colonial e imperialista. Fue hecho prisionero en forma cobarde, conducido en un avión a Katanga, se le golpeó y torturó durante el vuelo y luego en el lugar a donde lo asesinaron. En la noche del 17 de enero de 1961 fue fusilado junto con dos de seguidores más fieles. Lo enterraron inicialmente en un paraje selvático, casi a ras de tierra. Luego, extrajeron su cuerpo y lo enterraron otra vez a una distancia de 200 kilómetros del sitio del asesinato. Y lo exhumaron definitivamente para borrarlo de la faz de la tierra, desmembrándolo y triturándole la cabeza y luego disolvieron los restos en ácido sulfúrico.  

Uno de los cobardes que participó en el crimen fue un inspector de policía belga.  En 1999, este asesino, de nombre Gerard Soete, confeso que se había quedado con un diente de oro y dos dedos de Lumumba, que se le perdieron. Dijo que los había tomado como “trofeo de caza”, una forma por lo demás típica de la mirada colonialista de los Europeos en los que ven como animales a los africanos y más si son negros[3].

Luego del asesinato de Lumumba, el Congo fue dominado por quienes habían participado en ese crimen, que se convirtieron en vasallos incondicionales de Estados Unidos y Europa Occidental, donde se implantó una terrible dictadura, la de Joseph-Désiré Mobutu (en la práctica desde el año en que fue asesinado Lumumba, 1961, hasta su derrocamiento en 1997), siendo uno de los “niños mimados” de Estados Unidos. Esa dictadura brutal entregó todas las riquezas del país a las multinacionales occidentales, las que siguen allí hasta el momento actual, ahora junto con empresas chinas, saqueando todos los bienes minerales del país, muchos de los cuales, cobalto y coltán, son indispensables para la producción de celulares, computadores, armas sofisticadas, aviones y otros artefactos digitales y microelectrónicos.

Porque debe recordarse que “Desde el momento en que Diogo Chao introdujo a los europeos en el Kongo en 1482, el corazón de Africa se convirtió en la colonia del mundo. Patrice Lumumba ofreció una fugaz oportunidad de un destino diferente, pero la maquinaria neocolonial de Occidente lo eliminó y lo sustituyó por alguien que mantuvo el flujo de riquezas circulando. El cobalto no es más que el último tesoro que han venido a saquear”[4].

Ignorancia y racismo en la Colombia de los “traquetos de bien”

Nos hemos extendido en el recuento del asesinato de Patrice Lumumba, porque en la estatua viviente que aparece en los estadios donde juega la selección de la República Democrática del Congo hay solo dos gestos leves que interrumpen su inmovilidad: dos dedos de una mano en un costado de la frente, como cuando a una persona se le dispara en la cien, y la otra mano en la boca, indicando silencio. Esos dos gestos tienen un gran contenido: denuncian tanto el asesinato como el silencio atronador de los asesinos y su intento de borrar la memoria de Lumumba y eliminar su nombre y su gesta de la historia de África y del mundo. Y también el silencio cómplice del mundo entero ante la masacre en las últimas décadas de seis millones de humildes congoleños para extraer los minerales que mantienen en actividad el capitalismo realmente existente.

Pero, claro, es mucho pedir que esto sea comprendido por los “colombianos de bien”. Y nos referimos al asunto porque en el reciente partido entre Colombia y la República Democrática del Congo un “sabio” y original comentario de una persona que se encontraba en el estadio, Cristina Hurtado, modelo, presentadora de televisión y conductora de Realytes, causó furor, por su “profundo contenido”. Esa opinión no tiene desperdicio y por eso la presentamos tal cual fue publicada en la red antisocial de la “brillante” “colombiana de bien”: Este tipo hincha del Congo está muy raro! Dicen que está estático en la misma posición desde que empezó el juego y que no se ha retirado de ahí durante todo el partido! Nos hace pensar muy mal! No me gusta! Tendrá algo que ver con el arquero? Será que por eso no entra el balón de Colombia?

En algunos de los comentarios que se hicieron a tamaño disparate se insinuó que la Estatua viviente escenificaba un rito de brujería o de vudú para causarle maleficio al equipo de futbol de este país. Y en otro comentario la presentadora de TV agregó que el triunfo de la Selección Colombiana indicaba que “Contra Dios nadie puede”, para subrayar que había sido derrotado el demonio (los congoleños, los “malos”), por Colombia que está protegida por el mismísimo Dios, que ilumina a los “buenos”, con lo cual se enfatiza el carácter racista de sus comentarios.

Al poco tiempo de las “geniales ocurrencias” de la presentadora de televisión aparecieron las voces críticas, desde varios países, que señalaron la crasa ignorancia de Cristina Hurtado y le recordaron al personaje histórico que representaba el colorido hincha de la selección de futbol de la RDC.

Lo más llamativo radica en un hecho que comprueba lo orgullosos que se sienten los “colombianos de bien” por ser ignorantes, porque la presentadora en lugar de disculparse o señalar que se había apresurado a hacer afirmaciones sin fundamento alguno y con un desconocimiento absoluto de la historia, señaló con arrogancia soberbia: “Ahora resulta que yo tenía que saber sobre historia de la República Democrática del Congo. Tenía que tener clarísimo quien era el personaje que ayer estaba en el partido de futbol como una estatua con la mano arriba. No me interesa saber cuál es la historia y la independencia de los países de África o de Oriente. No, a no ser que algo suceda cercano a mi vida, como lo que sucedió en el partido de Colombia”[5].

Aparte de ignorante, presume de su estulticia, algo que en otro tiempo causaría sonrojo y vergüenza, y no conduciría precisamente a responder cuando se es descubierto en el error de manera flagrante. Para los “colombianos de bien”, a millones de los cuales encarna la presentadora de TV, ser ignorante es una virtud y puede presumirse de serlo, con una altanería propia del bajo mundo traqueto, y máxime cuando esa ignorancia oculta un profundo racismo y clasismo. A la presentadora hay que recordarle que en Colombia también existe población negra a lo largo y ancho del país, que son descendientes de los africanos que fueron traídos como esclavos a las colonias de America, de los cuales hemos heredado invaluables aportes culturales y saberes culinarios, folclóricos, musicales, intelectuales, deportivos, artísticos… Entre esos descendientes de africanos esclavizados se incluyen a algunos de los jugadores de la selección colombiana, aunque de pronto ni lo sepan ni les interese tampoco recordarlo, porque ahora forman parte también de los “colombianos de bien” y por eso apoyaron en las recientes elecciones al candidato de la extrema derecha.

Podría pensarse que lo que comentamos es una simple anécdota sin interés de una presentadora despistada e ignorante, y es algo aislado y circunstancial. Si así fuera, no tendría ninguna importancia, pero lo que se está poniendo de presente es un problema de fondo, que no puede ser soslayado: las estupideces que dice esta presentadora son una muestra representativa del nivel educativo y cultural de los “colombianos de bien”, 13 millones de los cuales escogieron presidente.

Esta presentador es una típica “colombiana de bien”, porque a pesar de que su origen de clase indica que no desciende de empresarios o terratenientes de Antioquía, sí fue trepando en el mundo del espectáculo desde donde fue haciendo su carrera de clase media arribista y se convirtió en una portavoz de los ricos y poderosos y políticamente se sitúa en la extrema derecha[6]. Ella depositó su voto en las recientes elecciones por el falso felino, que ahora va a ser presidente de Traquetolandia. Y tampoco en ello habría problema porque ella es libre de ser de derecha y simpatizante del mundo traqueto. El problema estriba en la evidente contradicción, que alguien con dos dedos de frente entendería sin mucho esfuerzo, de que una persona que dice estar interesada en proteger los páramos y perseguir a quienes destruyen nuestras reservas naturales, y difunde videos en los que casi llora al palpar un frailejón en el Páramo de Sumapaz, sea la misma que votó por el individuo que va a destruir nuestros páramos y la selva, con su programa de “Fracking a lo que dé”[7].  Ella misma, tan candorosa demagógica defensora de nuestros páramos, ha dicho: “Nuevo presidente de Colombia Abelardo de la Espriella. Lo mejor que nos pudo pasar. Una completa bendición. Bienvenida la PATRIA MILAGRO”.

Este es el núcleo del asunto, la profunda ignorancia, clasismo, arrogancia y racismo de los abelardistas, que salió a relucir a raíz de Lumumba Va. Porque entre otras cosas recordemos que el programa “educativo” de la “Patria Milagro” propone liquidar el Ministerio de Educación, acosar y perseguir la enseñanza pública, generalizar la educación religiosa como obligatoria para reforzar los valores tradicionales de la familia, impedir la libertad de catedra y pensamiento con la persecución oficial de profesores y estudiantes que piensan críticamente y a los que se señala de predicar doctrinas que van en contra de los valores de la “patria”.

En el fondo, puede ser, que la presentadora de televisión, para más señas oriunda de Medellín, la capital del mundo traqueto, se esté postulando para que sea designada la Ministra de Educación, la encargada de eliminarlo. Eso no sorprendería, porque si en Estados Unidos la Secretaria de Educación es una empresaria de la lucha libre, por qué razón en Colombia la Ministra de Educación no puede ser una modelo de televisión, ignorante a más no poder, que se presenta como emprendedora, dado que tiene su propia empresa de ropa interior, vestidos de baño y maquillaje. ¡Para qué libros si con tangas y calzoncillos de lujo ya demostramos lo bastante educados que somos los colombianos!

Para qué se necesita la educación, nos dicen los traquetos de bien, si solo debe importar repetir como loros mojados que estamos entrando a la PATRIA MILAGRO, en la que ignorancia y odio van a ser los ingredientes del modelo cultural que se intentará generalizar a lo largo y ancho del país. Claro, porque es un verdadero milagro que el racismo, el clasismo y la ignorancia no causen pena, sino que generen orgullo y sea motivo de satisfacción afirmar que no le interesa aprender algo nuevo, ni conocer algo de historia y geografía. En concordancia con el signo de los tiempos de derechización y analfabetismo generalizado que se impone en Colombia, en nuestro continente y en los Estados Unidos, estamos muy lejos de lo que vaticinaba Patrice Lumumba hace 65 años: “llegará el día en que la historia hablará. Pero no será la historia que se enseña en Bruselas, París, Washington o Naciones Unidas, sino la que se enseñará en los países emancipados del colonialismo y sus fantoches. África escribirá su propia historia, en el norte y el sur, y será una historia de gloria y dignidad”.

En Colombia, por el contrario, la patria milagro, con sus fantoches neocoloniales de índole traqueta, escribirá una historia de indignidad y horror y sus protagonistas van a ser todos los ignorantes y arrogantes que, como la presentadora de televisión paisa, gritan a los cuatro vientos que para qué saber, para qué leer, para qué estudiar, para qué aprender historia… si lo que cuenta es el dinero, la ostentación, el lujo y el poder de los supermillonarios… y eso se va a conseguir como sea, y para eso no se necesita más ni mejor educación. Basta con plomo venteado, saqueo de nuestros bienes naturales, reafianzamiento de nuestro país como un protectorado gringo‒al que sigan destruyendo como lo hacen con el Congo desde hace siglos‒ como lo exige la lógica traqueta de los “colombianos de bien” ahora encumbrados otra vez a la Casa de Narquiño.

NOTAS:


[1] Disponible en: Lumunba (30 junio 1960): DISCURSO EN CEREMONIA DE PROCLAMACION DE LA INDEPENDENCIA DEL CONGO

[2] Bing Vídeos  

[3] Ludo de Witte, El asesinato de Lumumba, Crítica, Barcelona, 2002.

[4] Siddharth Kara, Cobalto Rojo. El Congo se desangra para que tú te conectes, Capitán Swing, Madrid, 2023, p. 148.

[5] Bing Vídeos

[6]  Ver este artículo de las Dos Orillas: “Es bonita pero bruta”, le repetían siempre

[7] Presentadora abelardista Cristina Hurtado se hum1lló sola

♦♦♦

*Renán Vega Cantor es un destacado historiador, economista y docente universitario colombiano, reconocido por su enfoque crítico y su compromiso con las causas sociales. Es doctor de la Universidad de París VIII y actualmente se desempeña como profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional en Bogotá. Su vasta obra escrita aborda temas fundamentales como el pensamiento crítico, el imperialismo contemporáneo y la historia de las luchas populares en Colombia. A lo largo de su carrera, ha recibido importantes distinciones, destacando el Premio Libertador al Pensamiento Crítico en 2007 por su libro Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Además de su labor académica, integró la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, aportando análisis clave sobre la violencia política en su país. Es una de las voces intelectuales más influyentes de la izquierda latinoamericana, vinculando siempre el rigor investigativo con la militancia ética.

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