Por: Horacio Duque*
Con ocasión del reñido resultado electoral de la segunda vuelta para escoger el próximo presidente de Colombia para el periodo 2026-2030, en que el supuesto candidato ganador en el pre conteo, señor Abelardo de la Espriella, alcanzó una votación de 12.957.471 sufragios, esto es el 49,66%, e Ivan Cepeda sumó 12.707.570 voto, esto es el 48,70%; un análisis más riguroso nos está indicando la configuración de un escenario nombrado por el análisis sociológico como «empate catastrófico», que consiste en una categoría política y sociológica mediante la cual se describe un momento de estancamiento donde dos fuerzas políticas o bloques sociales tienen la fuerza suficiente para bloquearse mutuamente, pero ninguna cuenta con el poder necesario para imponerse y gobernar.
Se trata de un escenario donde dos proyectos de sociedad o dos bloques de clases enfrentados tienen la fuerza suficiente para vetar o bloquear las iniciativas del otro, pero ninguno cuenta con la energía o la hegemonía necesaria para imponer su propio proyecto de manera definitiva.
Es catastrófico porque la parálisis frena el desarrollo de la sociedad y consume sus energías económicas, sociales y políticas en una tensión constante que amenaza con la disgregación nacional o la guerra civil.
Así, un «empate catastrófico» implica una parálisis institucional en que el gobierno de turno no puede ejecutar sus políticas ni dominar la agenda, pero la oposición tampoco logra destituirlo o forzar un cambio de régimen. Supone también una crisis de representación pues se destapa un descontento generalizado en la sociedad porque ninguna facción logra resolver las demandas de la población. Igualmente se da una tensión prolongada pues, hay una «crisis sin desenlace inmediato» que puede derivar en una polarización extrema si no se abren canales de diálogo y consenso.
Se trata de un concepto que nos describe la parálisis e inestabilidad social y política que ocurren en una crisis orgánica del régimen político de dominación oligárquica, donde ninguna fuerza social logra imponer su proyecto.
Aunque si bien el «empate catastrófico» tiende a prolongarse en el tiempo en algún momento ocurre lo que García Linera, identifica como una salida o «punto de bifurcación» pues, el empate catastrófico no puede durar para siempre; tarde o temprano las fuerzas acumuladas conducen a un punto de bifurcación, un momento cumbre de medición de fuerzas (que puede ser violento o democrático/electoral con una Asamblea Constituyente) donde el equilibrio se rompe a favor de uno de los dos proyectos.
El uso de los estados de excepción y de la violencia.
El riesgo de todo esto es la emergencia de un tirano (un outsider mesiánico), que se sitúa por encima de las clases en conflicto para restaurar el orden mediante la fuerza, el régimen de excepción, la guerra, la persecución, la tortura y las megacárceles.
Así, lo que mostró el resultado electoral del domingo 21 de junio es que Colombia quedó dividida en dos grandes bloques socio políticos y geográficos: las periferias y los sectores populares representados en la candidatura de Ivan Cepeda (Costa caribe, costa pacífica, Bogotá, Cauca, Valle del Cauca, Cali) y la candidatura de Trump, de los capitanes empresariales y de la poderosa oligarquía bancaria, financiera y neoliberal bogotana.
En gran medida esta simetría catastrófica a la que estamos abocados desde ayer es resultado de la naturaleza abigarrada de nuestra nación en la que coexisten múltiples modos de producción, cosmovisiones y estructuras de tiempo histórico que no terminan de integrarse.
Aunque de manera inmediata creo que todo esto es el resultado de una poderosa injerencia geopolitica orquestada por Trump, Israel y la mafia coquera de Honduras para imponer un presidente y un gobierno de los afectos ultraderechistas y protofascista, tal como se ha dado recientemente en Argentina, Chile, Ecuador, Venezuela y Honduras y se planea para Brasil con el abierto apoyo del hijo de Bolsonaro para que sea presidente de dicho país.
Intervención que se ha dado mediante la más descarada «guerra cognitiva» (con potentes herramientas tecnológicas) contra Ivan Cepeda y el presidente Petro.
Un golpe de estado electoral tecnológico.
Lo cierto es que hemos sido objeto de un abierto «golpe de estado» electoral mediante tal «guerra cognitiva» que no es más que un dispositivo sistemático de corporaciones tecnológicas, potencias geopolíticas u organizaciones estatales para moldear lo que la sociedad cree que es real, verdadero, lógico o moralmente aceptable. Su fin último es dominar las conductas y decisiones de la población sin necesidad de usar la fuerza física tal como lo estamos presenciando.
Golpe que tiene en el fraude electoral de Penagos y los Bautistas, su espina dorsal, mismo que se está desenmascarando en el escrutinio en curso, único escenario que va a definir el próximo presidente de los colombianos.
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*Horacio Duque Giraldo es un historiador, analista político y académico colombiano. Cuenta con una sólida formación académica que incluye: Licenciatura en Ciencias Sociales con énfasis en Educación Básica. Maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos. Maestría en Relaciones Internacionales. Como analista, es conocido por su enfoque crítico y su vinculación con movimientos sociales. Sus análisis suelen centrarse en la defensa de los derechos humanos, medioambientales y los derechos de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, especialmente en el sur occidente colombiano. Ha participado como conferencista en seminarios sobre el proceso de paz, promoviendo la pedagogía sobre la democracia ampliada y el pluralismo político♦

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