Por: Cicerón Flórez Moya

El expresidente Álvaro Uribe, con una caracterización de ególatra consumado, debiera ser el mayor guardián de su buen nombre. Y no lo es, a pesar de ese acentuado culto a la personalidad que desborda en sus intervenciones públicas para mostrarse con el más alto encumbramiento en realizaciones “a favor de la patria” durante sus dos gobiernos y en sus actos de líder político.

Falla Uribe en la protección de su imagen por las mismas relaciones que ha mantenido con personas muchas veces marginadas de la legalidad o de comportamientos non sanctos.

Los apasionados defensores de Uribe, aferrados al libreto fundamentalista hecho para colmar de laureles a su patrón, no expresan precisamente una convicción sino un sentimiento pasional. Porque de lo que se trata es de vender una imagen maquillada de zalamerías y obsecuencias propagandísticas.

Con ese talante que acompaña su liderazgo en la política, se presentó Uribe a la Comisión de la Verdad para dar su caprichosa versión del conflicto armado en actos de violencia que lo involucran. Pero su aporte fue una narrativa negacionista, empezando con su rechazo a las instituciones que respaldan el proceso de paz con las Farc, las cuales tienen total legitimidad.

El sesgo de Uribe con relación a las ejecuciones extrajudiciales durante su mandato es una estrategia para cargarle toda la culpa a los soldados que actuaron en cumplimiento de las órdenes de sus superiores, bajo la consigna de mostrar resultados en la lucha contra la guerrilla, resultados con la divisa de crimen de lesa humanidad.

Esa narrativa de distorsión no le ha funcionado a Uribe ante los colombianos. No tiene credibilidad lo que dice y la reacción generalizada es de rechazo. ¿Cómo es posible que quien fuera supremo comandante de las Fuerzas Armadas estuviera al margen de las atrocidades militares, consumadas en la ejecución de jóvenes que no eran combatientes de ningún frente guerrillero? ¿Cómo es que el jefe supremo no sabía de los ofrecimientos de recompensas por las víctimas que se reportan?

No le queda bien a Uribe esa salida. Desdice de su reputación como Jefe de Estado que fue. Como también lo deja mal parado su rechazo a instituciones que hacen parte del Estado colombiano.

Otra perla en las gambetas en que está Uribe es su propuesta de amnistía general. Sin embargo, es enemigo del acuerdo con las Farc, que tiene toda la legitimidad y que de cumplirse representa para Colombia un paso adelante en la construcción de paz y democracia.

El negacionismo de Uribe en lo que respecta a las ejecuciones extrajudiciales es de tomar en cuenta porque hace parte del entramado de algunos sectores puesto en función de la violencia, en busca de réditos mezquinos, sin importarles el sufrimiento de las víctimas y con menosprecio de la paz.

Puntada

Cuando se señala como impunidad y privilegio la representación que tienen las Farc en el Congreso se olvida que también gozan de la misma credencial otros colombianos incursos en delitos criminales que no admiten dudas.

Cicerón Flórez Moya

ciceronflorezm@gmail.com
cflorez@laopinion.com.co

(Publicada en La Opinión, 22 de agosto 2021)


CÓMO FUE QUE…

¡Engañaron al Culibajito!

NOTIPARACO