TODD CHRETIEN |TRADUCCIÓN: VALENTÍN HUARTE

Con alrededor de 90 000 miembros, producto de un crecimiento vertiginoso, Democratic Socialists of America [DSA] es la organización socialista más importante de Estados Unidos. En estos días se desarrolla su Convención Nacional donde tienen lugar los principales debates de la izquierda norteamericana.

Muy por encima de los 10 000 miembros de 2016, Democratic Socialists of America [DSA] sumó alrededor de 90 000 miembros en 2021. Hoy es la organización socialista más importante de Estados Unidos y la más grande desde el Partido Comunista de la época de la Gran Depresión. En la estela de las campañas presidenciales de Bernie Sanders, DSA empieza a dirigir su crecimiento con el fin de modificar el equilibrio de fuerzas de la política estadounidense.

David Duhalde, exmiembro del Comité Político Nacional de DSA y actual vicepresidente del Fondo de DSA, sostiene que

desde las primarias presidenciales de 2020, el logro más importante de DSA es la coalición por la reforma laboral nacional. Aproximadamente cada una década y media, el movimiento sindical estadounidense tiene la oportunidad de promover la reforma laboral federal. Hasta hoy nunca tuvo éxito. Pero para DSA, el logro es haberse posicionado en el centro de la alianza entre los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil, que realizaron alrededor de un millón de llamadas telefónicas a senadores de Estados Unidos y llegaron incluso a conseguir el apoyo de algunos de los senadores demócratas más conservadores. Aunque es probable que la ley no se apruebe, Biden podría incluir algunos elementos de la reforma en otro proyecto. Sería un gran éxito para DSA y para el movimiento obrero estadounidense.

¿Por qué DSA resurgió de las cenizas de la izquierda durante los últimos años? 

Fue el triunfo casi total de las políticas económicas neoliberales, reforzado desde los años 1970 por una implacable clase dominante y por sus gestores, entre los que siempre hubo tantos demócratas como republicanos, el que propició el crecimiento de DSA. En términos sociales, el neoliberalismo implicó el debilitamiento de los sindicatos que, de representar a aproximadamente al 30% de los trabajadores, pasaron a representar solo al 10%. Hoy solo está sindicalizado el 6,3% de los trabajadores del sector privado. En el sur del país y en la zona de las Grandes Llanuras, las rígidas leyes antisindicales convirtieron prácticamente a los sindicatos en una especie en peligro de extinción. Desde la Gran Recesión de 2008-2009, se profundizó enormemente la desigualdad de los ingresos. La crisis del COVID-19 impactó justo cuando los salarios estaban empezando a recuperarse. 

De la mano del neoliberalismo, la población carcelaria de Estados Unidos creció a un ritmo vertiginoso. Hoy hay más de 2,3 millones de personas en la cárcel y 4 millones en libertad condicional. Las personas que cuentan con antecedentes penales suman 77 millones. Empeora esta situación el hecho de que el sistema carcelario apunta implacablemente contra los afronorteamericanos, que representan alrededor del 13% de la población total del país, pero son el 39% de los presos. Si se suma a esto la crisis ecológica, la cultura sexista, homofóbica y transfóbica y toda la historia de violencia colonial y antinmigrante, hay que decir que para decenas de millones de jóvenes el «sueño americano» es más bien una «pesadilla americana», según la expresión de Malcolm X

Estas realidades objetivas allanaron el camino para que se produjeran tres saltos subjetivos. En primer lugar, las campañas presidenciales de Bernie Sanders de 2016-2020 desafiaron a la dirección corporativa del Partido Demócrata y hablaron el lenguaje del socialismo y de la lucha de clases ante millones de jóvenes. En segundo lugar, la elección de Trump sacó a la calle a decenas de millones de estadounidenses que participaron de protestas masivas. Si bien nunca fueron tan fuertes como para poner en riesgo el gobierno de Trump, ciertamente lograron limitar el daño que infligió su gestión. En tercer lugar, los asesinatos de George Floyd y Breonna Taylor inspiraron el verano pasado las protestas de Black Lives Matter, el movimiento social más grande y activo que se haya visto desde los años 1960. Estos puntos de inflexión —combinados con la importante ola de huelgas docentes, las protestas indígenas contra la extracción de gas y petróleo, la campaña del Me Too, las manifestaciones de la juventud contra las armas y el creciente poder cultural del movimiento LGTBQ+— plantearon la cuestión del poder político en Estados Unidos. Decenas de miles de personas, sobre todo jóvenes, respondieron al desafío rediseñando DSA según sus propias necesidades: la transformaron en una organización militante, anticapitalista, ecologista y propartidaria que se planta contra toda opresión. 

Con todo, DSA (todavía) no es un partido. Combina aspectos de partido político, movimiento social y formas territoriales. Cuenta con un equipo nacional bastante grande, un presupuesto de más de 2 millones de dólares y secciones locales en los cincuenta estados. Pero de sus 90 000 miembros efectivos, apenas 10 000 o 15 000 están realmente activos, mientras que otros 10 000 o 20 000 se suman a campañas específicas y la gran mayoría son políticamente pasivos… al menos en tanto miembros de DSA. Las acciones se desarrollan generalmente en las secciones locales, donde se toman las decisiones más importantes. La organización es muy democrática y los grupos locales son capaces, en términos prácticos, de iniciar casi cualquier campaña que deseen. La gran mayoría de los miembros son blancos, aunque hay compañeros de color que fundaron sus propios grupos, desarrollan iniciativas importantes y conquistaron posiciones de dirección fundamentales. 

El miembro promedio tiene alrededor de veinte años y la juventud de DSA tiene presencia en muchas universidades y escuelas secundarias. La inserción en el movimiento obrero y sindical multirracial es bastante débil y las relaciones con los movimientos sociales todavía están en una fase incipiente. Hay cuatro o cinco corrientes políticas internas cuyas magnitudes oscilan entre cientos de miembros y unas cuantas decenas. Estas corrientes juegan un rol fundamental en la política interna de la organización, pero el 90% de los miembros activos de DSA no pertenece a ninguna de ellas.

Para hacerse una idea de las virtudes y defectos de DSA, es útil compararla con el PSOL de Brasil, pues tienen (aproximadamente) la misma composición en cuanto a miembros activos y miembros integrados solo a nivel formal. Desde mi punto de vista, el PSOL es cinco o diez veces más fuerte que DSA en términos de cuadros políticos experimentados, inserción a nivel social y sindical, aparato interno y procedimientos democráticos, perfil público y visión estratégica. No es una crítica a DSA. Después de todo, el «nuevo» DSA tiene apenas cinco años y la clase obrera estadounidense no dirigió ninguna huelga general, no derrotó una dictadura militar ni llevó a su propio Partido de los Trabajadores al poder. DSA carece de práctica callejera y de la disciplina típica de los lugares de trabajo, pero ahora es suficientemente fuerte como para empezar a acumular experiencia. Si DSA pretende crecer hasta contribuir a la creación de un partido obrero en Estados Unidos, tiene mucho que aprender en esta década que inicia. 

Con el riesgo de ser excesivamente general, diría que al interior de DSA operan cinco tendencias, de las que vale aclarar que no coinciden con los grupos formalmente reconocidos. En primer lugar, hay una pequeña capa de antiguos militantes de DSA, miembros de la organización desde los años 1970 y 1980, que defienden las posiciones socialdemócratas de Michael Harrington. En ningún sentido se trata de una capa monolítica y, de manera juiciosa, cada vez que una nueva camada de jóvenes (con frecuencia muy radicalizados) se unió al partido, estos compañeros los recibieron con los brazos abiertos. En segundo lugar, hay una capa muy importante y activa de jóvenes socialdemócratas, que siguen a Michael Harrington, pero que son a la vez dirigentes orgánicos del «nuevo» DSA. Suelen cumplir roles decisivos cuando se trata de la organización interna de DSA y probablemente son los más experimentados en términos de campañas electorales y obreras. Los socialistas democráticos son la tercera tendencia y también la más grande. Esta capa está compuesta por jóvenes marxistas que se unieron a DSA hace cinco o diez años, cuya mayoría adoptó posiciones más radicales en el marco de las circunstancias descriptas antes, durante las campañas de Bernie Sanders de 2016 y 2020. Estos activistas consideran que las reformas concretas y localizadas (sean campañas electorales, organización sindical, solidaridad, activismo ecológico, desfinanciamiento de la policía, etc.) son muy necesarias que será imposible deshacerse del capitalismo sin una revolución. Sin embargo, su concepción socialista democrática de la revolución está sujeta a debate. En cuarto lugar, hay una capa mucho más pequeña de abolicionistas penales socialistas revolucionarios, muy críticos con el eje electoral de DSA y con el enfoque que tiene la organización sobre Black Lives Matter y sobre los asuntos internacionales (entre otras cosas). En quinto lugar, hay otra capa pequeña de compañeros que busca modelos políticos en el Partido Comunista de los años 1930 y en los procesos revolucionarios de Venezuela y de Cuba. Para la mayoría de los miembros de DSA, las distinciones entre estas capas son fluidas, y los acuerdos (o desacuerdos) suelen generarse en función de temas o campañas concretos en vez de profundas disputas teóricas o históricas. Recordemos que el 95% de los miembros de DSA está en la organización desde hace menos de cinco años.

Aunque no es una publicación «partidaria», la revista Jacobin se apoya en la tendencia socialista democrática marxista, sin dejar por ello de recibir colaboraciones de compañeros de todo el espectro político. Con sus 70 000 suscriptores y sus 2,6 millones de visitas web mensualesJacobin es por lejos la publicación socialista más importante de los Estados Unidos, y su insistencia en el debate político abierto y en el intercambio de ideas fue decisivo, a la hora de formar a una nueva generación de militantes socialistas de demostrar en la práctica que una organización con múltiples tendencias es hoy el mejor modelo para los Estados Unidos. 

En cuanto a la Convención de DSA de 2021, las secciones locales y los miembros en general eligieron 1100 delegados que debatirán y votarán las resoluciones y las posiciones que desplegará la dirección durante los próximos dos años. Desafortunadamente, debido a las restricciones que impone la pandemia, la Convención se realizará a través de Zoom. Esto hará que sea difícil desarrollar a fondo los debates y los delegados de distintas partes del país no tendrán la oportunidad de juntarse, intercambiar ideas y discutir cara a cara sus diferencias. Es decir que la pandemia limitará la tarea más importante que tenían los delegados: construir lazos entre los cuadros de una organización renovada. Dadas las circunstancias, existe el riesgo de que los debates se polaricen, y Zoom contribuirá a crear una atmósfera incómoda y cierta frustración… ¿Quién no está harto de estar en Zoom? 

Por suerte, aunque están pendientes muchos debates importantes, al menos desde mi punto de vista, ninguna votación ni resolución particular cambiará drásticamente la dirección de DSA. Aquí está la lista completa de resoluciones. Seguro se llegará a algún tipo de consenso (no sin importantes modificaciones) en cuanto a mantener la estrategia electoral de DSA. Se enfatizarán las campañas ecosocialistas, el compromiso con la organización antirracista, la jerarquía del frente obrero y el desarrollo de un movimiento nacional por el derecho a la vivienda. 

Hay que confesar que, cuando se trata de vincular todas estas actividades con el fin de consolidar las secciones locales, es más fácil decir que hacer. Jack Gross, protagonista de la reciente iniciativa que planea llevar el Green New Deal [GND] a las escuelas, argumenta que

para construir una organización obrera de masas capaz de disputar el poder en este país, necesitamos campañas estratégicas que vinculen el poder local con reivindicaciones nacionales susceptibles de alterar realmente el equilibrio de fuerzas. Nuestra organización está creciendo rápidamente y, a medida que la crisis climática se acelera en todo el mundo, es fundamental que desarrollemos la disciplina y la capacidad organizativa para desplegar campañas importantes en cada sección y hacer crecer nuestras bases locales, construir una nueva dirección y multiplicar nuestra fuerza a nivel nacional. La campaña por el GND en las escuelas está organizando a la juventud, a los trabajadores de la educación, a los profesionales y a los padres y madres trabajadores de todo el país, con el fin de garantizar una enorme inversión ecológica en las comunidades de la clase obrera.

En términos electorales, DSA seguirá postulando candidatos propios en las internas del Partido Demócrata (cuando sea necesario), como un medio para acumular fuerzas antes de lanzarse a construir un nuevo partido. El modo en que lo hará está sujeto a debate. Esto cobrará especial relevancia en las elecciones de medio término de 2022, en las que los republicanos intentarán garantizar su regreso contra Biden y los demócratas. Hasta aquí, la estrategia funcionó bastante bien, pues durante los últimos cuatro años resultaron electos varias autoridades locales y algunos miembros del Congreso de DSA. No está de más decir que todos los miembros de DSA en el Congreso son gente de color y que la mayoría son mujeres. En definitiva, de entre los casi 500 000 cargos electivos de Estados Unidos, alrededor de 150 son ocupados por miembros de DSA… ¡Nos queda un largo trecho! 

Al mismo tiempo, muchos compañeros sienten que DSA, sin abandonar su estrategia electoral, debería destinar más energía a los movimientos sociales y es probable que las resoluciones de la Convención, además de las actividades territoriales concretas, den cuenta de esta situación. Por ejemplo, los compañeros de DSA que trabajan en el rubro gastronómico lanzaron hace poco una publicación nacional y están presionando para que el aparato de DSA les brinde más apoyo concreto en este proyecto. 

Natalia Tylim, que participa de esta iniciativa, explica que

el mundo quedó boquiabierto ante las nuevas camadas de socialistas radicalizados que emergieron durante las campañas presidenciales de Sanders. Pero las cosas cambiaron, tal vez de forma no tan inesperada, cuando abandonó la contienda y Biden se convirtió en el statu quo. DSA no se preparó suficientemente para enfrentar la nueva situación […] y en todas partes es notable cierta merma de participación en la previa a la convención de 2021.

Según Tylim, una manera de abordar el problema pasa por organizar a la gente en sus lugares de trabajo. 

Probablemente los debates más polémicos girarán en torno a las formas de solidaridad internacional, los procedimientos democráticos internos y las prioridades económicas. Por ejemplo, hace dos años, DSA votó priorizar el trabajo de solidaridad con América Latina. Esta orientación contó con mucho apoyo y —lo que no deja de ser interesante para Jacobin América Latina— DSA pronto empezará a traducir algunas de sus publicaciones y declaraciones. Sin embargo, hay un debate abierto acerca de las formas de desarrollar el trabajo de solidaridad internacional. Hay compañeros que insisten en que DSA debería priorizar las relaciones con los «partidos de masas» de América Latina, pero las recientes delegaciones enviadas a Venezuela, la crisis en Cuba y las elecciones en Ecuador y Bolivia precipitaron una discusión sobre cómo los intentos de DSA de «trabar relaciones» con, por ejemplo, el MAS o el PSUV, son compatibles con la construcción de relaciones más amplias con movimientos sociales, sindicatos y otras corrientes políticas socialistas de América Latina. El debate también afecta a la caracterización de los gobiernos de la Marea Rosa. 

Más allá de la especificidad de estas discusiones y probables cambios, DSA enfrenta enormes desafíos estratégicos. Como dijo Marianela D’Aprile , actual miembro del Comité Político Nacional,

fue muy emocionante cuando, en 2016, DSA empezó a crecer rápidamente. Recuerdo que en la Convención de 2017, un compañero de Portugal nos dijo que nuestros compañeros de todas partes del mundo estaban esperando que llegáramos, que llegaran los socialistas estadounidenses. Pero la continuidad del impulso y del crecimiento no estaba garantizada. Creo que haber consolidado el crecimiento y haberlo convertido en estructuras estables, capaces de perdurar incluso a través de una pandemia, es el mayor logro que DSA tuvo en los últimos dos años. Nuestro desafío durante los años siguientes será desarrollar un programa socialista democrático coherente, que nos permita luchar con independencia, y luego instalarlo tanto a nivel local como nacional.

Y, como alguna vez dijo Marx, DSA no tiene el lujo de desarrollar ese programa socialista en las condiciones que hubiera elegido libremente. En cambio, tendremos que lidiar con transformaciones ecológicas y económicas enormes, descifrar si el gobierno de Biden plantea una reorientación capitalista más allá del orden neoliberal, enfrentar una posible nueva Guerra Fría con China, el riesgo siempre presente del trumpismo y los efectivos métodos de cooptación y coerción del Estado.

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Todd Chretien

Todd Chretien es miembro de la Internacional Socialista, Organización y es un colaborador frecuente Socialista de los Trabajadores y de la Internacional Socialista de Revisión. Él es el editor de los Testigos oculares de la Revolución rusa.