Por José Gregorio Linares

Entre los “bloqueos” más emblemáticos en la historia de Suramérica está el de Cartagena de Indias, ocurrido entre el 26 de agosto y el 6 de diciembre de 1815. Lo que allí ocurrió debe ser del conocimiento de todos los venezolanos y venezolanas porque aporta enseñanzas fundamentales y refuerza nuestra noción de Patria.

Esta acción bélica duró más de cien días. Fue la agresiva respuesta del imperio español contra los cartageneros, quienes crearon el “Estado Libre de Cartagena” en 1815.Fue planificada y ejecutada por el general Pablo Morillo y su lugarteniente Francisco Tomás Morales. De hecho fue un triple bloqueo: un bloqueo por mar de cara a la playa, el bloqueo por el río Magdalena al tomarse Mompox, y un bloque por tierra que cerraría las vías de escape a tierra firme. Las tropas invasoras impidieron la entrada de alimentos, agua potable, mercancías, armas, medicinas, correos, municiones y refuerzos.

Los efectos del sitio y bloqueo fueron devastadores. Murió una tercera parte de la población, víctima del hambre, la sed, el ataque militar, los trastornos psicológicos y las epidemias. Cuentan los testigos que en la ciudad se apiñaban “montones de cadáveres insepultos, hombres moribundos, esqueletos de mujeres y niños ambulantes”.

Los venezolanos: héroes de Cartagena

Para la época del bloqueo, en Cartagena vivían muchos venezolanos que encontraron asilo en ella a raíz de la caída de la primera y la segunda repúblicas de Venezuela. Allí se encontraban: Antonio José de Sucre, José Francisco Bermúdez, Pedro Gual, Carlos Soublette, Bartolomé Salom, Pedro León Torres, Florencio Palacios y Mariano Montilla, entre otros. Abnegada y heroica fue la participación de nuestros compatriotas en la defensa del “Estado Libre de Cartagena”. De hecho, cuando el neogranadino Manuel Castillo y Rada, comandante responsable de la defensa de Cartagena, es acusado por sus conciudadanos de querer entregar la plaza a los españoles, es depuesto y encarcelado (octubre), y en su lugar es nombrado el venezolano José Francisco Bermúdez.

Los venezolanos hicieron el máximo sacrificio por defender la ciudad, las propiedades y la vida de sus hermanos. Hasta el mismo Pablo Morillo reconoce el gallardo papel de los venezolanos. En carta al Rey de España del 27 de marzo de 1816 expresa: “Cartagena resistió hasta lo imposible por los venezolanos”. Las reseñas históricas confirman esta información. “Los puntos fuertes de la defensa de Cartagena, para impedir la entrada del enemigo por tierra, fueron El Cerro de La Popa, donde Antonio José de Sucre estaba al mando con otro venezolano, Piñango”. Igualmente, el larense Pedro León Torres participa en la defensa del fuerte San Felipe.

Cuando los sitiados se convencen de que las huestes enemigas preparan el asalto final, deciden abandonar la defensa, organizar una estratégica retirada y escapar por mar. Así, el 5 de diciembre de 1815 durante la noche, los patriotas evacuaron la ciudad en una flotilla de naves corsarias que intentó burlar el cerco de los barcos realistas. Algunas naves naufragaron o fueron atrapadas por los buques españoles que ya estaban estratégicamente distribuidos alrededor de la bahía. Pero afortunadamente, y tras incontables contratiempos, un número significativo de cartageneros y de venezolanos llega a Haití, donde reciben la generosa protección de Alejandro Petión.

Finalmente, el 6 diciembre, los sitiadores comandados por Morillo proceden a asaltar la ciudad de Cartagena, y tras la victoria imponen un Régimen del Terror. Cartagena quedó en manos de los invasores hasta el 24 de junio de 1821, fecha en la que los invasores son sometidos por un ejército patriota al mando del venezolano Mariano Montilla, precisamente el mismo día en que Bolívar triunfaba en Carabobo. De esta manera, los venezolanos no solo participaron activamente en la resistencia y defensa de Cartagena, sino que comandaron su liberación por parte de las fuerzas patriotas.

La ingratitud y el ataque de Colombia

Si algún pueblo de Suramérica sabe de los sufrimientos que implica ser sitiado y bloqueado por un imperio, ese pueblo es el colombiano, porque en Cartagena de Indias se ejecutó en 1815 uno de los bloqueos y sitios más cruentos de que se tenga memoria en la historia militar de Suramérica.

Por eso en nuestro país no nos explicamos cómo Colombia (su Estado, su oligarquía y un sector manipulado de la población y el ejército) coadyuva y se hace cómplice en la ejecución de un criminal bloqueo y sitio contra Venezuela por parte del imperio estadounidense y sus secuaces. Porque no se trata de cualquier país: se trata de Venezuela, el país solidario que siempre le ha auxiliado y cuyos héroes, dieron tantas pruebas de apoyo y fraternidad.

Pero al parecer en Colombia han perdido la memoria histórica, la noción de lealtad y hasta el sentido de supervivencia. Hoy Estados Unidos asedia, bloquea y aplica medidas punitivas unilaterales contra Venezuela en respuesta geopolítica ultraconservadora a las políticas autónomas e independientes de nuestro país… y Colombia le sirve como perro de ataque contra nuestra Patria. Mañana EEUU aplicará medidas semejantes contra Colombia si ésta deja de ser el cachorro del Pentágono e intenta jugar un papel más independiente en la región; y en ese caso también EEUU buscará un Caín que les apoye. En Colombia olvidan que Estados Unidos no tiene amigos, sino intereses.

En fin, ahora Colombia auspicia ataques militares y paramilitares contra nuestra Patria. De esta forma profundizan el sitio, el bloqueo y las medidas punitivas que EEUU aplica contra Venezuela. No entendemos cómo Colombia puede ser tan ingrata, insensible y cruel con Venezuela, de la que ha recibido a lo largo de la historia tantas pruebas de amistad, altruismo y respaldo.

Afortunadamente el pueblo insurgente colombiano, ese que ahora sale a la calle a reclamar sus derechos y denunciar la política exterior de su gobierno, es amigo de Venezuela y de su pueblo. E igualmente el pueblo y el gobierno de Venezuela son sus amigos. Ese es un lazo indestructible de fraternidad entre los venezolanos y los colombianos que el gobierno, la oligarquía, las fuerzas armadas, los medios de comunicación y las universidades colombianas no quieren que exista. Un vínculo que nos une entrañablemente al genuino pueblo colombiano, víctima de la violencia que hoy mantiene a su país… en Estado de Sitio, y a su élite… bloqueada mentalmente.