Por Atilio A. Boron | 09/03/2021 | Brasil

El juez Edson Fachin, del Supremo Tribunal de Brasil, anuló todas las condenas por corrupción contra el expresidente dentro del caso Lava Jato.

Cuando en abril de 2018 Lula fue condenado a la cárcel por el juez Moro, Vargas Llosa lo exaltó en su nota publicada en El País de Madrid (y reproducida en centenares de diarios de la región) «como modelo ejemplar para el resto del planeta. El novelista hizo caso omiso de las groseras violaciones al debido proceso que habían sido denunciadas por numerosos observadores. Al igual que los trogloditas argentinos, él también cree que el lawfare es un “verso” de la izquierda.

Pero como lo afirmó ante el Comité de Derechos Humanos de la ONU, en 2016, uno de los más eminentes juristas de Brasil, Afrânio Silva Jardim, en el juicio a Lula primero “seleccionaron al ‘criminal’ y ahora están buscándole el crimen”.

Argentinas/os, ¿les suena familiar? No encontraron el crimen pero Moro lo inventó y Lula fue condenado a nueva años y medio de cárcel. ¿Y por casa cómo andamos? La prensa hegemónica de toda la región aplaudió la violación del Estado de Derecho que estaba en curso en Brasil.

En la Argentina los flagrantes actos de lawfare cometidos por Moro eran celebrados con grandes aplausos por la derecha y sus representantes políticos e intelectuales, en acelerado proceso de fascistización. Actos que eran reproducidos casi ad infinitum por la Justicia Federal de este país en una fraternal competencia con los corruptos jueces y fiscales de Brasil para ver quiénes pisoteaban con más ferocidad las normas más elementales del derecho.

Todo parecía ir bien hace unas pocas horas el juez Edson Fachin, del Supremo Tribunal de Brasil, anuló todas las condenas por corrupción contra el expresidente dentro del caso Lava Jato y, ordenó comenzar nuevamente la investigación en otros fueros, debido a la supuesta parcialidad de la Fiscalía y del exjuez y exministro Sergio Moro.

Éste, al igual de lo que es habitual en la Argentina, tenía la costumbre de combinar con el fiscal de turno la forma y la dirección que debía tomar la investigación criminal para asegurar la condena de Lula. Ahora, lo más probable es que el tan admirado Moro termine él mismo en la cárcel. Los vientos que repararon una injusticia en Brasil llegarán más pronto de lo que se suponía a estas tierras. Brasil respira, Argentina también.

Fuentes: Rebelión