..la obstinación de mantener un bloqueo obsoleto y medieval, lo ha tergiversado todo…

Por Luis Manuel Arce Issac*

El gobierno de Estados Unido solicitó al de Cuba que fuera recibida una delegación oficial para tratar asuntos bilaterales en un contexto muy complicado, y no es de poca importancia que la misión la encabezara el jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), John Ratcliffe, uno de los funcionarios que, en teoría, debería de certificar con pruebas contundentes y evidencias claras y bien argumentadas, que la isla es un peligro inusual y extraordinario para la seguridad nacional del vecino del norte.

Esa percepción de Washington no se quedó en pura retórica, sino que fue acompañada por una orden ejecutiva del presidente Donald Trump del más alto impacto dañino, al declarar una “emergencia nacional” para los 50 estados de la Unión “en grave peligro” porque, según la Casa Blanca, el régimen de Cuba representa una “amenaza inusual y extraordinaria para su seguridad y para la política exterior de EEUU”.

A partir de ese mensaje, las secretarías y departamentos correspondientes del gobierno republicano, empezaron a elaborar acciones anticubanas para fortalecer el bloqueo económico, comercial y financiero que lleva 65 años consecutivos golpeando al pueblo, hasta la asfixia, con un cerco petrolero y otras medidas muy agresivas, además de amenazas de una invasión militar, que han provocado un daño superlativo al cubano de a pie, pero no han movido a los cubanos de sus posiciones de principio.

Se sabe que han usado grandes sumas para financiar a grupos internos con la orden de soliviantar a la ciudadanía para hacer cacerolazos y cualquier otra manifestación contra el gobierno, que sus medios amplifican para publicitar una inexistente oposición organizada contra la revolución que marchas como las del 1º de Mayo la desmienten y, por el contrario, fortalecen el espíritu de resistencia del pueblo.

Paralelamente, el presidente Trump desplegó todo el poder estadounidense para bloquear los envíos de petróleo extranjero a la isla con el objetivo de debilitar más aun su frágil economía, mientras incrementó los vuelos de reconocimiento militar y de inteligencia alrededor de la isla, como parte de lo que anticipan como un “refuerzo militar a mayor escala”, en un calco de lo que hicieron en Venezuela para secuestrar a su presidente, Nicolás Maduro.

Hoy lo someten a un proceso judicial ilegal y arbitrario en EEUU, bajo leyes de ese país y sin pruebas que demuestren las acusaciones que le hacen, porque el objetivo era descabezar la revolución bolivariana y un cambio de gobierno bajo principios bien alejados del chavismo.

En Cuba pretenden lo mismo, aplicar los objetivos de la deshistorización del tiempo y desfidelizar y desmartizar a los cubanos.

Funcionarios de Trump, encabezados por el secretario de Estado Marco Rubio, han mantenido conversaciones privadas con dirigentes cubanos con la esperanza de que la urgencia económica les obligue a hacer concesiones a las que se han resistido durante mucho tiempo, desvanecer e invisibilizar la rica historia patriótica de los cubanos desde el indio Hatuey pasando por Carlos Manuel de Cespedes, Maceo y Martí, hasta llegar a Fidel Castro, y reponer la Cuba podrida por el neocolonialismo imperialista.

La Habana insistió todo el tiempo que eran acusaciones falsas y malintencionadas, que la isla era pacífica, luchaba contra los terroristas porque ella ha sido una de sus principales víctimas; que los cocos en las playas, ni las palmas, son armas nucleares o alta tecnología para el espionaje a favor de China y Rusia, que ellos afirman que ejecuta Cuba. Y que la única base naval militar en la isla es la de Guantánamo, y la retienen a la fuerza contra la voluntad de los cubanos.

El gobierno de Donald Trump solicitó en ese contexto, y en medio de su inocultable derrota militar en la guerra contra Irán —la cual persiste en continuar, más como recurso publicitario que posibilidad real de recuperarse y ganarla— una visita, urgente, nada menos que del jefe de la CIA, la agencia de inteligencia que más acciones de sabotaje y terrorismo ha realizado contra la isla, y más ha apoyado y financiado a la contrarrevolución interna, incluidos atentados a líderes nacionales.

¿A qué vinieron John Ratcliffe y sus más altos ejecutivos? Sea cual sea la misión secreta encargada, lo que encontraron en Cuba fue lo mismo que ya conocen hartamente, como explicó Cuba en un comunicado oficial que ni siquiera han respondido públicamente hasta el momento, ni el jefe de la misión visitante, ni las secretarías, ni la Casa Blanca, e incluso ni el Congreso, sino que se limitaron a divulgar una foto como confirmación de la visita.

El hecho que no pueden ocultar es que fueron atendidos decente, respetuosa y racionalmente, que no se les mintió ni se les escondió absolutamente en nada, y que Cuba, desde el 1 de enero de 1959 ha sido coherente con su disposición y voluntad de negociar seriamente sobre los principios inamovibles de hacerlo en pie de igualdad, con respeto a la independencia, soberanía, y la no injerencia extranjera no negociables y, en consecuencia, jamás aparecerá en la agenda un cambio de régimen político en el país como propugnan.

En cambio, hay una enorme lista de temas de interés común que puede estar sobre la mesa y constituir los ejes de un largo diálogo productivo de mutuo beneficio, que incluyen una amplia relación económica, comercial, financiera, transferencia tecnológica, colaboración científico técnica en todos los campos de la producción material y la investigación, que necesariamente requerirán una nueva visión más pragmática por parte de EEUU de su guerra económica.

Lo único que podría informar la comisión Ratcliffle es que no existe absolutamente ninguna evidencia de que Cuba sea un peligro para la seguridad estadounidense, que no es ni de lejos un país que pueda patrocinar el terrorismo, sino al contrario, que lo combate a fondo más que otro cualquiera por ser una de sus principales víctimas, que nunca ha rechazado propuestas de diálogo con EEUU e incluso ha propuesto participación estadounidense en su esquema de inversión extranjera directa.

Las ofertas se han ampliado con una mayor apertura en todos sus sectores, y que valora las ventajas comparativas con todo el norte de América por ser un mercado gigantesco a las puertas de la isla, y todos se podrían beneficiar de un ambiente de paz, colaboración y buena vecindad.

Lo bueno es que desde la época del presidente James Carter se ha patentizado un gran interés de ambas partes en desarrollar la cooperación bilateral entre los órganos de aplicación y cumplimiento de la ley, en función de la seguridad de ambas naciones, regional e internacional, y la producción material y los servicios.

Lamentablemente la obstinación de mantener un bloqueo obsoleto y medieval, lo ha tergiversado todo e impedir la concreción de tales posibilidades y avanzar en esos terrenos.

No ha habido todavía una evaluación pública del resultado concreto de la misión Ratcliffe a pesar de la transparencia que aportó Cuba en el diálogo. Si no hay un trasfondo maligno detrás de la visita, La Habana ha dado muestras de voluntad de negociar inmediatamente y definir e identificar los numerosos puntos en un amplio campo para concretar a acuerdos mutuamente ventajosos.

Corresponde ahora a Estados Unidos ser bien claro en este importante tema.

POLITIKA

*Luis Manuel Arce Isaac. Periodista cubano con más de seis décadas de trabajo profesional ininterrumpido. Fue corresponsal de guerra en Vietnam, Laos, Camboya y Nicaragua, y corresponsal de la agencia Prensa Latina en naciones como Venezuela, Uruguay, España y México.

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