SANTIAGO VARGAS OTERO /PACOCOL.ORG/ 21 ABRIL 2020 

Antonio Gramsci en su ensayo Neutralidad activa y operante ya se cuestionaba el papel de los revolucionarios en escenarios de crisis, expresando lo siguiente:

“Aún dentro de la extraordinaria confusión que ha producido la presente crisis europea en las conciencias y en los partidos, todos están de acuerdo acerca de un punto: el presente momento histórico es de una gravedad indecible, sus consecuencias pueden ser gravísimas” [Gramsci Antonio, Neutralidad Activa y Operante. 31-X-1914; I.G.P.;S.G. 3-7]

La confusión suscitada en la Europa de 1914, especialmente en Italia, puede entenderse, guardando las proporciones de los varios momentos históricos únicos e irrepetibles, a partir de la confusión generalizada hoy en el mundo ante la propagación del Covid-19, el virus que ha apagado miles de vidas y destruido muchísimas energías.

Según Gramsci, había que procurar esfuerzos de tal modo que pudieran resolverse el mayor número posible de las cuestiones dejadas irresueltas por el pasado y que la humanidad pudiera volver a emprender su camino sin que le estorbara tanta grisura de tristezas e injusticias, sin que su porvenir pudiera verse pronto atravesado por otra de esas catástrofes que exija de nuevo otro desperdicio tan formidable de vida y de actividad humana.

El pensador turinés se preguntaba así mismo para volver más claras sus ideas, ¿Cuál debía ser la función del Partido Socialista Italiano en ese momento de la vida italiana? Yo pretendo hacer una pregunta similar pero esta vez no dirigida hacia un partido o grupo en particular, sino hacia la masa de revolucionarios y revolucionarias en general. ¿Cuál debería ser nuestra actitud, nuestra forma de afrontar la lucha, en el actual momento?

Alejándonos de las teorías conspirativas, la comunidad científica internacional ha declarado que este tipo de virus en particular no pudo haber sido producido en un laboratorio con propósitos de ser utilizado posteriormente como arma biológica. Entendiendo lo anterior, es imposible determinar un responsable concreto del virus. En abstracto podríamos acusar a la humanidad en general o a la naturaleza por haber querido castigarnos por tanta maldad.

No obstante, lo que sí ha podido develar el virus son las profundas contradicciones del sistema, incluso agudizarlas de manera que ha colocado a muchas personas a discutir sobre la cuestión. A esta realidad social si podemos encontrarle responsables y fijar posturas.

Gramsci en el texto mencionado realiza una diferenciación entre dos tipos de «neutralidades»; una absoluta _ y otra activa y operante _. La primera es utilísima en el momento aquel de la crisis en el que los acontecimientos nos han tomado de improviso, es decir, sin estar preparados para sus grandes dimensiones. Este tipo de neutralidad sostenida en el tiempo es ventajosa para los adversarios del proletariado, la masa campesina y los grupos subalternos, pues cuando ellos crean y preparan sus plataformas para afrontar la lucha de clases, estas clases y grupos subalternos participan imparcialmente de los acontecimientos, como meros espectadores.

Lo anterior quiere decir que no existe un «tiempo de gracia» en el desarrollo de una crisis para afrontar las diferencias de clase, muy por el contrario, tales contradicciones tienden a hacerse mucho más claras para los escépticos. Hoy vivenciamos esa realidad cuando analizamos las medidas tomadas por el Gobierno; como la que traslada cargas pensionales de las AFP hacia la entidad estatal Colpensiones o las decenas de billones que ha dispuesto el Gobierno y el Banco de la República para auxiliar al sector financiero.

Los revolucionarios concebimos la historia como creación propia de nuestro espíritu, hecha por una serie ininterrumpida de tirones actuados sobre las demás fuerzas activas y pasivas de la realidad. Dicho esto, Gramsci nos invita a no contentarnos con la fórmula provisional de la «neutralidad absoluta», sino que, cuando ya han precipitado de la situación inicial los elementos de confusión, o sea, cuando todo se vuelve más explicable, debemos transformarla en una «neutralidad activa y operante». Esto significa volver a dar a la vida del sistema su genuino carácter de lucha de clases. Debemos conducir a la clase detentadora del poder a la apropiación de sus responsabilidades, es decir, obligarla a cumplir las premisas de las que obtiene su razón de existencia; en última instancia, obligarla a reconocer que ha fracasado completamente en cuanto a sus “fines” ante el pueblo trabajador, demostrando que en términos reales sólo ha sido incapaz de esconder sus verdaderos fines teniendo que socorrer a sus verdaderos representados: los capitalistas.

La «neutralidad activa y operante» consiste en demostrar no sólo a la clase dominante y dirigente su fracaso sino fundamentalmente a las clases y grupos subalternos la necesidad de asumir las riendas de la nación. Con la adopción de esta actitud de parte de los que históricamente han estado en el campo de batalla al lado de los desposeídos, se restablecerá inexorablemente el dualismo de clases, el cual no ha dejado de existir en ningún momento, aunque la confusión de los primeros momentos nos haya mostrado ilusioriamente la disolución de los intereses antagónicos.

Seamos activos y operantes. No hay tiempo ni espacio para vacilaciones.

Antonio Gramsci (1891-1937). (Photo by Stefano Bianchetti/Corbis via Getty Images)

Barranquilla, 20 de Abril de 2020.