YURBY CALDERÓN/PACOCOL.ORG/ 21 ABRIL 2020

Desde que se conoció de la propagación del nuevo coronavirus, COVID-19 en el mundo, algunos países han señaló que este virus se habría originado en un laboratorio en Wuhan, China, como es el caso de Estados Unidos, ya que su presidente, Donald Trump desde el principio se refirió al coronavirus como “el virus chino”.

Esta semana su Gobierno una vez más insinuó lo mismo sin ofrecer pruebas, y hasta acusaron al Partido Comunista de China de haber ocultado información sobre la enfermedad cuando comenzaron los contagios.

El secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, y el responsable de Defensa, Mark Esper dijeron que “múltiples fuentes” aseguran que el virus se escapó por accidente de un laboratorio. “Lo que sabemos es que este virus se originó en Wuhan, China. Sabemos que el Instituto de Virología de Wuhan está solo a unas pocas millas de donde estaba el mercado”

“Hay todavía muchas cosas por saber. Pero deben saber que el Gobierno de EEUU está trabajando diligentemente para resolver esto”, aseveró Pompeo.

Ante esto, los medios asiáticos dieron a conocer un nuevo estudio en el que se indica que el primer brote del coronavirus podría haberse originado al sur de China y no en Wuhan. Dicha investigación que aún sigue en proceso fue realizada por científicos de la Universidad de Cambridge y fue publicada en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Uno de los participantes en este análisis, el genetista Peter Forster, aseguró al medio Cgtn.com, que, tras examinar una gran cantidad de cepas de todo el mundo, lograron calcular que el brote inicial ocurrió entre el 13 de septiembre y el 7 de diciembre de 2019 y no a finales de año como se había indicado antes.

“Es demasiado pronto para decir que Wuhan es la fuente de COVID-19. El virus pudo haber mutado en su forma final ‘humanamente eficiente’ hace meses, pero se quedó dentro de un murciélago u otro animal, o incluso dentro de un humano durante varios meses sin infectar a otras personas. Luego, comenzó a infectar y propagarse entre los humanos entre el 13 de septiembre y el 7 de diciembre”, reseñó Forster, quien además añadió que sus cálculos tienen un 95% de posibilidades de ser correctos.

Otros científicos avocados a buscar respuestas sobre este virus que ha dejado más de 150 mil personas muertas y más de dos millones contagiadas en el mundo, creen que el virus apareció en un murciélago que posiblemente fue vendido en un mercado en Wuhan, sin embargo, otros estudiosos de la materia indicaron que el primer paciente de COVID-19 no tenía ninguna conexión con dicho mercado de animales.

En una entrevista con la revista Scientific American, Shi Zhengli, uno de los principales expertos chinos en coronavirus de murciélago y vicedirector del laboratorio P4, dijo que el genoma del SARS-CoV-2 no concuerda con ninguno de los coronavirus de murciélago que su laboratorio estudió hasta ahora.

Por su parte, la investigadora en bioseguridad del King’s College de Londres, Filippa Lentzos, dijo a la AFP que, aunque no hay pruebas sobre la teoría del accidente en el laboratorio, tampoco hay “pruebas reales” de que el virus viniera del mercado. “Para mí el origen de la pandemia todavía es una pregunta sin respuesta”, concluyó Lentzos.

Adendum:
Conocidos los antecedentes bioterroristas de EEUU, es muy posible que el Covid-19 sea un virus usado como arma biológica contra China, teniendo en cuenta que del 18 al 27 de octubre de 2019 se llevaron a cabo los VII Juegos Mundiales Militares de Verano, en la ciudad de Wuhan (donde “inició” la epidemia), y en ellos participó una delegación de EEUU, que en forma llamativa, no tuvo una participación deportiva destacada (no estuvieron siquiera entre los 10 primeros del medallero).

Sin ninguna clase de pruebas o estudios serios, los medios de comunicación al servicio del imperialismo han hecho creer desde el primer momento que la infección proviene de un murciélago, sin embargo, si alguien piensa que la guerra biológica es algo que pertenece al pasado, está totalmente equivocado.

Donald Trump levantó en el año 2017 una “moratoria” que se había impuesto a la financiación de “investigaciones y ensayos controvertidos para convertir virus en armas letales”… algo que supuestamente estaba “prohibido” desde 2014 por la administración de Barack Obama.

La medida desbloqueó la manipulación de los patógenos que producen el síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio (MERS), el síndrome respiratorio agudo y severo (SARS) y de otros virus como el Ébola.

A pesar de la supuesta moratoria, 10 proyectos habían obtenido una “dispensa” para seguir adelante, porque se consideraban “excepcionales”, y estaban relacionados con experimentos con el coronavirus de Oriente Medio y los virus de la gripe.

El programa estadounidense de armas biológicas empezó oficialmente en 1943 bajo el gobierno de Franklin D. Roosevelt. Durante la Segunda Guerra Mundial EEUU desarrolló un gran arsenal de agentes y armas biológicas, en forma secreta.

El imperialismo norteamericano tiene una larga historia de experimentos y crímenes por el uso de armas biológicas y América Latina ha sido laboratorio de su guerra biológica:

Gerald Colby y Charlotte Dennet lo describieron en su libro: “Hágase tu voluntad: la conquista del Amazonas: Nelson Rockefeller y el evangelismo en la era del petróleo” 1996 (Thy Will Be Done. The Conquest of the Amazon: Nelson Rockefeller and Evangelism in the Age of Oil).

Los científicos y religiosos estadounidenses al servicio de Instituto Lingüístico de Verano, creado por la Fundación Rockefeller y la CIA se deshacían en los años 1960-1970 de las tribus de nativos en la Amazonía, en cuyo territorio se encontraban yacimientos de petróleo usando la propagación de diferentes virus.

La técnica preferida usada en Brasil y Perú fue el envenenamiento del agua, la comida y el suministro a los nativos de ropa, y sábanas “para mejorar su nivel de vida”, que estaban infectadas con virus.

La población indígena en la selva de Brasil en 1958 era de unos 200.000 habitantes, pero, debido al genocidio físico y biológico, para 1968 más del 50% de los nativos de la Amazonía habían muerto.

Como los indígenas no querían abandonar sus ricas tierras, “había que usar la fuerza”, escribió después uno de los misioneros estadounidenses, conocido como el padre Smith. Así se logró el acceso de las corporaciones de Rockefeller al oro, petróleo, diamantes y metales raros.

En 1971 la CIA introdujo en Cuba el virus de la peste porcina africana para afectar la alimentación de su Pueblo, y diez años después, introdujo 3 cepas del virus del Dengue, lo que produjo una devastadora epidemia que mató 158 personas, entre ellos 101 niños.

Para atacar a Cuba con el dengue, los biólogos militares norteamericanos habían realizado en 1981 en Fort Detrick, Maryland, pruebas con Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue.

Los agentes biológicos probados en la década de los 90 en prisioneros del Departamento Correccional de Texas fueron posteriormente usados en Irak durante la invasión norteamericana, según los estudios del bioquímico norteamericano Garth L. Nicolson.

En su testimonio escrito para el Congreso norteamericano, el científico remarcó que “miles de veteranos norteamericanos de la Guerra del Golfo sufren de las consecuencias de haber estado expuestos a las armas radiológicas, químicas y biológicas” (‘Written Testimony of Dr. Garth L. Nicolson, Committee on Veterans Affairs, United States House of Representatives’, enero 2002).

Desde 1975 EEUU ratificó los tratados internacionales que prohíben el uso de armas biológicas. Sin embargo, ¿alguien sensato cree que los respeta?

Los recientes programas estadounidenses de “defensa” biológica (en realidad Guerra biológica) indican que continúan adelantando investigaciones prohibidas por la Convención sobre armas biológicas.

Hasta Wikipedia señala que el Instituto de investigaciones médicas en enfermedades infecciosas del Ejército de los EEUU situado en Fort Detrick, Maryland, ha reconocido que produce “pequeñas cantidades de agentes biológicos”, para su uso en la investigación de “armas de defensa”, y que, de acuerdo con el gobierno de EEUU, esta investigación “se lleva a cabo en plena conformidad con la Convención”…

¿Es posible creerles, sabiendo que el gobierno Trump no ha respetado los Acuerdos firmados por ejemplo sobre el cambio climático, y ha secuestrado (robado) dinero y propiedad privada de Venezuela violando el Derecho Internacional?

Es difícil comprobar que el virus del Covid-19 fue desarrollado y usado como arma de guerra biológica contra la República Popular China. Lo cierto es que las “investigaciones” de armas biológicas del imperialismo norteamericano ponen en grave riesgo la Salud, la tranquilidad y la Vida de millones de seres humanos.