Por Alberto Pinzón Sánchez*

Esta tajante afirmación (con la que por primera vez desde 1959, coincido plenamente) dada por el profesor Hernando Gómez Buendía en su artículo de opinión del 10 de agosto 2026 https://razonpublica.com/estado-laico/, y sustentada en densos argumentos; es el modelo de Estado creado por la cuestionada constitución del 91 vigente.

 Opina así el profesor Gómez Buendía: …” Colombia no pasó del Estado católico al Estado laico. Pasó del Estado católico al Estado cristiano. La Ley 133 de 1994 —cuya autora fue Viviane Morales— permitió reemplazar un Concordato por los más de doce mil concordaticos con comunidades de fe mayoritariamente cristianas que hoy reconoce el Estado colombiano. … Las consecuencias de ese modelo son mucho más graves que el retiro espiritual de un gabinete.

—La primera es una discriminación abierta. El Estado concede beneficios tributarios, administrativos e institucionales a las iglesias y se los niega a organizaciones humanistas, filosóficas o científicas. Predica igualdad entre las creencias, pero práctica privilegios para unas de ellas.

—La segunda es política. Colombia no abolió el confesionalismo: lo atomizó. Pasó de una iglesia con influencia sobre el Estado a miles de iglesias capaces de hacer política, negociar con los gobiernos y orientar millones de votos. Y no sobra recordar que la mezcla entre religión y política fue el principal motor de la violencia sectaria que padeció Colombia durante un siglo y medio.

—La tercera es institucional. Hay iglesias ejemplares. También hay miles de cultos de garaje donde un pastor sin control ejerce autoridad absoluta sobre sus fieles. La libertad religiosa protege la fe; con demasiada frecuencia también protege el abuso·…

La introducción del “asunto religioso” en el actual debate político filosófico tan sensible en la historia y cultura colombianas, ha tomado fuerza y muy seguramente aumentará a mediada que el nacional catolicismo colombiano de los “leopardos” y tigrillos de la década de los años 30 del siglo pasado (variante del fascismo hispano) hanreivindicado con extremo fanatismo y odio anticomunista, no solo su politica destripadora y filosofía militaristas, sino encarnaciones personales de nietecitos y retoños familiares de los caudillos colombianos de aquella pavorosa época nombrados en altos cargos en el gobierno del tigre destripador de la Espriella y sobre todo, en la impactante y aterradora simbología del culto político religioso que tuvo la Misa de Posesión del presidente de la Espriella este 7 de agosto en la base militar de Cali, donde a los gritos y vivas a Cristo Rey y a la virgen de Fatima, en presencia del actual rey de España Don Felipe VI, se fusionaron como en el siglo XV español, el Trono y el Altar.  

Semejante estropicio no podía pasar inadvertido para nadie y me obliga a tomar otra vez la pluma que había prometido cerrar por un tiempo de reflexión teórica sobre el fascismo. En este caso me motiva la respuesta de uno  de los pilares más importantes de la llamada “institucionalidad” colombiana: La compañía de Jesús de la provincia de Colombia, que por boca de su ex provincial Francisco de Roux y quien durante los años 2018 a 2022 presidió la multimillonaria inversión oficial de la Comisión de la Verdad, y con el abundante conocimiento adquirido en tal investigación, en una interesante entrevista concedida a la revista Cambio.com 16 agosto 2026, entre otros importantes consejos al presidente recién elegido, le sentencia: “Presidente, no use a Cristo para justificar la guerra”.https://cambiocolombia.com/poder/articulo/2026/8/habla-padre-francisco-roux-peligroso-utilizar-dios-politic,   

¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Era una pregunta permanente que Gramsci hacía a sus camaradas del partido. La respuesta era siempre una sincera y propositiva autocrítica basada en dos consignas leninistas muy comunes en aquella época:  El análisis concreto de la situación concreta, es decir la coyuntura con la cadena de contradicciones y, la segunda, sin teoría no hay práctica. Pero fundamentalmente autocrítica.

¿El tigrillo destripador, ganó las pasadas elecciones presidenciales en Colombia por los garrafales errores y la corrupción generalizada y familiar del gobierno Petro, hábilmente explotada por el equipo abelardista de campaña? ¿Se fue complaciente con la múltiple personalidad trastornada presidencial, creyendo que los pocos aciertos o logros eran una suficiente y verdadera transformación social?  ¿Se miraba para otro lado o se calificaba a los críticos de izquierda que señalaban tímidamente algunas fallas del gobierno Petro, de ser aliados de la revista Semana o estar pagados por el empresario Galinsky? ¿Hubo realmente fraude electrónico extranjero en las elecciones que le dieron el triunfo a de la Espriella o fue un lastre gravoso difícil de remontar electoralmente la caída final de la imagen presidencial?  

Todavía no hay respuestas orgánicas creíbles. Realmente pocas organizaciones políticas o sus voceros asumieron tan esencial función politica de la autocrítica seria, materialista e histórica, y lo peor, todavía hay defensores de semejante derrota no solo electoral o politica sino originaria-cultural y lo estamos viendo religiosa, que también ha sido hábilmente utilizada por los poderes del Fascismo Global en ofensiva por el reparto del Mundo entre grandes potencias, llámese Tecnofascismo o Neofascismo. O simplemente Trumpismo, que el padre de Roux en la entrevista citada acertadamente rechaza, por la deificación que hace el nuevo y rugiente destripador presidencial de convertir al poderoso magnate estadounidense en un “nuevo Dios portentoso”,

También, el padre De Roux deja claro su rechazo al “militarismo”, rasgo esencial de cualquier fascismo y peor aún, cuando sirve de brazo político armado a fanáticos religiosos, como en la versión franquista del nacional catolicismo tan arraigada en Colombia con la prédica y la guerra civil ganada por el Laureanismo en 1957, que se pretende resucitar ahora como un eructo sepulcral.

Sin embargo, el fiel jesuita guardián de Jesús (de ahí su nombre) y del papa vaticano que debe oler a la lanolina de las ovejas, sabe muy bien porque lo ha vivido, que un conflicto histórico como el colombiano ha mutado y no es una simple guerra, sino es un asunto terrenal de latifundios, tierras expropiadas con horrorosas y brutales masacres, economías de subsistencia impuestas a varias y grandes comunidades campesinas, indígenas o negras, muchas veces con negocios transnacionales ilegales y que finalmente, con el desarme de la Farc se ha des-centralizado o territorializado adquiriendo una nueva dimensión territorial regional. Por esto, no conviene meter a Cristo Rey ni a la Virgen de Fátima en un asunto tan enredado, complejo y sobre todo tan mundano como es una “piscina de odio”.

 La Solución pendiente del Conflicto interno colombiano que él llama “reconciliación”, no va a ser obra de un milagro de la patria, ni de ningún portento extranjero. Lo dice bien claro y con un verbo muy castizo: “…la reconciliación no va a ser un milagro del Señor de los Milagros de Buga, ni del Señor de Monserrate, ni de San Pedro Claver.Si nosotros no hacemos la paz entre nosotros, nadie va a hacer la paz en Colombia. Y, si los colombianos quieren seguir en la piscina del odio y los señalamientos, se jodieron, porque Dios no les va a arreglar eso” …

– ¿Está usted de acuerdo con el Estado laico?  He visto que han estado discutiendo constitucionalmente si Colombia es o no un Estado laico. Lo que puedo decir es que no estoy de acuerdo con la utilización de los símbolos religiosos, y además mal utilizados, para imponer una teoría política que puede ser legítima, pero que no debe mezclarse con Dios.

En definitiva, no importa que la teoría política fascista que se impone sea legítima o no, tampoco lo que dice el profesor Gómez Buendía citado al inicio sobre la forma constitucional del Estado colombiano. No viene a su recuerdo o a su informada y avisada memoria las palabras (laicas) de Jesús de “dar a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César”. Por el momento, lo importante es no meter a Dios en la piscina de odio. Queda claro como la mano derecha lava a la izquierda.

Pero en el enjuague, se hace evidente otra contradicción supraestructural en la formación social colombiana: La poderosa compañía de Jesús provincial de Colombia, no está de acuerdo con el Trumpismo trasplantado. Los tradicionales curas “laureanistas” ganadores de la guerra en 1957, quedan advertidos. Y, los pastores cristianos estafadores y embaucadores de las iglesias del garaje sobre una Roca nombrados en los ministerios de la Patria Milagro: “Se jodieron, porque Dios no les va a arreglar eso”

Fuente imagen Internet Revista Cambio.com

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*Alberto Pinzón Sánchezes un médico cirujano y antropólogo colombiano, reconocido como uno de los analistas más profundos del conflicto social y armado en su país. Su trayectoria combina el rigor científico con un activismo intelectual incansable por la paz, lo que lo llevó a integrar la histórica Comisión de Personalidades (Notables) durante los diálogos del Caguán (1998-2002), donde aportó propuestas clave para la humanización del conflicto. Debido a su pensamiento crítico y su defensa de los derechos humanos, se vio obligado al exilio en Europa, desde donde continúa su labor como ensayista y columnista. Sus escritos destacan por un enfoque interdisciplinario que disecciona la geopolítica regional, las estructuras del poder estatal y la necesidad de una solución política negociada. Es una voz de referencia para entender la historia contemporánea de Colombia, siempre abogando por transformaciones estructurales que garanticen la justicia social y el fortalecimiento del Estado social de derecho.

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