Por: Donaldo Mendoza Meneses

Fin de la guerra y tranquilidad, son las dos expresiones que simplifican el significado de la paz. Y, efectivamente, ambas condiciones se avizoraron durante un tiempo. Es más, las anteriores elecciones se calificaron como “las más tranquilas en muchos años”, según el balance que se hizo el lunes siguiente al evento electoral; nadie desmintió esa insólita novedad, ni siquiera los más ásperos opositores del gobierno de Santos. Porque las evidencias hablaban: los ciudadanos habían acudido a votar en pueblos remotos donde los actores armados siempre lo habían impedido.

Desde lo firmado en La Habana hasta la posesión de presidente Iván Duque, era perceptible un ambiente de optimismo, especialmente en territorios donde se había padecido con mayor rigor la guerra. Hoy el escenario es muy distinto, y el diario El Espectador lo afirma con una pregunta: “¿Qué está pasando en el Cauca?” El gobierno responderá con el silencio, porque parece que argumentos le faltan; en cambio el senador Uribe sí responde, pero todavía haciéndole oposición a Santos: “El país tiene que ser consciente de que proceso de paz no hubo”. Pobre el juicio de la historia que le espera al expresidente Álvaro Uribe si sigue en esa actitud.

Quienes vivimos en el Cauca, damos un giro a la pregunta de El Espectador: ¿Qué va a pasar con el Cauca? No olvidemos que este departamento fue el santuario más grande del conflicto armado. Como es cierto también que, con la firma del acuerdo, en Cauca se vivió la transitoria tranquilidad de la paz; su capital, Popayán, salió del deshonroso segundo lugar en desempleo del país; se alcanzó a notar la confianza inversionista en el ramo de la construcción, y la ciudad vio con tolerante paciencia el cambio de las redes de acueducto y alcantarillado y la construcción de avenidas de doble calzada. Incluso el turismo tuvo una reactivación importante. Un renacer que, si las cosas siguen como van, parece que toca tempranamente su fin, si le asiste razón al representante de una firma constructora, que habla ya de una baja sensible en la compra de vivienda nueva, especialmente en estratos altos.

En fin, entrados ya en el segundo año, al presidente Duque le urge dar una vuelta de tuerca a su gobierno y coger el toro por los cuernos. Trabaje, señor presidente, sobre lo que usted considere que se avanzó en materia de paz, corrija los errores que usted cree que se cometieron en los acuerdos firmados, ¡y haga la paz! El clamor es: salve usted al Cauca, salve a Colombia. Y al senador Uribe hay que recordarle que el tiempo de la oposición ya pasó; la patria necesita que ponga su liderazgo en causas nobles. ¿Qué hacemos con un corazón grande, si las manos son mezquinas?

Donaldo Mendoza Meneses