Pisotear a los damnificados

Por  Renán Vega Cantor *| 12/09/2026 

El presidente de Colombia procedió de la forma más burda y ordinaria al entregar a los habitantes de Buenaventura, mayoritariamente afrodescendientes y afligidos por la violencia y la miseria, pelotas de fútbol.

Nada de lo que hacen los cipayos en los países de Nuestra América es original. Hasta las acciones más elementales de los politicastros de la extrema derecha que, por desdicha, gobiernan en el continente es una vil copia de lo que en los Estados Unidos hace y dice, con una vulgaridad sin par, el atrabiliario Donald Trump o alguien que pertenece a las altas esferas del poder en el territorio del Tio Sam.

Incluso, se replica el mismo comportamiento cínico y sádico de D. Trump ante los efectos sociales de los desastres, como lo acaba de confirmar el individuo que se dice presidente de Colombia y ocupa la Casa Blanca tropical ‒otra miserable copia de Washington‒ que queda en Barranquilla. Un hecho lo confirma: el reparto de pelotas de fútbol en Buenaventura y Quibdó por parte de Abelardo de la Espriella. Quien piense que esa es una acción espontánea que, de repente, se le ocurrió al falso tigre, simplemente desconoce o no quiere recordar un suceso similar, aunque haya utilizado otro objeto, que realizó en 2017 Donald Trumpo en Puerto Rico. Recordemos y comparemos.

ROLLOS DE PAPEL HIGIENICO A LOS DANNIFICADOS EN PUERTO RICO

“Deben estar orgullosos [los puertorriqueños] de que solo murieran 16 personas frente a las miles que lo hicieron en ‘una catástrofe verdadera como Katrina’». -Donald Trump, declaración en Puerto Rico, octubre 3 de 2017.

En septiembre de 2017 un huracán, bautizado María, arrasó con Dominica, Islas Vírgenes de Estados Unidos y Puerto Rico. Por su magnitud e impacto destructivo ha sido la peor catástrofe que ha sufrido esta isla desde 1899, cuando la azotó otro huracán. Generó un apagón eléctrico que afectó a toda la isla y, en algunos lugares, se prolongó durante un año. En principio se reportaron 64 muertes, pero el 28 de agosto de 2018 las autoridades locales dieron una cifra oficial de 3000 fallecidos, aunque un estudio de la Universidad de Harvard elevó la cifra a 4645. La infraestructura básica quedó arrasada, incluyendo viviendas, escuelas, hospitales, supermercados, centrales telefónicas, acueductos, plantas de tratamiento de aguas residuales, carreteras, bombas de gasolina…  El servicio de telefonía móvil se interrumpió en un 95%. El huracán aceleró el flujo de población con dirección a Estados Unidos, a donde llegaron en las semanas siguientes 200 mil personas, el 8% de la población de Puerto Rico.

El 3 de octubre de 2017 Trump visitó la isla devastada, 13 días después del paso de María. En una capilla, en donde lo esperaban decenas de personas, Trump reía y hacía chistes de mal gusto como si estuviera asistiendo a una fiesta de payasos. Y de pronto empezó a enviar a los presentes rollos de papel higiénico de cocina, simulando que lanzaba una pelota de básquetbol hacia una cesta. Aparte de esta humillación improvisó una arenga en la cual dijo que la forma en que su gobierno había tratado la emergencia de los puertorriqueños era “fantástica” y agradecieran porque no había habido tanto muertos como en Nueva Orleans con el huracán Katrina, donde si se había presentado una “catástrofe real”. Además, insultó a los puertorriqueños diciéndoles que eran flojos y les gustaba quejarse y esperaban que se les resolviera todo.

Para Donald Trump, como buen especulador inmobiliario, todo es un juego, un chiste de mal gusto, incluyendo el dolor de la gente, que soporta en carne propia el peso de la catástrofe y la destrucción. Y por eso ha sostenido después de la catástrofe que su gestión en ese momento fue un “éxito total”. Como dijo la alcaldesa de San Juan, Carmen Yutín Cruz:  «Si él piensa que la muerte de 3.000 personas es un éxito, que dios nos ayude a todos».

PELOTAS DE FUTBOL A LOS DANNIFICADOS DE BUENAVENTURA Y QUIBDO

“Señor presidente […] traiga cosas de construcción […]. Lo que necesitamos es techo, necesitamos ayuda normalmente, no balones”. -Habitante anónimo de Buenaventura, agosto 16 de 2026.

El fuerte terremoto que sacudió a Colombia el 10 de agosto, con una magnitud de 7.4, devastó varias regiones del país, arrasó con la infraestructura física y social en ciudades (Pereira, Manizales, Cali…) y decenas de municipios. El saldo de muertos se acerca a los 350 y han quedado sin techo unas 400 mil personas. En medio del dolor, el recién posesionado Abelardo de la Espriella, siguiendo el ejemplo de Donald Trump, llegó a Bogotá horas después sonriente, repartiendo besos y haciendo chistes de mal gusto.

Una de sus acciones más detestables ocurrió en Buenaventura, en la costa pacífica, el principal puerto del país, afligido por la miseria, la violencia y tristemente recordado por las casas de pique de los paramilitares, en donde con motosierra desmembraron a decenas de personas. Ese municipio doblemente abatido, igual que la mayor parte de nuestra costa pacífica, por la miseria estructural y por el terremoto. Quedaron averiadas 9 mil viviendas, 29 escuelas y colegios están en ruinas, dejando a miles de estudiantes sin clases. El servicio de agua, que solo se brinda normalmente 4 horas al día, quedó interrumpido, agravando los problemas higiénicos y sanitarios que carcomen a este municipio, cuya población es mayoritariamente afrodescendiente.

Sin evidenciar la menor sensibilidad y empatía hacia el dolor de los habitantes del puerto, Abelardo llegó, como si todavía estuviera en campaña, sonriente y desde su papamóvil blindado procedió de la forma más burda y ordinaria, y hasta en eso imitó a su amo imperial, Donald Trump, al lanzarle a la gente pelotas de fútbol como si estuviera jugando básquetbol.

El dolor de la gente se convirtió en una forma de hacer vulgar propaganda política, puesto que, los balones llevaban la inscripción, “Defensores de la patria”. El símbolo es diciente, en el balón se habla de la patria, pero es una retórica vacía, de un ciudadano con nacionalidad estadounidense que va a entregar todavía más el país a Estados Unidos e Israel, pero el vocablo patria no tiene nada que ver con los colombianos humildes y a pie, pobres y negros en Buenaventura, a los que solo se les lanza unos balones, como a los perros chandosos se les bota un pedazo de pan.

El hecho bochornoso de lanzarle balones a los damnificados se repitió luego en Quibdó, la capital del siempre sufrido Departamento del Chocó. Esto indica, que el nivel de estupidez no tiene límites, máxime cuando el dolor y el sufrimiento son un espectáculo mediático para que un payaso metido a político se divierta, como se lo enseñó hace años el amo imperial Donald Trump cuando con sadismo les lanzó rollos de papel higiénico a los damnificados de Puerto Rico.

Publicado en papel en El Colectivo (Medellín), septiembre de 2026.

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*Renán Vega Cantor es un destacado historiador, economista y docente universitario colombiano, reconocido por su enfoque crítico y su compromiso con las causas sociales. Es doctor de la Universidad de París VIII y actualmente se desempeña como profesor titular de la Universidad Pedagógica Nacional en Bogotá. Su vasta obra escrita aborda temas fundamentales como el pensamiento crítico, el imperialismo contemporáneo y la historia de las luchas populares en Colombia. A lo largo de su carrera, ha recibido importantes distinciones, destacando el Premio Libertador al Pensamiento Crítico en 2007 por su libro Un mundo incierto, un mundo para aprender y enseñar. Además de su labor académica, integró la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, aportando análisis clave sobre la violencia política en su país. Es una de las voces intelectuales más influyentes de la izquierda latinoamericana, vinculando siempre el rigor investigativo con la militancia ética.
Correo: colombia_carajo@hotmail.com

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