Por: Horacio Duque* 

Con los resultados que ofrece la votación presidencial adelantada hoy 21 de junio, en que el candidato de la derecha «revolucionaria» protofascista aparece con cierta ventaja en el pre conteo de votos frente al candidato de la Izquierda popular, en el campo político se consolida en Colombia una nueva coyuntura política caracterizada por la más aguda polarización, con una fuerte tendencia hacia la «crisis orgánica» del sistema oligárquico de dominación, en que las masas populares serán un factor decisivo en la conflictividad y disputa emergente alrededor de los asuntos centrales que moverán la sociedad nacional en el inmediato futuro como: los derechos sociales, la crisis fiscal, la transición energética, la gestión de la inteligencia artificial, la construcción de la paz, la seguridad, la salud, la descentralización, la corrupción, la transformación de los territorios, la convulsion geopolitica y las libertades democráticas.

En efecto, con un primer resultado del pre conteo de la votación el cuadro es el siguiente: Abelardo De la Espriella acumula 12.957.471 votos, esto es el 49,66%; entre tanto Ivan Cepeda suma 12.707.570 voto, esto es el 48,70%. Queda pendiente el escrutinio que se hace por jueces de la república para cerrar las definiciones de quien será el próximo presidente. Escrutinio que se desarrolla con 33 mil mesas impugnadas por los abogados y líderes del Pacto Histórico en representación de la candidatura de Cepeda.

Lo que ha ocurrido hoy en Colombia hace parte de una aguda tendencia hacia la polarización que viene siendo la tónica en América Latina como está sucediendo hoy en el Perú, en que con el fraude de un sistema electoral podrido se pretende imponer a Keiko Fujimori a como dé lugar.

La «crisis orgánica».

En ese sentido, una característica de la actual coyuntura regional latinoamericana es la proliferación de tendencias cada vez más abiertas a lo que se conoce como una «crisis orgánicas»: crisis que no afectan solo a la economía ni a un gobierno puntual, sino al conjunto del orden social, político y económico. La oligarquía dominante pierde capacidad de dirigir mediante el consenso y se abre el terreno para las «soluciones de fuerza», como las que está anunciando de la Espriella.

Una crisis orgánica ocurre cuando la casta oligárquica dominante pierde su hegemonía, es decir, ya no es capaz de liderar a la sociedad a través del consenso, la cultura y la ideología, y se queda únicamente con la fuerza bruta (la coerción) para mantenerse en el poder, tal como la anuncio en la pasada campaña el señor De la Espriella.

Así, una crisis orgánica presenta tres síntomas principales:

Pérdida de consenso: Las masas se desapegan de los partidos políticos tradicionales y de las instituciones del Estado. Ya no creen que el orden actual represente sus intereses.

Separación entre representantes y representados: Los partidos políticos como aparatos de mediación dejan de cumplir su función de canalizar las demandas de la gente. Se vuelven cascarones vacíos o élites aisladas, como lo estamos registrando con el partido liberal, el conservador, el centro democrático.

Irrupción de las masas: Grupos que antes eran pasivos o apáticos se movilizan de forma desorganizada, exigiendo soluciones inmediatas, pero sin una dirección clara.

En otros términos, la crisis orgánica atrapa el bloque histórico completo (economía + ideología + instituciones) que pierde legitimidad y esto no se arregla con elecciones; exige una reconfiguración total del Estado o una revolución que sea el resultado de grandes movilizaciones populares como una huelga civil general.

Una crisis orgánica no se resolverá de la noche a la mañana, sino que abre un largo periodo de disputa donde diferentes fuerzas sociales intentan construir un nuevo sentido común.

A diferencia de una crisis económica común, una crisis orgánica no es solo un quiebre financiero; es una crisis estructural profunda donde todo el sistema de relaciones entre el Estado, la sociedad y los ciudadanos se rompe.

Lo que se debe tener en cuenta hoy es que en el caso probable de que la ultraderecha consolide su triunfo electoral y llegue al gobierno, su desgaste será rápido propiciando grandes dificultades para su gobernanza autoritaria.

El declive hegemónico de Estados Unidos.

Ahora bien, todo esto que ha ocurrido hoy se da en el marco de la ofensiva imperialista de Trump en la región. Trump y su rosca mafiosa le han dado todo su apoyo a De la Espriella. Son los mismos que quieren ir por Cuba, después de haber impuesto un protectorado en Venezuela.

Trump pretende con su respaldo a ADL convertir a Colombia en una plataforma para sus políticas imperialistas en la región, como en los años del Plan Colombia.

Pero, la imagen de imbatibilidad de Trump se está desvaneciendo. Se conoció la llamada que le hizo a Netanyahu, para que no haga saltar por los aires el acuerdo con Irán. Israel viene avanzando sobre Gaza, Cisjordania y Líbano. Trump quiere terminar la guerra, por lo que presiona por un cese al fuego. Pero no logra controlar a sus aliados sionistas. Y Hezbolá no acepta la tregua mientras Israel siga ocupando el sur de Líbano, así que la cosa no está nada fácil. Al tiempo que Irán intenta establecer una nueva ecuación de disuasión en el Golfo.

Trump también ha tenido derrotas importantes a nivel interno: en los Tribunales y en el Congreso. La Cámara de Representantes, hace poco, votó limitar sus poderes de guerra en Irán, con el voto a favor de 4 republicanos. Aunque la resolución no sea vinculante, es un golpe político fuerte contra una guerra impopular. Entre los Republicanos están cada vez más preocupados por las elecciones de noviembre, mientras los índices de popularidad de Trump siguen cayendo. Son diversas expresiones del declive hegemónico de Estados Unidos, que tendrán impacto en Colombia donde su «peón» de la Espriella entrara en una poli crisis difícil de administrar.

Algunas cuestiones estratégicas que plantea la votación de hoy

El amplio respaldo popular a Ivan Cepeda, sin antecedentes en las votaciones de la izquierda, coloca al movimiento popular en un punto en que se hace necesario preparar y organizar la movilización social generalizada de los distintos sectores del bloque popular: trabajadores, campesinos, jóvenes, mujeres, indígenas y consejos comunitarios. En tal proceso el liderazgo de Petro y de Cepeda son claves para garantizar la contundencia de la acción popular que puede llegar hasta una huelga general nacional para defender las conquistas alcanzadas y bloquear la violencia de las castas oligárquicas, tanto a nivel nacional como en las regiones.

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*Horacio Duque Giraldo es un historiador, analista político y académico colombiano. Cuenta con una sólida formación académica que incluye: Licenciatura en Ciencias Sociales con énfasis en Educación Básica. Maestría en Análisis de Problemas Políticos, Económicos e Internacionales Contemporáneos. Maestría en Relaciones Internacionales. Como analista, es conocido por su enfoque crítico y su vinculación con movimientos sociales. Sus análisis suelen centrarse en la defensa de los derechos humanos, medioambientales y los derechos de comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, especialmente en el sur occidente colombiano. Ha participado como conferencista en seminarios sobre el proceso de paz, promoviendo la pedagogía sobre la democracia ampliada y el pluralismo político

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