• I – Nuestra fuerza invencible es otra
  • II- Invasiones y golpes de Estado de USA en América Latina

                                                           I        

 NUESTRA FUERZA INVENCIBLE ES OTRA

No a la  locura de los jinetes del Apocalipsis: USA y Rusia

Frente al duro, cruel e intolerable conflicto que nos toca  vivir, hay que alzar la vista, como lo hace Leonardo y poder   descubrir las reales y encubiertas causas  del  mayor y  espantoso conflicto  que nos amenaza a todos: “La epidemia  pide la instauración de una gobernanza global para un  problema global. El reto va mucho más allá de las fronteras nacionales; es construir la Casa Común “. Benjamín Forcano

Leonardo Boff. / e. atrio.org

Libro del Apocalipsis, que narra los enfrentamientos finales de nuestra historia entre las fuerzas de la muerte y las de la vida, nos pinta un caballo de fuego que simboliza la guerra: “al que lo montaba se le concedió desterrar la paz de la tierra para que los hombres se degollaran unos a otros” (6,4). La guerra entre Rusia y Ucrania y la orden del presidente ruso de mantener las armas nucleares en alerta máxima, nos traen a la mente la acción del caballo de fuego, la destrucción de la humanidad, es decir, un Armagedón humano.

Las durísimas sanciones impuestas por la OTAN y por USA a la Federación Rusa pueden llevar al colapso de toda su economía. Ante este desastre nacional no se puede excluir la posibilidad de que el líder ruso no acepte la derrota como si Napoleón (1812) o Hitler (1942) hubiesen tomado el país, cosa que no consiguieron.

Entonces cumpliría las amenazas e iniciaría un ataque nuclear. Sólo el arsenal de Rusia puede destruir varias veces toda la vida del planeta. Y una respuesta puede damnificar toda la biosfera sin la cual nuestra vida no podría continuar.

Detrás de esta confrontación Rusia/Ucrania se ocultan fuerzas poderosas en disputa por la hegemonía mundial: Rusia, aliada a China, y los USA. La estrategia de este último es más o menos conocida, orientada por dos ideas-fuerza: “un mundo y un solo imperio” (USA), garantizado por la full-spectrum dominance: la dominación en todos los campos, con 800 bases militares distribuidas por el mundo, pero también con la dominación económica, ideológica y cultural. Tal dominación completa sería la base de la pretensión de “excepcionalidad” de USA, de ser “la nación indispensable y necesaria”, el “ancla de la seguridad global” o el “único poder” (lonely power) realmente mundial.

En esa voluntad imperial, la OTAN, detrás de la cual está Estados Unidos, se ha extendido hasta los límites de Rusia. Sólo faltaba incluir a Ucrania para cerrar el cerco. Misiles colocados en la frontera ucraniana alcanzarían Moscú en minutos. De ahí se entiende la exigencia de Rusia de mantener la neutralidad de Ucrania o en caso contrario sería invadida. Ha sido lo que ha ocurrido con las perversidades que toda guerra produce. Ninguna guerra es justificable porque asesina vidas humanas y va contra el sentido de las cosas, que es la tendencia a mantenerse en la existencia. China, a su vez, disputa la hegemonía mundial no por la vía militar, aun siendo aliada de Rusia, sino por la vía económica con sus grandes proyectos, como el de la Ruta de la Seda. En este campo está superando a los USA y podría alcanzar la hegemonía mundial con un cierto ideal ético, el de crear “una comunidad de destino común participado por toda la humanidad, con sociedades suficientemente abastecidas”.

Pero no quiero prolongar esta perspectiva bélica, verdaderamente insana hasta el punto de ser suicida. Esta confrontación de potencias revela la inconsciencia de los actores en cuestión acerca de los peligros reales que pesan sobre el planeta que, incluso sin armas nucleares, pueden poner en peligro la vida humana. Recordemos que todos los arsenales de armas de destrucción masiva se mostraron totalmente inútiles y ridículos frente a un pequeñísimo virus como el Covid-19.

Esa guerra revela que los responsables del destino humano no han aprendido la lección básica del Covid-19. Este no ha respetado las soberanías ni los límites nacionales. Ha alcanzado al planeta entero. La epidemia pide la instauración de una gobernanza global para un problema global. El reto va mucho más allá de las fronteras nacionales; es construir la Casa Común.

No se han dado cuenta de que el gran problema es el calentamiento global. Ya estamos dentro de él, los eventos fatales de inundaciones de regiones enteras, de huracanes y de escasez de agua dulce, son visibles. Tenemos solamente 9 años para evitar una situación de no retorno. Si hasta 2030 alcanzamos 1,5 ° C más de calor, seremos incapaces de controlarlo e iremos en dirección a un colapso del sistema-Tierra y de los sistema-vida.

Hemos llegado a los límites de sostenibilidad de la Tierra. Los datos de la Sobrecarga de la Tierra (Earth Overshoot) indican que el 22 de septiembre de 2020 se agotaron los recursos anuales no renovables, necesarios para la vida. El consumismo persistente exige de la Tierra lo que ella ya no puede dar. En respuesta, ella nos envía virus letales, aumenta el calentamiento, desestabiliza los climas y destruye millares de seres vivos.

La sobrepoblación mundial asociada a una nefasta desigualdad social, con la gran mayoría de la humanidad viviendo en la pobreza y en la miseria cuando el 1 % de ella controla el 90% de la riqueza y de los bienes y servicios esenciales, pueden conducir a conflictos con incontables víctimas y a la devastación de ecosistemas completos.

Estos, entre otros, son los problemas que deberían preocupar a los jefes de estado, a los CEOs de las grandes corporaciones y a los ciudadanos, pues son los que ponen directamente en peligro el futuro de toda la humanidad. Ante este peligro global es ridícula una guerra por zonas de influencia y de soberanías ya obsoletas.

Lo que nos causa esperanza son esos “Noés” anónimos que brotan en todas partes, a partir de abajo, construyendo sus arcas salvadoras mediante una producción que respeta los límites de la naturaleza, mediante una agroecología, comunidades solidarias y democracias socio ecológicas participativas, que trabajan a partir de sus mismos territorios. Poseen la fuerza de la semilla, de lo nuevo, y con una mente nueva (la Tierra como Gaia) y un corazón nuevo (lazo de afecto y de cuidado con la naturaleza) garantizan un nuevo futuro, con la conciencia de una responsabilidad universal y una interdependencia global. La guerra de estos es contra el hambre y lo que produce la muerte, y su lucha es por justicia para todos, promoción de la vida y defensa de los más débiles y desvalidos. Así es como debe ser y lo que debe ser tiene intrínsecamente una fuerza invencible.

                                                 II

Invasiones, sobornos y golpes de Estado: historia de las intervenciones de EEUU en América Latina

Entre el Río Grande y el Cabo de Hornos hay 10.000 kilómetros y 33 países, y casi todos han visto al vecino del norte entrometerse en sus asuntos

Castro saluda al vicepresidente Richard Nixon en su visita a Washington en 1959. KPA/Zuma Press

Carlos Hernández-Echevarría

9 de febrero de 2019 20:58h

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Cuando en 1823 el presidente estadounidense James Monroe dijo lo de «América para los americanos», en América Latina ya hubo muchos que entendieron a la primera que se refería a «América para los estadounidenses». Los siguientes 200 años les han dado la razón. Entre el Río Grande y el Cabo de Hornos hay 10.000 kilómetros y 33 países, y casi todos han visto al vecino del norte entrometerse en sus asuntos. Intentemos un pequeño resumen.

Invasiones a lo bestia

Estamos acostumbrados a que EEUU se salga con la suya encumbrando dictadores o aplicando presiones económicas, pero conviene recordar que en muchas ocasiones ha sido bastante más directo. Cuando Washington no ha encontrado modos sutiles de proteger sus intereses ha optado por la opción salvaje: la invasión.

Este contundente método fue casi el primero que EEUU empleó en sus relaciones con América Latina. En 1846 el presidente James Polk decidió que el «destino manifiesto» de su país era expandirse y México tuvo la mala suerte de estar al otro lado de la frontera. En dos años de guerra el vecino sureño perdió un tercio de su territorio a manos de los estadounidenses, que se hicieron con casi todo lo que hoy es California, Utah, Nevada, Arizona y Nuevo México.

En 1898 el presidente McKinley tuvo otro ataque de codicia e invadió las colonias españolas en el Caribe. El ejército estadounidense ocupó Puerto Rico y allí sigue hasta hoy. También invadió Cuba por primera vez, una operación que los norteamericanos repetirán en varias ocasiones durante los siguientes 30 años y de nuevo en 1961, cuando la CIA patrocinó la intentona anticastrista de Bahía de Cochinos. También ocupó Haití durante casi 20 años y otros tantos estuvo en Nicaragua para evitar que alguna otra potencia controlara un hipotético nuevo canal para unir el Atlántico y el Pacífico.

Los ejemplos más recientes de intervenciones militares estadounidenses en América Latina son la invasión de la isla de Grenada, una mini guerra para acabar con su gobierno marxista en 1983, y la de Panamá en 1989. Allí las tropas de EEUU derribaron al dictador Manuel Noriega, que curiosamente había llegado al poder gracias al apoyo de la CIA. Otra historia de ida y vuelta es la del dictador Trujillo en la República Dominicana: fue entrenado por los estadounidenses durante su ocupación del país entre 1916 y 1924, pero también fue la CIA la que suministró a sus rivales las armas para asesinarlo en 1961. Cuatro años más tarde, las tropas norteamericanas regresarán al país una vez más para derribar un supuestosto «gobierno comunista».

Intereses económicos

EEUU ha sido particularmente celoso a la hora de defender sus intereses económicos en ‘su’ continente. Casi todo el mundo sabe que la expresión «república bananera» se ha usado para definir a una serie de países centroamericanos donde la United Fruit Company estadounidense hacía y deshacía con total libertad. El término lo usó por primera vez el escritor T. S. Eliot para hablar de Honduras, un país que fue 7 veces invadido por EEUU a principios del siglo XX para abortar diversas huelgas y revoluciones que ponían el riesgo el negocio frutícola.

En la vecina Guatemala, la United Fruit llegó a controlar el principal puerto del país y la red ferroviaria, además de poseer el 42% de la tierra. Su impunidad era tal que no sólo no pagaba impuestos, sino que durante la dictadura de Jorge Ubico la empresa podía ejecutar legalmente a sus trabajadores. Cuando llegó al poder el presidente Jacobo Árbenz e intentó hacer una reforma agraria, un golpe de la CIA lo quitó de en medio y marcó el comienzo de tres décadas de guerra civil. Es solo parte del legado trágico de la industria bananera estadounidense en América Latina, ya que por ejemplo la empresa heredera de la United Fruit también ha reconocido haber pagado escuadrones de la muerte en Colombia,

Dictadores subcontratados

Los gobiernos estadounidenses estaban acostumbrados a hacer intervenciones militares directas y patrocinar golpes en Centroamérica y el Caribe, pero lograr la misma influencia en los grandes países sudamericanos, mucho más estables y lejanos, era un reto difícil. Con el inicio de la Guerra Fría y el endurecimiento del ‘o conmigo o contra mí’, Washington decidió que el modo más práctico de controlar América del Sur era estrechar al máximo sus lazos con las Fuerzas Armadas de esos países. No hacía falta mandar a sus soldados si otros soldados ya estaban allí.

Por los programas de intercambio y entrenamiento de la siniestra ‘Escuela de las Américas’ pasaron más de 60.000 militares de una veintena de países, incluyendo prestigiosos torturadores como Noriega y Torrijos de Panamá, Hugo Banzer de Bolivia o Leopoldo Galtieri de Argentina. Cuando se produjo el golpe de 1976 en este país, la Casa Blanca no sólo sabía por la CIA lo que pasaría, sino que uno de los líderes golpistas tuvo reuniones en la embajada estadounidense en Buenos Aires para explicar exactamente el procedimiento y pactar las explicaciones que habría que dar a la prensa norteamericana.

Washington no sólo consintió la llegada de la Junta Militar argentina, sino que estaba perfectamente al tanto de la ‘guerra sucia’ y las desapariciones forzadas. Pero aún así su implicación fue mucho menor que en el caso de Chile, donde Pinochet había llegado al poder tres años antes. EEUU intentó primero de mil maneras que el socialista Salvador Allende no alcanzara la presidencia, luego que no tomara posesión y desde el día en que lo hizo trabajó para derrocarle. No hablamos solo de presiones económicas, sino de entregas de armas, planificación de asesinatos y otras barrabasadas confirmadas por documentos desclasificados del propio espionaje estadounidense.

Gracias a esos papeles también sabemos que EEUU estaba al tanto de la Operación Cóndor, un mecanismo por el que las dictaduras compartían información para exterminar opositores. A esa mesa se sentaban además de Chile y Argentina, también Brasil (donde EEUU impulsó el golpe que derrocó al gobierno socialista), Bolivia (donde las ayudas militares de EEUU fueron clave para que el ejército se decidiera a tomar el poder), y Paraguay y Uruguay. Todos recibían amonestaciones verbales de EEUU pero apoyos en privado.

En definitiva, EEUU ha invadido varios varios países latinoamericanos, ha contribuido a cargarse la democracia en unos cuantos más y se ha entrometido en los asuntos internos de casi todos. En ocasiones les ha salido el tiro por la culata tras apostar por socios indeseables, pero con mucha diferencia el legado más destructivo de esas políticas es que ahora todas esas naciones tienen motivos más que justificados para sospechar de sus intenciones en cada ocasión. Probablemente esa desconfianza tarde siglos en disiparse.