Lic. José A. Amesty R.

14-febrero 2022

Nos sorprendimos al leer la carta enviada por un militar pinochetista chileno, al presidente electo Gabriel Boric, ante la actitud prepotente, exigente, falta de respeto, amparado en la actual estructura militar de Chile y con unos señalamientos y expresiones increíbles. 

El militar fascista en cuestión, es el ex comandante Jaime Manuel Ojeda Torrent, que todavía odia todo lo que se parezca al gobierno socialista de Salvador Allende. Se denomina “Comandante en Jefe Institucional”, (parece una vieja estructura militar, que todavía perdura en la milicia chilena), y reclama, el por qué el presidente Boric, designa como Ministra de Defensa a la señora Maya Fernández Allende.

Recordemos que la ministra designada, es nieta de Salvador Allende. La carta del militar retirado enfatiza que tal nombramiento es una “afrenta y una humillación” a la institución castrense y su “sagrada historia”.

Dice que la designación es una forma de vengar a su abuelo, y que la señora Maya Fernández Allende odia a los militares, por lo que le hicieron a su abuelo, quien le hizo un daño a la Patria chilena y a la institución militar. 

Concluye su parafernalia, solicitando se reconsidere el nombramiento, si no Maya Fernández Allende se verá expuesta a que uno de los nuestros (el extinto Coronel Alberto Labbé Troncoso), imite la honorabilidad y valentía moral de uno de los militares que se negó a rendir honores a Fidel Castro y, además, si no lo hace renunciaría al cargo de comandante en jefe institucional.

El militar Ojeda Torrent, quien estuvo preso por torturador y asesino, discurre en una serie de señalamientos propios de un ser amargado, que no vale la pena, seguir reflejando.

Ante estos rasgos del militarismo chileno, nos preguntamos: ¿de dónde vienen tales tropelías?, ¿cuáles son los antecedentes de estos seres llamados “gorilas”? Intentaremos dar respuesta revisando un poco la historia de los militares en Chile.

Antes señalamos que, gran parte del alto mando militar actual chileno, hizo ingreso a la institución en plena dictadura de Pinochet. Si bien al día de hoy, no conocemos a ninguno que esté siendo procesado por violaciones a los Derechos Humanos, la mayor parte de ellos sí fueron parte de la fuerza ilegítima que se utilizó, para enfrentar las protestas de los años 80 y desmantelar el Estado, entregando 700 empresas estatales, el agua y las pensiones de los civiles a los grandes grupos económicos, además de cometer terribles y múltiples crímenes que hasta el día de hoy, causan sufrimiento en gran parte del país y, en especial, en miles de familias chilenas.

Más recientemente, en octubre de 2019, tras el estallido social durante la presidencia de Sebastián Piñera, las Fuerzas Armadas y las policías, también han caído en un pozo de desprestigio, no solo por las violaciones a los derechos humanos denunciadas durante el estallido social, sino por cuantiosos desfalcos que han generado millones de dólares en pérdidas al fisco. Se revelaron hechos que probablemente son de larga data, como la corrupción o los abusos, que generaron un golpe importante a su legitimidad.

Hurgando en la historia militar chilena, según estudios de Isaac Caro de la universidad Alberto Hurtado y Alejandro Flores Fuenzalida de la universidad Diego Portales de Chile, en su artículo “Las Fuerzas Armadas de Chile: su historia, su presente y su proyecto de sociedad”, nos muestran los antecedentes violentos de los militares en Chile.

Según los autores, en primer lugar, “existe una sobreestimación de lo bélico en la constitución de la nacionalidad. A partir del siglo XIX se consolida un sentimiento sobre el rol protagónico de los institutos armados. La ocupación del espacio por la nación chilena en el período colonial, la independencia posterior y la consolidación de la República son vistas como derivación de hazañas militares”.

En segundo punto, “la fundación de las Fuerzas Armadas es visualizada por los sectores militares como anterior a la nación”.

Por consiguiente, por tanto, “se puede señalar que existe un mito de fundación simultánea de la raza chilena y del Ejército, que se sitúa en la conquista española y más concretamente en el inicio de la colonia. Esto significa que el Ejército es anterior al Estado chileno, es decir, es el heredero genuino de las virtudes raciales, siendo de mayor antigüedad que el Estado nacional”.

“Estos dos aspectos, la sobreestimación de lo bélico y el mito fundacional simultáneo del Ejército y la raza, van unidos a una concepción de la historia que privilegia claramente lo blanco sobre lo indígena y lo mestizo, lo masculino sobre lo femenino, la fuerza sobre la debilidad”.

“La importancia de lo anterior, radica en el rol fundamental que asumen las Fuerzas Armadas a lo largo de la historia de Chile y, muy particularmente, en el período de la dictadura militar 1973-1989, así como en los hechos registrados en octubre de 2019, con la declaración de un estado de emergencia en Chile”.

Un último elemento señalado por los autores Caro y Flores, es la influencia nefasta del ejército español, el ejército francés, el ejército alemán, y el período de influencia estadounidense. En lo que se refiere a esta última, “los cambios en la institución militar, derivados de la influencia norteamericana, comenzaron a consolidarse a partir del año 1947, cuando regresaron a Chile los primeros alumnos que siguieron cursos en los Estados Unidos.

Paralelamente, en ese año se suscribió el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), así como el Pacto de Ayuda Militar (PAM), acuerdos entre Estados Unidos y los países del hemisferio occidental.

En este período se consolidaron los conceptos de seguridad nacional y seguridad hemisférica, destinados a preservar a la región de un ataque extra continental. La concepción estadounidense de la seguridad nacional se implementó en América Latina a través de los organismos militares interamericanos (TIAR, Junta Interamericana de Defensa, Colegio Interamericano de Defensa, reuniones de los comandantes de las Fuerzas Armadas americanas), los programas de adiestramiento e instrucción y las ventas de armamento”.

Finalmente, como venezolano, me veo tentado a comparar estos militares chilenos con los militares venezolanos actuales. En el caso venezolano, es un gusto y nos place mostrar el carácter Nacionalista y Antiimperialista de ellas, así como particulares y algo distintas en América Latina. 

Desde el día 29 de marzo 2020, a raíz y como respuesta a la provocación política y militar del imperialismo norteamericano de Trump, a saber: la propuesta de una mal llamada “transición democrática” en Venezuela, y luego la acusación de narcoterrorista contra Nicolás Maduro, lo que originó una amenaza militar de USA, al enviar tropas estadounidenses al Caribe y costas venezolanas, con la excusa de un plan antidrogas.

Es así que las Fuerzas Armadas Venezolanas, emite 24 pronunciamientos de las principales estructuras militares de defensa del país (Zonas Operativas de Defensa Integral ZODI, Regiones Operativas de Defensa Integral REDIS, el Comando de Defensa Aéreo Especial Integral CODAI.

Estas provocaciones políticas y militares tuvieron el respaldo de la maltrecha Unión Europea UE, el Pacto de Lima y los gobiernos de Duque-Uribe de Colombia, Jair Bolsonaro de Brasil y Juan Guiado por la derecha venezolana.

Resulta desacostumbrado que un ejército institucional del Estado, y del propio Ministro de la Defensa Padrino López, se pronuncien públicamente con una postura nacionalista y antiimperialista, como fuerzas armadas agredidas, acción poco común en un sistema capitalista. 

Los 29 mensajes militares expresan, por un lado, la respuesta del cuerpo militar frente a una amenaza externa, por demás descarada y prepotente por parte de la burguesía norteamericana que se siente dueña del planeta, y por otro, la respuesta colectiva, poco frecuente y reveladora del nivel ideológico-político dentro del ejército venezolano. 

A su vez, en los documentos emitidos por las Fuerzas Armadas Venezolanas, se evidencian conceptos de avanzada como: “su enfoque frente al problema nacional, específicamente en relación con el pensamiento nacional antiimperialista, que no es una simple postura nacionalista sino una línea que identifica la contradicción política principal de la situación venezolana, pero al mismo tiempo identifica el rechazo, dentro de las fuerzas armadas nacionales, de la forma superior del capitalismo, es decir, del imperialismo”. 

Así mismo, destacan los escritos militares, “el concepto expresado de lucha armada prolongada contra el imperialismo, que es una teoría estratégica relacionada con el concepto vietnamita de guerra popular prolongada y también con nuestras propias experiencias armadas de los años sesenta”. 

Estas posiciones antiimperialistas ocasionan el odio de la derecha venezolana, contra el nacionalismo de los militares venezolanos y aclara por qué EEUU siempre ha querido disolver el ejército venezolano, ahora más acentuado con la consigna “Patria o Muerte Socialista” del ejército venezolano y también presente en los pronunciamientos.

En síntesis, se trata de un nuevo enfoque militar que revela:

1.         Una línea antiimperialista.

2.         Activa lucha de clases.

3.         Propuesta de Alianzas Nacionales anti imperio en Venezuela, América Latina, en el Caribe, en el mundo.

4.         Un rechazo a las provocaciones imperialistas, respondiendo como patriotas con una conducta integral de nacionalismo militar revolucionario, con proyección continental, propios de nuestra herencia histórica libertaria.

Concluimos, señalando, entro otros elementos, algo inusual entre muchos militares en América Latina, “dar nuevos pasos hacia un Estado obrero campesino y comunal cívico militar de “abajo”, vieja propuesta socialista revivida por el comandante Hugo Chávez”.

Lic. José A. Amesty R.