PARA INFLUENCERS DE LA ULTRADERECHA
Gaspar Velásquez Morillo*
La abundante proliferación de influencers de la Ultraderecha contra Venezuela hace pensar que ya reactivaron las diversas tarifas para quienes, sin ningún pudor, expelen por las redes su odio visceral. Y, de acuerdo con la actitud hostil hacia la Revolución Socialista Bolivariana, esto condiciona la cotización indicada para cada quien, que pudiera deducirse para ser clasificados como «influencer de primera, segunda o tercera categoría«, según la perversidad de cada aparición pública, donde la posterior es más letal que la anterior.
Los dardos de la Ultraderecha comunicacional están direccionados a todas las bandas del terreno del juego político. Da grima lo que dicen contra las y los revolucionarios verdaderos y contra Venezuela, pero más grima da cómo se expresan de las y los parlamentarios de la Asamblea Nacional, de la oposición moderada y racional, así como de todo aquel, cualquiera sea el ámbito donde se desenvuelvan. Todo aquello que no aliente la revancha ni la muerte está condenado a ser víctima de desprestigio, chantaje y manipulación.
Llama la atención cómo sectores con aceptables niveles de formación e interpretación del país se inhiben para no ser vilipendiados. Otros, manipulados y chantajeados, salen a la palestra pública para verter su bilis. Y de repente la Ultraderecha cuenta con censores a la hora de grabar y se vale del teleprompter para que sus fichas o activistas connotados se ciñan al libreto imperial, puesto que es de quien pone la plata.
Pero, pero… llama poderosamente la atención que quienes en el pasado gozaron de ostentosos cargos en el Estado y en el gobierno, y otros que salieron revolcados en las trifulcas internas y rodaron cuesta abajo, la emprenden públicamente y con el mayor desparpajo contra la presidenta encargada Delcy Eloína Rodríguez Gómez, contra Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez. Es comprensible tal conducta y, ante situaciones como estas, el profesor Aristóbulo Istúriz acertó en la diana al decir de forma jocosa: «los cogollos son buenos si uno está adentro«. Además, estos sectores lo que originan es ruido, porque se centran en cuestionar todo lo que hagan quienes están enfrentados, expresando su estado personal emocional y carentes de propuestas que tributen a profundizar y consolidar el proceso socialista bolivariano. Por cierto, el Padre Libertador exhortaba a la Unidad, unidad; e inspirándose en ese espejo, igual lo hicieron, con igual efervescencia e intensidad, en su oportunidad el presidente comandante Hugo Chávez Frías y posteriormente el presidente constitucional Nicolás Maduro Moros.
Es pertinente considerar y evaluar que una cosa es hablar de política y otra muy distinta es hacer política.
Venezuela vive momentos inéditos e impredecibles que incluso hacen añicos todos los manuales y referencias que se tengan de revolución alguna. Todo es complejo y no estamos en las mejores condiciones, y eso lo comprenden las bases del PSUV, del Polo Patriótico. Y nos hincha el pecho de orgullo cuando hombres y mujeres en Venezuela, con corazón patriótico y con manos de verdaderos hacedores de historia, se comprometen cada vez más con la Revolución Socialista Bolivariana. Sin embargo, hay quienes se ufanan de tener la fórmula para enfrentar al Imperio y todas sus modalidades de dominación, pero no explican su alquimia transformadora y revolucionaria. Y si piensan que es intensificando la dosis de perversidad y criticando a la presidenta encargada Delcy Eloína Rodríguez Gómez, a Diosdado Cabello y a Jorge Rodríguez, discretamente se arriman al mingo imperial y en algo el Imperio ayuda y agradece… pero también tarifa.
En común, los extremos se unen. «Incendiarios a los veinte y bomberos a los cuarenta«: esa expresión la escuché hace tiempo y debe ser por eso que olvido quién la dijo. Ya esas amargas experiencias las vivieron las distintas revoluciones en el mundo, y algunos sectores «radicales» terminaron de acuerdo. La Ultraderecha y el «tremendismo de izquierda» se sentaron a entenderse en la misma mesa. Eso se vio y no debemos olvidarlo con la reelección del presidente Nicolás Maduro Moros en julio de 2025.
El propósito de las y los influencers de distintos signos y jerarquía es generar zozobra, desazón, frustración, sensación de vacío y desesperanza. Esto, al ser bien manejado con operaciones psicológicas, está también direccionado a generar adicción, dependencia emocional, y así se erigen las y los falsos mesías providenciales.

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