Por: Cicerón Flórez Moya

Como todo nuevo año, 2022 llega con diversas expectativas y posibilidades, con énfasis de cambio, para salir de las recurrentes estrecheces que mantienen la vida de las personas en una incierta y asfixiante parálisis, con derechos restringidos y en general, menosprecio del respeto debido al ser humano.
En Colombia son muchos los problemas acumulados por las negativas políticas de quienes han gobernado. Enfundados en la protección de aberrantes privilegios y aferrados a una concepción clasista del poder, se le han dejado vía libre a los factores que son caldo de cultivo de la pobreza, de la violencia y de la corrupción, males articulados a los intereses de los círculos adueñados de la nación.

Es cada vez más ostensible ese tejido de erráticas puntadas en lo social, en el reparto de la economía, en el ejercicio de la política y en general, en la administración de los bienes que son patrimonio de todos. Los problemas se agudizan con el paso de los días y en vez de ser analizados con reconocimiento de su gravedad y de la necesidad de solucionarlos, se acude a interpretaciones de distorsión, a la mentira como paliativo y se muestran avances que no son ciertos con la finalidad de aplacar la inconformidad, expresada en la protesta social, la cual es reprimida con acciones de violencia de la Fuerza Pública, causante de víctimas, incluidos muertos, desaparecidos, detenidos sin justa causa y perseguidos mediante procedimientos ilegales, sin importar la violación de los derechos humanos y el menosprecio que ello implica a las libertades que garanticen protección y seguridad para todos.

De cara a las elecciones de este 2022 en Colombia se han puesto de presente los desajustes predominantes en el país. Se han denunciado las políticas tramposas consagradas por un Congreso cómplice sometido al servilismo político mediante dádivas burocráticas, equivalentes a la golosina de la mermelada clientelista, tan apetecida por muchos de los aspirantes a la reelección a cargos oficiales.

Los desvíos que se hacen cada vez más evidentes están impulsando una nueva ciudadanía. Y no se trata de promover más divisiones entre los colombianos sino de asumir acciones públicas que lleven a la solución de los problemas para hacer de Colombia un verdadero Estado Social de Derecho, con erradicación de la violencia, de la pobreza y de la corrupción, con igualdad de oportunidades, con salud, educación, trabajo, seguridad, protección ambiental, amplio desarrollo de la cultura y libertades sin discriminación. Es la democracia sin demagogias, ni engaños.

Hay que dejar atrás los embelecos del fascismo, de los grupos armados mafiosos y criminales, de las discriminaciones étnicas, de los dogmas oscurantistas y de los abusos de poder.

Los ciudadanos deben alinearse con quienes garanticen sus intereses para una existencia digna. Tal debe ser la perspectiva de 2022.

Puntada
A la pandemia que azota al mundo no se le pueden seguir agregando los males que también han diezmado la vida.


ciceronflorezm@gmail.com
cflorez@laopinion.com.co

Cicerón Flórez Moya