Félix Carrillo Hinojosa

A lo largo y ancho de Colombia, se han fomentado unas palabras que han hecho mucho daño mental entre nosotros, las cuales son presentadas de distintas maneras en la Ciudadanía, para someterla y llevarla a un estado de indefensión.

«El miedo» y «El odio» son trece letras que han sometido tanto a nuestra gente, que hicieron endosarle a unos pocos, la representatividad de las mayorías, cuyo uso de la palabra jamás han devuelto a sus originarios portadores, porque el doble o triple discurso los ha llevado a mentirles.

Esa imposición a través de esas palabras intimidantes y cercenadoras, que arrincona toda posibilidad de libertad, camina por nuestro País, unas veces con los proyectos impositivos de los gobiernos centrales, departamentales o municipales que poco les interesa la autonomía o cosmovisión de los pueblos sino mostrar las obras que legitimen el poder que se tiene. Otras viajan, en boca de los politiqueros profetas que llenaron de promesa a una Ciudadanía, que termina sometida por unos enanos mentales que fungen como reyezuelos o emperadorcitos.

Se ha fomentado tanto «El miedo» como «El odio», que el desarrollo político en nuestro medio ha perdido su verdadero sentido, donde la Ciudadanía está prácticamente convertida en una servidumbre escalonada, sometiéndola a una obediencia cuyos grados mentales conlleva a señalar, que estamos ante una esclavitud sólida, que se percibe en la adoración imbecil a personajes que se adueñaron de nuestra Nación, que nos convierte en un número, un color de piel, una manada que en fila India votamos por el que nos dijeron, sin conocer sus propuestas.

Ese miedo y odio en manos de los manipuladores tiene siglos de estar circulando en el mundo y Colombia, no es la excepción, sustentado en la siguiente historia que le escuché a mis padres, «un día le dijeron a mis abuelos y padres, que lo mejor era pertenecer a un trapo rojo o azul. Nuestra gente se lo creyó y empezó a circular esas dos banderas con sus estrategias llena de inequidad, violencia, muerte, todo planificado para mantener el poder y llevarnos a una extrema pobreza, que cambia de gobierno más no se reduce. Todo había que hacerlo con rabia, orgullo y coraje al portar el trapo con esos colores mientras los ideologos de esos bandos se reunían y reían de «esa manada de populacho» que se mata sola».

En medio de ese pugilato acordado entre Conservadores y Liberales creció el descontento que aun persiste, para aparecer en el escenario «La Guerrilla» con unos ideales que le hicieron ganar adeptos, que con el pasar del tiempo y ante el surgimiento de una nueva economía sustentada en el narcotrafico, secuestro y conformación de ejércitos con niños y jóvenes, se fue diluyendo y apareció «El Paramilitarismo» que refrendó el viejo acertijo de los abuelos, «fue peor el mal que la medicina», fenómeno que estuvo cosdyubado por el gobierno y sus órganos de inteligencia, policía y militares, que construyó un segundo ejército como «salvador» de un pueblo, que estaba en manos de unos desalmados, eso fue lo que argumentó el centro de poder.

Todos han contribuido a una guerra sin sentido, del que nos quedan grandes coletazos que siguen cubiertos de esas dos palabras.
Ya no hay partidos y la mayoría de los movimientos que existen, son un remedo de las viejas propuesta del pasado politiquero, donde hay muchos «Caciques para poco indios», según el decir de muchos.
La mentira es la constante para cautivar incautos, máxime que el dinero compra todo.

Los inexistentes partidos tradicionales y los que manejan los pastores, saben que están cerrando un ciclo de vida partidista.
Le corresponde a una nueva generación de políticos consecuentes con la horrible realidad que vive Colombia, en especial, La Ciudadanía de a pie, decirles No al continuo uso del miedo y odio, al saqueo de los recursos y elegir bien, que es otro de los grandes problemas que tenemos.

Hay que poner a Colombia por encima de un burdo lenguaje que va del «CastroChavismo», «Peor que Venezuela, Cuba y Nicaragua» y «No al comunismo y socialismo», para enrutarla por donde debe transitar una Nación atrasada como la nuestra, en donde este gobierno ha jugado un papel nefasto, al no ponerle inteligencia a los acuerdos con las Farc, a sostener de manera burda a Juan Guaidó como la salvación del hermano País fronterizo y abrirle la puerta sin orden a los migrantes, en donde muchos llegaron a portarse bien y otros a hacer de las suyas en compañía de la delincuencia nacional, al tiempo que ha descalificado a la JEP y a los representantes de los Comunes, desarrollando muy poco, el cumpliendo a los acuerdo, donde la muerte es la que manda en contra de los desmovilizados.

Colombia y muchos gobiernos externos, se han dedicado es ver, al que puso el dueño del Uberrimo, cantando vallenato, tocando guitarra, bailando, jugando fútbol, haciendo las mismas pinolas que le hace a los ciudadanos de a pie, en donde su incapacidad de gobernar bien le ha ganado a todos los anteriores presidentes, y no es que estos últimos lo hayan hecho bien. Es tan malo este gobierno que derrotó a Uribe Vélez y al Centro Demoniaco. Por ese logro, lo felicito.

Todos estos hechos, deben llevar a la Ciudadanía a romperle el pescuezo al «odio» y «miedo», derrotar al que diga de nuevo el dueño del Uberrimo, los industriales y gremios, y a unos medios de comunicaciones manejados por periodistas con camisetas definidas que ponen en riesgo ese noble oficio y derrotar la absteción que siempre juega de local y favorece a los mismos de siempre.

Mi propuesta política apunta a derrotar a más de lo mismo, que me impulsa a pedirle el apoyo con diez millones de votos para el #PactoHistorico para renovar el Congreso y llevar a la Presidencia a @gustavopetrourrego. –Fercahino
#Desdemiraya

Félix Carrillo Hinojosa