Por: Ricardo Robledo

En los Cuadernos Filosóficos de Lenin, hay un comentario que sirve para ilustrar lo que se puede esperar para el futuro próximo de Colombia: “Cuando un materialista aplica sus conclusiones teóricas en la práctica, con cierta proporción de cautela, puede garantizar, ello no obstante, que sus conclusiones contienen cierto grado de la más indiscutible certidumbre. Y esto se debe a que cuando dice: “todo depende de las circunstancias”, sabe de qué lado hay que esperar la aparición de las nuevas circunstancias que modificarán la voluntad de la gente en la dirección que él desea; sabe muy bien, que en último análisis, son de esperar del lado de la “economía”, y que cuanto más cierto sea su análisis de la vida económico-social de la sociedad, más digna de confianza será su predicción respecto del futuro desarrollo de la sociedad” (pág. 517).

Si de economía se trata, esto quiere decir, ni más ni menos, que para el 2022, Colombia seguirá siendo una sociedad controlada por el narcotráfico, el gran negocio que la blinda ante las crisis y vaivenes del mercado. No cierran por pandemia. Las instituciones y la población seguirán siendo vistos como un botín.

La clase dirigente tradicional, sabe que el control de las instituciones le garantiza su poder económico; y los narcotraficantes han aprendido que necesitan de la política para proteger su economía. Coincidencia total de cóncavo y convexo; además la geopolítica se los facilita; los invasores imperialistas los dejan trabajar, siempre y cuando, se sometan a sus planes de piratería en la región. Impunidad a cambio de soberanía. ¡Ajua!

La izquierda colombiana, no está preparada ni organizada para enfrentar el poder de la triple alianza oligarquía-narcos-imperialismo. Ni parece que lo estará en el corto plazo. Menos para gobernar y mantenerse ante los embates de estas colosales fuerzas antidemocráticas y desestabilizadoras.

Los más puros marxistas socialistas, se han mantenido en cuarentena ideológica hasta por cincuenta años, evitando el contagio social y esperando que pase la pandemia del capitalismo, para entonces decir: “teníamos razón, nuestro pensamiento es justo y bueno”. Mientras tanto, las fuerzas contrarrevolucionarias, se dan un banquete con la vida de los líderes sociales. La muerte de estos es parte de la estrategia geopolítica; ni la ONU, ni la OEA, ni las instituciones van a hacer nada para evitarlas. La represión es estatal, selectiva, quirúrgica, genocida. Para el imperialismo, todo el que defienda la soberanía de su país, es un cruel terrorista, que se convierte en objetivo militar.

La izquierda no pasa de disputas, protestas, marchas y huelgas de hambre, nada de organización, ni de unidad. En Venezuela, Chávez les dijo: “o se unen todos o los van a despedazar”; en Colombia nos están matando, mientras la izquierda sufre de parálisis ideológica. ¿Qué será lo que quiso decir Lenin en el ¿Qué hacer? cuando habla de los métodos artesanos de trabajo?

La teoría de la izquierda colombiana es mítica, religiosa y evolucionista. Confían en que al final se hará justicia; esperan pasivamente que algún día llegará el mesías que se acordará de los que fallecieron esperando la resurrección de los muertos, que habrán de nacer a la nueva vida. Pero no se dan cuenta que cada generación de colombianos es objeto del trabajo activo de la ideología, la política, la economía y la cultura de la triple alianza. Los patrones son los que generan empleo y garantizan los ingresos para sostener las familias; así sea desde sentarse en una silla plástica en medio de las calles de los barrios o manejar las finanzas de la nación. Por eso, hay magnates uribistas en los estratos uno, dos, tres y cuatro, dispuestos a dar su vida por el protector.

Para el 2022, la ultraderecha volverá al poder pintada de cualquier color; si hay que teñir canas, se tiñen; si el candidato quiere avistar ballenas en la Plaza de Bolívar, se le compran una, dos, tres, diez, cien, las que sean. Para eso hay plata. El botín lo justifica.

Julio 19 de 2020