José Gregorio  Linares

Colombia invadió a Venezuela

El 26 de julio de 1901, por orden del gobierno conservador de José Marroquín, un regimiento de 6.000 colombianos invadió a Venezuela por la frontera con Táchira. “Aquel ejército había traído la consigna de saquear nuestros pueblos, mancillar nuestra honra y enriquecerse con el fruto de nuestro trabajo”. Ante la agresión de Colombia, el presidente Cipriano Castro proclamó desde Caracas: “El sagrado territorio de la Patria ha sido invadido por un ejército de colombianos. Compatriotas, pido y reclamo en nombre de Venezuela, el concurso decidido de todos sus hijos”.

De inmediato, los venezolanos salieron a enfrentar a los invasores. Nuestras fuerzas eran numéricamente inferiores, pero lucharon con heroísmo: “cada jefe realizó maravillas, cada soldado se cubrió de legítimos laureles”. Al final, los ocupantes fueron derrotados. Según los informes: “Diezmado el enemigo por todas partes y desalojado de sus trincheras, empezó a huir a la desbandada”.

Dos proyectos geopolíticos: Bolivarianismo versus Monroísmo

Lo que se ventilaba en esta guerra no eran simplemente las diferencias entre dos gobiernos, sino el conflicto entre dos proyectos geopolíticos antagónicos: el bolivariano y el monroísta. El primero se proponía frenar el avance expansionista de EEUU y defender la soberanía de las naciones suramericanas. Era liderizado por el presidente de Venezuela Cipriano Castro; y acompañado por el presidente de Ecuador, Eloy Alfaro; el de Nicaragua, José Santos Zelaya, y por el líder liberal colombiano Rafael Uribe Uribe. Los cuatro suscribieron el pacto en 1900.

El segundo bloque representaba a EEUU y a la oligarquía colombiana. Sus planes eran que EEUU ocupara posiciones estratégicas en Suramérica para así ejercer mejor su dominio. Para ello debían desestabilizar los gobiernos nacionalistas e imponer gobiernos vasallos. El ataque debía ser dirigido especialmente contra Venezuela, vanguardia de la lucha antimperialista para la época.

En esta coalición Colombia no era más que un alfil de EEUU. Su participación consistía en ofrecer, en primer lugar, su ejército como punta de lanza contra los países vecinos; en segundo lugar, su territorio como base de operaciones militares; y en tercer lugar, al pueblo colombiano como carne de cañón. ¿La recompensa? la oligarquía colombiana se convertiría en socia menor de Norteamérica, Colombia expandiría su territorio a costa de sus vecinos, el pueblo colombiano sería sometido  por un gobierno militarista, y el Estado colombiano obtendría la protección de EEUU.

En toda esta pugna, el papel asignado a los venezolanos opositores a Cipriano Castro fue vergonzoso: debían unirse al ejército invasor y atacar a sus propios compatriotas. Al frente de estos opositores fue colocado Carlos Rangel Garviras, un político ambicioso y sin escrúpulos, quien aportó un contingente de ochocientos soldados traidores a su Patria. Al terminar los combates éstos fueron abandonados a su suerte en territorio colombiano.

En la contienda no estuvimos solos. En el polo bolivariano se situó el luchador colombiano Rafael Uribe Uribe, quien preguntó: “con qué derecho Colombia, por su sólo interés particular, compromete la independencia y porvenir de las demás repúblicas hispanoamericanas, favoreciendo el desmesurado desarrollo del imperialismo yanqui”.

Tras la derrota, EEUU como “buenos aliados” recompensaron “generosamente” a Colombia por su invasión contra Venezuela: Sí, ¡dos años después, en 1903, le arrebataron completico el territorio de Panamá! Alegaron “el derecho de expropiación sobre las razas incompetentes”. La respuesta del “incompetente” gobierno colombiano no pudo ser más ignominiosa. Se cuenta que el general Pedro Nel Ospina fue a protestar por la agresión estadounidense ante el Presidente de Colombia. Éste lo recibió diciéndole: “General, no hay mal que por bien no venga. Perdimos Panamá, pero tengo el gusto de volverlo a ver por esta casa”.

La historia se repite

Hoy Colombia se convierte una vez más en el brazo armado del gobierno gringo. Ahora cede su territorio para que los marines se entrenen en zonas adyacentes a Venezuela. Allí adiestran al ejército colombiano bajo el pretexto de que ejecutan la “Operación Antidrogas de Mayores Esfuerzos”. La prensa justifica la presencia de los marines, a quienes considera docentes en ejercicio: “estos instructores trabajarán en capacitar a unidades del Ejército colombiano en la lucha contra el narcotráfico”, afirman. Y como para que en USA no haya duda de que sus militares no corren ningún riesgo, afirman: “En ningún momento habrá tránsito de tropas extranjeras, ni participarán en operaciones militares. Las operaciones militares las desarrollan exclusivamente las tropas colombianas”. ¡Qué generosos!

Mientras tanto la élite colombiana somete a su pueblo a una manipulación ideológica y mediática que exacerba la xenofobia contra Venezuela, y propicia el olvido de las agresiones gringas contra Colombia. Cuenta además con los paramilitares y los narcotraficantes, con licencia para matar. Así como con el beneplácito de la oposición venezolana apátrida, que les aceita las armas y les aporta argumentos.

Su principal objetivo es atacar Venezuela y destruir la Revolución Bolivariana. Pretende así cercenar nuestra soberanía y derrocar el gobierno. Su consigna es la misma que en el pasado: “saquear nuestros pueblos, mancillar nuestra honra y enriquecerse con el fruto de nuestro trabajo”.

La oligarquía colombiana está envalentonada porque cree que con la ayuda de los marines y sus “estrategias pedagógicas” lograrán su cometido. Olvidan que Chávez les advirtió: “no se equivoquen, si algún día se les ocurre la loca idea de venir a invadirnos, aquí los haremos morder el polvo defendiendo la libertad de nuestra tierra. Que no se olviden los gringos que aquí están los hijos de Bolívar”.

En Venezuela amamos la paz; pero cada vez que reafirmamos nuestra soberanía entramos en conflicto con EEUU, y la Colombia pro gringa se convierte en el brazo armado de esta potencia. Olvida esta Colombia pitiyanqui que por hacer ese triste papel, en 1901 fue derrotada y sus huestes tuvieron que… huir a la desbandada. Olvida esa Colombia Monroísta, que al igual que en el pasado, también existe hoy una Colombia Bolivariana. Sí, una Colombia digna con un pueblo antimperialista, que junto a Venezuela, su gobierno y su pueblo gritan: “yanqui, go home”.