Por. Cicerón Flórez Moya

Es hipocresía y hasta burla la expresión de condolencia del alto Gobierno por la infausta muerte del joven Dilan Cruz mediante la acción desproporcionada en que incurrió un miembro del Escuadrón Móvil Antidisturbios de Policía Nacional, ESMAD.

Por la información que se tiene, el disparo del agente contra el joven no se justificaba. Fue una acción precipitada. No había un acto de hostilidad contra nadie y Dilan Cruz se encontraba en actitud pasiva, de modo que no mediaba razón para enfrentarlo con semejante intención represiva, con un disparo letal. Medicina Legal, que es agencia gubernamental, afirma que fue un homicidio.

En Colombia el culto a la Fuerza Pública tiene excesos que minimizan sus desvíos recurrentes. En dicha institución también hay abuso de poder y en no pocos casos se violan los derechos humanos y no faltan operaciones de corrupción protagonizadas por quienes hacen parte de los altos mandos.
Los ´falsos positivos´ es un expediente revelador de esa situación. Otros hechos también dan cuenta de desatinos. La conclusión es que no es tan impoluta la conducta de quienes están investidos de poder en las Fuerzas Armadas y de Policía. Hay denuncias sobre sórdidos episodios comprobados.

Reconocer los actos desmedidos de la Policía y de las Fuerzas Militares no es desconsideración con tales instituciones. Es tomar en cuenta una realidad que debe cuestionarse y corregirse en beneficio de todos. Lo contrario es caer en una permisividad nociva con efectos de perturbación. El aberrante episodio de los falsos positivos configura una conducta que resta legitimidad y desdibuja la función del Estado como garante del derecho.

Es insólito que a la protesta social, amparada por la Constitución como expresión de la democracia, se le responda como se hizo en el caso de Dilan Cruz. A eso se agrega la recortada visión del Gobierno de los problemas que han dado origen a la movilización de inconformidad.
No puede ser que respecto a desajustes tan sentidos se apliquen procedimientos de agresión contra ciudadanos ajenos a los provocadores disidentes. Lo que queda en claro es que de parte del Gobierno no es mucha la voluntad de asumir el examen de los problemas con el rigor que requiere la búsqueda de soluciones efectivas. Porque no es con medidas de fuerza como se pueden erradicar los factores generadores de los males que alimentan el hastío popular.

En vez de la muerte de Dilan Cruz debió orientarse la gestión del Gobierno en la promoción de un debate tendiente a encontrar fórmulas capaces de desmontar ese andamiaje construido mediante el diseño de una sociedad clasista aferrada a preservar los privilegios de una “mezquina nómina”, como insumo de la desigualdad.
Si lo que ha movilizado al país en los últimos días no le abre paso a la reflexión oficial y a la decisión de cambio, se seguirá en el callejón sin salida y no es extraño que se repita el capítulo de Dilan Cruz.

Puntada
El Premio de Periodismo Simón Bolívar otorgado a Gerardo Reyes es el reconocimiento a un ejercicio profesional dinámico de la comunicación, con predominio del conocimiento, la inteligencia y la responsabilidad. Un legado relevante es el suyo.

Email. ciceronflorezm@gmail.com