Por: María Fernanda Barreto

Pocos días antes de que entrara en vigencia el capítulo III de la Ley Helms-Burton, tuvimos la oportunidad de conversar con Rogelio Polanco, embajador de la República de Cuba en Venezuela, al respecto. Nos adentramos con él en las razones de esta medida, sus implicaciones geopolíticas y la posibilidad de que esta ley estadounidense cumpla el objetivo que Estados Unidos (EE.UU.) se ha planteado: presionar a Cuba para que rompa la profunda relación que tejieron Fidel Castro y Hugo Chávez entre ambos países.

Embajador, ¿En qué consiste el título III de la Ley Helms-Burton que se activa ahora?

Esta ley es una nefasta legislacion de EE.UU. adoptada en el año 96 por el congreso de ese país y que pretende la recolonización de Cuba. Por eso nuestro pueblo la ha llamado con razón “La ley de la esclavitud”.

Es el intento más acabado de establecer en una sola norma jurídica toda la intensión histórica de la potencia norteamericana de someter a nuestro país a sus designios. Con ella le quitan la potestad ejecutiva al presidente de su país para llevar la política exterior hacia Cuba, y codifica todas las leyes anteriores en un solo cuerpo jurídico que tiene un marcado carácter extraterritorial, y por tanto ilegal desde el punto de vista del derecho internacional. Consta de cuatro títulos en los que se establece de manera pormenorizada todas las acciones que debe desarrollar EE.UU. para garantizar el derrocamiento de la Revolución cubana, el sometimiento del actual gobierno de Cuba a la jurisdicción de los EE.UU. y de esa manera, establecer un llamado gobierno de transición que certificaría cuándo estarían compensadas las propiedades nacionalizadas por Cuba para dar por terminado el objetivo de esta ley. El título III es el que permite la activación de tribunales en EE.UU. para recibir las demandas de ciudadanos de ese país contra empresas y ciudadanos de terceros países que han invertido en propiedades que fueron nacionalizadas por la Revolución cubana en los años sesenta. Esto sienta un precedente muy negativo, primero porque se estaría cuestionando el derecho de un país a establecer nacionalizaciones y, por otro lado, se permitiría que un país pueda establecer acciones legales contra hechos que ocurren en una nación extranjera.

Hasta este momento las administraciones anteriores a Trump -e incluso en el primer año de esta administración- habían suspendido la implementación de este título porque entraña estos riesgos jurídicos y a su vez implica serias confrontaciones con otros países aliados.

Cuba había ofrecido una compensación por estas nacionalizaciones hace muchos años, ¿no es así?

Sí, Cuba llevó a cabo una serie de nacionalizaciones en el año 59 como parte del cumplimiento de los objetivos de la Revolución: hacer de Cuba un nación verdaderamente soberana e independiente, que regresaran al pueblo sus recursos naturales que habían estado durante décadas en manos de empresas extranjeras y ciudadanos de otros países, principalmente de Estados Unidos. Una de las primeras leyes que se promulgó fue la Ley de Reforma Agraria, que cumplía un sueño de nuestro pueblo y era que al fin la tierra fuera del que la trabaja. Ello implicó un conflicto con numerosas empresas de EE.UU. que poseían las tierras más fértiles y a su vez se aprobaron otra serie de leyes que confrontaron la hegemonía de EE.UU. en Cuba. Fueron nacionalizados centrales azucareros, bancos, minas, empresas eléctricas y otras empresas que eran propiedad de ciudadanos estadounidenses. Eso fue parte también de la lucha de clases que se dio al principio de la revolución. Recordemos que EE.UU. se negó a refinar petróleo proveniente de U.R.S.S. y luego en otra acción también arbitraria, dejó de recibir parte de  la llamada cuota azucarera de exportaciones de Cuba hacia su país, con lo que dio un golpe grave a nuestra economía y al bienestar de nuestro pueblo. Por lo que de manera legal, nuestro gobierno tomó la decisión de nacionalizar las refinerías y centrales azucareros, y finalmente todas las empresas estadounidenses en Cuba. Luego ofreció una compensación igual a la que ofreció a cinco países europeos y  Canadá.

Con los gobiernos de España, Francia, Gran Bretaña, Suiza y Canadá se logró en un diálogo de igualdad, alcanzar acuerdos de justa compensación. El gobierno estadounidense de manera soberbia y arrogante, no estuvo de acuerdo con hacer esas negociaciones y en lugar de eso rompió relaciones con nuestro país y en el año 62 estableció el bloqueo contra nuestro país. El proceso de compensación establecía plazos, costos con arreglo a derecho de la ley internacional, incluso la Corte Suprema de EE.UU. dictaminó que habían sido acordes al derecho las nacionalizaciones hechas en ese momento por Cuba.  Sin embargo, el gobierno estadounidense impidió que se llegase a un acuerdo al respecto.

¿Qué empresas se espera que demanden? Lo pregunto porque últimamente han estado declarando en la prensa estadounidense personas que dicen ser descendientes de familias cubanas que para el momento eran propietarias de bancos, ferreterías y otros negocios, es decir, familias de la burguesía cubana y no empresarios norteamericanos.  

Desde hace muchos años una entidad de EE.UU. determinó el número de posibles demandantes, que según esa lista son alrededor de seis mil. Ese tema se ha estado permanentemente abierto a negociación, Estados Unidos incluso ha planteado montos. En esa lista estaban quienes para el momento eran de nacionalidad estadounidense. Pero la Ley Helms Burton abrió la posibilidad de que ciudadanos que eran cubanos para el momento de la nacionalización y que posteriormente adquirieron la nacionalidad estadounidense se incluyan en estas demandas. Esto es aún más arbitrario y complicaría aún más el proceso de solución a una negociación eventual sobre la compensación a los que realmente eran ciudadanos de ese país para el momento de la nacionalización y a los que Cuba siempre ha estado dispuesta a un proceso de negociación integral que incluya también las demandas del pueblo de Cuba por los daños ocasionadas por el bloqueo durante todos estos años. Que son demandas que fueron introducidas en el año 99 y 2000 en tribunales cubanos, y que por tanto son de obligatorio cumplimiento para el gobierno cubano en cualquier proceso de negociación con los Estados Unidos, estos daños rondan los 300 mil millones de dólares. De hecho, durante la administración Obama se realizaron conversaciones sobre este tema tan complejo como gesto de buena voluntad mutua de abordar este tema.

Desde el año 96 varios de los países que pueden ser perjudicados por el alcance del título III de la ley establecieron las llamadas leyes antídotos que impiden la aplicación de la ley Helms´-Burton en sus jurisdicciones. Es por ello que se dio la rápida y contundente declaración de varios países de la Unión Europea y Canadá, que establecieron que defenderían a sus empresas con inversiones en Cuba y que llevarían demandas ante la Organización  Mundial del Comercio.

¿Cómo beneficiará todo esto a Donald Trump?

Pienso que hay un error evidente de proceder y de diagnóstico de la actual administración en cuanto a la política exterior hacia Cuba. Una acción como esta va en contra de los propios intereses de los Estados Unidos en la arena internacional y de sus ciudadanos. En el año 2018 por ejemplo, viajaron 650.000 estadounidenses a Cuba y 500.000 cubanos residentes en Estados Unidos, viajaron también.

Cualquier acción que busque limitar la relación con Cuba va contra los intereses de sus propios ciudadanos, y a la vez este título de la ley Helms- Burton va contra sus aliados y contra la libertad de navegación, la libertad de comercio, es decir, las propias leyes fundamentales del capitalismo. Esta administración ha tenido acciones imprevisibles en su política exterior, ha accionado contra el multilateralismo, aislándose de importantes acuerdos multilaterales.

¿Pero no cree que esta activación podría tener un fin electoral?

Claro, sólo nos queda como elemento a tomar en cuenta para entender esta acción insensata de la administración Trump, la politiquería doméstica, de alcance electoral de la Florida. Una vez más la política exterior hacia Cuba se convierte en un elemento de política interna, especialmente electoral. En el conflicto entre los partidos de ese país, algunos consideran que una acción agresiva contra Cuba, les daría rédito político electoral al Partido Republicano y al presidente Trump  para su reelección. Lo cual se aleja de la realidad porque el presidente Obama, ganó en la Florida precisamente con un cambio de visión de la política que trató de interpretar el sentir generalizado de la comunidad cubana y en general, de la sociedad estadounidense en relación con nuestro país.

El pasado mes de septiembre Trump invocó la doctrina Monroe en la ONU, ahora uno de los argumentos dados para justificar esta medida es la necesidad de ejercer presión sobre Cuba con el fin de que deje de apoyar a Venezuela ¿Le parece probable que el gobierno cubano ceda a este chantaje? ¿O que el pueblo cubano al sentirse presionado por esta medida exija a su gobierno apartarse de Venezuela?

Ellos saben que eso nunca va a pasar. La política exterior de la Revolución Cubana siempre ha estado basada en la solidaridad, el internacionalismo y la lealtad a los valores que defendemos. Nunca nuestro pueblo ni nuestro gobierno revolucionario, han cedido a chantajes de esta naturaleza por ningún gobierno extranjero y en particular por EE.UU.

Es el proceder histórico del imperialismo el que siempre ha pretendido someter a otros pueblos por la vía de la fuerza. La realidad es que desde el inicio de la revolución cubana, Estados Unidos pretendió condicionar cualquier mejoría en las relaciones bilaterales a que Cuba dejara de cumplir con su política exterior solidaria o que hiciera concesiones en su política interna. Cuba nunca cedió al chantaje. Recordemos la ayuda solidaria del pueblo de Cuba a los pueblos de África, al pueblo de Vietnam, el apoyo a la lucha de Puerto Rico por su independencia y el apoyo a las luchas de liberación nacional de América Latina y el Caribe.

Nuestro pueblo ha estado negado siempre a aceptar presiones para rendirse en su política soberana, independiente y solidaria.

Los intentos de la actual administración estadounidense de usar como pretexto la ayuda solidaria de Cuba a Venezuela están condenados al fracaso más rotundo. Además, aprovechamos para denunciar que Estados Unidos pretende justificar sus acciones sobre la base de calumnias, diciendo que Cuba tiene un ejército de ocupación en Venezuela o incluso tratar de “matones”, -como llego a llamarlos el asesor de seguridad John Bolton- a nuestros dignos médicos que prestan su servicio internacionalista en tierra bolivariana.

Rechazamos estas calumnias, reiteramos nuestra solidaridad total con el gobierno bolivariano que encabeza el presidente Nicolás Maduro y reiteramos que ninguna amenaza impedirá la relación solidaria entre nuestros países.

El 2 de mayo también hay nuevas medidas contra Irán ¿Considera que es una casualidad o es la evidencia de que ambas medidas forman parte del mismo plan geoestratégico?

Esta administración ha estado tomando medidas contra el derecho internacional desde la misma llegada al poder. La retirada del acuerdo de Paris sobre el cambio climático, del acuerdo nuclear con Irán, de la Unesco, del Consejo de DD.HH. de la ONU y de los principales acuerdos económicos multilaterales de los que formaba parte, ha traído, por supuesto, un conflicto con el mundo entero al tratar de usar estos elementos como arma de presión.

Que estas medidas coincidan en la fecha es sólo parte de una escalada agresiva contra todo gobierno y todo país que no se le someta, con lo cual EE.UU. está amenazando la paz y la seguridad internacional, porque recordemos que en la carta de la ONU se establece la prohibición de la amenaza del uso de la fuerza, la no injerencia en asuntos internos de otras naciones y la igualdad soberana de los estados. Estos son elementos fundamentales del derecho internacional que están siendo pisoteados y ese acto constituye una amenaza a la paz.

Cuba tiene sesenta años resistiendo la presión política y también militar de los EE.UU ¿Es realmente es probable que el actual gobierno estadounidense se atreva a una acción militar directa o apoye un nuevo intento del lobby cubano-miamero como la fracasada invasión a Bahía Cochinos?

EE.UU. ha tenido como base de su política exterior la agresión permanente a otros países y el uso de la fuerza en su acto más descarnado que es la invasión a otros países sobre la base de los pretextos más inusitados. Es parte de su visión geopolítica unilateral, militarista. Por eso tienen 800 bases militares en 80 países con más de  250.000 efectivos. Su política exterior se basa en el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, por tanto nada puede descartarse y por eso en Cuba hemos mantenido siempre nuestra preparación militar basada en la doctrina de “Guerra de todo el pueblo”.

Somos un país pequeño a sólo noventa millas de la más grande potencia económica, militar y tecnológica del mundo contemporáneo. Hemos sido objeto de un bloqueo criminal durante décadas, hemos sido sometidos a acciones violentas de todo tipo y también como bien mencionabas fuimos objeto de una invasión militar directa a nuestro país, financiada por el gobierno de EE.UU.

Durante todos estos años Cuba ha estado amenazada. Sin embargo, hemos mantenido nuestra convicción de que la unidad de nuestro pueblo y la preparación para enfrentar cualquier agresión imperialista, es nuestro seguro de vida. Sabemos en la medida en que una acción de esa naturaleza resulte más costosa, lo pensarán varias veces antes de cometer el gravísimo error de una acción militar contra Cuba.

¿Y una agresión militar a Venezuela?

Todos los voceros de EE.UU. han repetido como un mantra durante los últimos meses que “todas las opciones están sobre la mesa”. Esa frase soberbia es el reconocimiento de que están haciendo uso de la amenaza de usar la fuerza contra un  país independiente y soberano como Venezuela. En su momento Cuba denunció de manera oportuna y firme el movimiento de tropas y medios para una acción militar contra Venezuela.

La amenaza contra la nación bolivariana se mantiene latente. Por eso lo importante es que el mundo entero lo denuncie, lo rechace e impida que una acción de esa naturaleza se concrete.

¿Cree que estas presiones políticas, económicas y militares sobre Cuba y Venezuela podrían conducir a la imposición definitiva de la doctrina Monroe?

Totalmente negada esa posibilidad. A pesar de que EE.UU. haya invocado la doctrina Monroe, y el asesor de seguridad Bolton, frente a los derrotados de Bahía Cochinos en Miami haya dicho que la doctrina Monroe está viva y muy bien, esto no se corresponde con la realidad. Han tenido que reconocer que están frente a un mundo diferente, una América Latina que no admitirá las agresiones e invasiones que durante décadas llevó a cabo el gobierno estadounidense.

Es cierto que históricamente han considerado a América Latina y el Caribe “su traspatio” y numerosas teorías han sido invocadas durante más de dos siglos para tratar de justificar ese propósito. Sin embargo, la América Latina de hoy no es la misma de hace doscientos años. Ha vivido un proceso en el cuál en años recientes llegaron al poder gobiernos progresistas, de izquierda, revolucionarios. Lo que no ocurría desde el triunfo de la revolución cubana y algunas experiencias posteriores que fueron derrotadas, nunca se había dado que coincidieran varias experiencias antihegemónicas en la región. Por tanto, aunque hoy estamos viendo una regresión de este proceso, esa regresión es coyuntural. Tenemos que verlo en una perspectiva estratégica.

El hecho de que hayamos tenido esas experiencias recientes le da a los movimientos revolucionarios y progresistas de esta región, lecciones de errores que pudieron cometerse y  experiencias para nuevas victorias en el futuro porque lo que sí está claro es que la acción depredadora del capitalismo no tiene futuro en nuestra región. Esto se demuestra en que los gobiernos de derecha que han llegado recientemente al poder en la región están muy lejos de estar consolidados y lejos de la seguridad de su continuidad en el poder.

Viendo a largo plazo, le será cada vez más difícil al poder hegemónico de los EE.UU. retrotraer la historia de América Latina a los períodos en los cuales, por la vía del poder militar y otros instrumentos de dominación, pretendieron hacer de América Latina parte integral de su territorio.