Por Alberto Pinzón Sánchez*

Juan Sebastián Lozano, analista de la revista alternativa Raya.com, en un artículo publicado el 16.09.2026, pone el dedo en la herida abriendo una interesante discusión preguntando ¿por qué la extrema derecha colombiana, necesita un enemigo muerto y exhibido? Y comienza por la exhibición o show del actual presidente colombiano, para luego avanzar el concepto de necropolítica del filósofo camerunés Achille Mbembe. Dice así:

…” La primera escena ocurrió el 2 de septiembre, cuando Abelardo de la Espriella hizo una alocución presidencial rodeado de rostros adustos de militares, en la que anunció la muerte de 23 miembros del Frente Carolina Ramírez, disidencia de las antiguas Farc, «dados de baja por el Ejército». Los cadáveres, en bolsas, estaban exhibidos frente a una mesa con armas incautadas, y en las redes sociales y los medios se hicieron virales imágenes del presidente caminando entre los muertos. El 4 de septiembre se repitió el show: el primer mandatario anunció la muerte de cuatro «narcoterroristas» de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), entre ellos su líder, Naín Andrés Pérez Toncel, de 26 años, alias «Bendito Menor», y los cadáveres, cubiertos, estaban frente a él. Después de los pronunciamientos, De la Espriella gritó su viejo eslogan, «Firmes por la patria», y, con la mano empuñada, soltó el nuevo: «Que viva Cristo Rey» https://revistaraya.com/la-politica-del-cadaver-por-que-la-extrema-derecha-necesita-un-enemigo-muerto-y-exhibido.html

Lo que podemos decir sobre el concepto de necropolítica; es que fue esbozado en 2003 y sustentado más ampliamente en el 2009, con relativo éxito por el filósofo camerunés Achille Mbembe, quien apoyado en los varios escritos de Franz Fanon (1952 a 1964) y, en las trágicas e infames experiencias de la historia: la esclavitud negra, el colonialismo de la acumulación originaria del Capital, el posterior apartheid en Sudáfrica y la más reciente destrucción de Gaza (siempre la historia como matriz), critica la idea postmoderna de «biopolítica» de Michel Foucault, argumentando que la soberanía moderna y el poder global moderno, no solo gestiona la vida, sino que mediante la super tecnología difusa y automatizada de los algoritmos y la Inteligencia Artificial, y, la privatización del antiguo monopolio Estatal de la violencia en manos de mercenarios y asesinos por contrato; decide quien puede vivir y quien debe morir. Tal y como la presenciamos pavoridos en los noticieros universales, cuando narcos paramilitares colombianos, ejecutaron por contrato, al presidente de Haití Juvenal Moise en julio de 2021.

La necropolítica exige que no basta con darle muerte al “enemigo”. Hay que exhibirlo. Mostrarlo como un trofeo de cacería. Pasearse por sobre sus cadáveres envueltos en piadosas bolsas blancas. Tomarse fotos y videos y agradecerle a Cristo Rey tal éxito de la autoridad y la ley. Impresionado por las exhibiciones, el columnista Lozano lanza otra pregunta ¿cuál poder legítimo se puede construir así?

No es difícil responder esta pregunta. Lo que su se puede es tomar estas demostraciones actuales concretas del poder central en Colombia, y aunarlos a otras demostraciones y amenazas de destripamientos colectivos, de muertes seleccionadas y hacer un poco de memoria histórica colombiana, para profundizar en la discusión que, hoy día está, en todos los escenarios ¿El actual gobierno de Abelardo de la Espriella, cargado de tigre y con el ojo rojo puesto en ateos, herejes y disidentes, es un gobierno de la extrema derecha oligárquica colombiana, o simplemente es un paso más de continuidad, hacia arriba, en la calidad del fascismo colombiano?

 En este caso, respondo con el castellano “rajáo y franco” que me transmitió mi madre y se habla en la región comunera de Santander Colombia donde según el viejo refrán castizo se llama “pan, al pan y al vino, vino”:

Fascismo y necropolítica a pesar de ser conceptos históricos concretos y sinérgicos que en la actualidad muestran su complementariedad, son conceptos diferentes. Como lo son la extrema derecha y fascismo.

En Colombia la necropolítica se conoció desde el mismo momento en que los representantes del naciente Imperio colonial español pusieron pie en lo que llamaron la Nueva Granada (Se puede ampliar esta afirmación en las referencias dadas en mi artículo https://prensabolivariana.org/2026/09/11/breve-historia-de-lepra-en-colombia-estigma-dominacion-y-exterminio/ ), que además de la lepra, el estigma, el extermino y el genocidio racial de los naturales y su remplazo como fuerza de trabajo por los esclavos africanos, nos trajo también la Santa Inquisición de los obispos guardianes del reino de Cristo rey, quienes desde Cartagena de Indias dictaminaban quien era enemigo interno, quien NO era creyente en la virginidad de María, ni en posibilidad biológica de la fertilización del ovulo humano por un palomo, quien era hereje, disidente o excomulgado, etc y debía ser torturado, arrancada su culpabilidad y la de sus allegados y por lo tanto, debían ser quemados con sus allegados o en caso benigno, podían tener una muerte más piadosa en la horca. Y, como no había falsimedia, la exhibición se hacía en la plaza pública.

Después, durante el proceso de transición y el cambio de hegemón español por el inglés, vino la contrarrevolución comunera del arzobispo-virrey y el padre Finestrad en la región comunera de Santander, que descuartizó y decapitó a los dirigentes de la revolución comunera de 1781, exterminó a sus familiares, sembró con sal sus minifundios y exilió a toda una población a las selvas del Darién a que murieran de abandono hambre y paludismo ¿más necropolítica quieren? Treinta años después, vino la cruenta guerra de independencia que ya bajo el mando de Simón Bolívar duró hasta 1824, cuando los representantes del Imperio español fueron derrotados en Ayacucho y expulsados de Nuestramérica. Al morir el Libertador en 1830, tomó el mando el pérfido leguleyo Santander, quien que al brillo de los empréstitos ingleses puso bajo la hegemonía de ese nuevo Imperio naciente al pueblo colombiano. Durante esta hegemonía más globalizada ocurrieron las 9 guerras civiles del siglo XIX entre liberales enemigos de los conservadores y de estos, a su vez, enemigos de los liberales y cuyos muertos fueron los peones y rústicos campesinos colombianos, que ebrios de chicha fermentada de maíz y con estandartes religiosos se mataban a machetazos en celebradas batallas campales o verdaderas matazones “necropoliticas”.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, vino otro proceso de transición hegemónica de reemplazo del hegemón inglés por el estadounidense. Que es sellado en Colombia con otra guerra de matazones necropoliticas contra los enemigos radicales que dura más de mil días y sella la sujeción y dependencia total de Colombia al nuevo Imperio surgido en el norte de América.

En el siglo XX, concretamente después de la primera guerra mundial y del colapso económico de 1929, surge en Europa y el olvidado Japón, impulsado por la burguesía financiera global  el fenómeno histórico y de clase social del Fascismo y el militarismo, que han sido muy estudiados desde muy diversos ángulos del pensamiento humano incluido el marxismo (al cual me acojo) y  cada uno de sus estudiosos eruditos ha tratado de anteponerle un prefijo latino para lograr una mejor comprensión a sus hallazgos investigativos: Fascismo tradicional, post fascismo, tardo fascismo, neo fascismo, donde la necropolítica de la muerte industrializada de los campos de concentración nazis, en la actualidad se ha tenido que aceptar que se ha convertido en un auxiliar del fascismo como se desee llamar, es decir en un verdadero para fascismo.

Colombia no ha sido ajena al fenómeno. En 1920 (perdonen que recurra nuevamente a la historia) cinco jóvenes universitarios provincianos con ínfulas oratorias y pertenecientes al católico partido conservador, Silvio Villegas, Eliseo Arango, Joaquín Fidalgo Hermida, Augusto Ramírez Moreno y José Camacho Carreño, fundaron el grupo ultra conservador influido por el fascismo europeo que se autodenominaron los leopardos ¡pobres felinos! con el objetivo era combatir a los enemigos de la iglesia católica y hacer imposible un posible gobierno de liberales masones y socialistas ateos. El gobierno conservador gobernante bajo cuyas alas pelecharon estos universitarios durante 10 años, finalmente perdió las elecciones frente a su enemigo liberal en 1930. Pero el tóxico de sus ideas habían cuajado en una franja grande de electores, quienes ante la pérdida del gobierno pusieron la dirección partidaria conservadora  en manos de a un orador más estruendoso y agresivo que aquellos aprendices universitarios llamado Laureano Gómez, alumno aventajado de los jesuitas en el colegio de San Bartolomé de Bogotá, furibundo partidario del nacional catolicismo español y del Estado vaticano, quien con su politica de hacer invivible el gobierno liberal logra llevar en 1946 a la presidencia de Colombia a su copartidario Mariano Ospina Pérez. Ambos personajes como directivos del partido conservador, de la mano de los servicios de inteligencia estadounidense, son llevados en 1948 a la fatídica politica (necro) de ajusticiar a su enemigo liberal Jorge Eliecer Gaitan. Lo que provoca el llamado Bogotazo del 9 de abril de 1948, que como Gaitán lo dijo textualmente: “Ninguna mano del pueblo se levantará contra mí y la oligarquía no me mata, porque sabe que, si lo hace, el país se vuelca y las aguas demorarán cincuenta años en regresar a su nivel normal”. Y así fue. El país se volcó a un conflicto interno de muertes determinadas por una necropolítica fascista decretada desde el poder central que dura hasta hoy, 78 años después, sin que las aguas vuelvan a su nivel normal.

Y así, se ha seguido agregando prefijos a una realidad histórica cambiante y proteiforme, que como Togliatti el amigo y camarada de  Gramsci en la lucha antifascista lo dijo; es “camaleónica”, muy distinta en tiempos y lugares, hasta llegar el actual Tecno fascismo, término que me parece adecuado en este proceso de crisis civilizatoria global y de transición  de hegemonía, que se ha dado en llamar unilateralismo posterior a la II guerra mundial hacia un multilateralismo, donde tres superpotencias capitalistas atómicas, con pavorosos y amenazantes complejos militares industriales, financieras y tecnológicas y sus respectivas países o pequeñas potencia de sus respectivas áreas de influencia, se reparten a dentelladas (quiero decir mediante feroces guerras hibridas) el Sistema Global del Capitalismo Universal,  para determinar cuál modelo de capitalismo dominará: Si  capitalismo de la troika de S Amín, o capitalismo ruso, o capitalismo chino. Es lo que está en definición.

Fuente imagen internet en  https://www.bbc.com/mundo/articles/c87ve8gr0llo

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*Alberto Pinzón Sánchez. es un médico cirujano y antropólogo colombiano, reconocido como uno de los analistas más profundos del conflicto social y armado en su país. Su trayectoria combina el rigor científico con un activismo intelectual incansable por la paz, lo que lo llevó a integrar la histórica Comisión de Personalidades (Notables) durante los diálogos del Caguán (1998-2002), donde aportó propuestas clave para la humanización del conflicto. Debido a su pensamiento crítico y su defensa de los derechos humanos, se vio obligado al exilio en Europa, desde donde continúa su labor como ensayista y columnista. Sus escritos destacan por un enfoque interdisciplinario que disecciona la geopolítica regional, las estructuras del poder estatal y la necesidad de una solución política negociada. Es una voz de referencia para entender la historia contemporánea de Colombia, siempre abogando por transformaciones estructurales que garanticen la justicia social y el fortalecimiento del Estado social de derecho.

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