Por Rubén Riveros Ortúzar*

Rubén Riveros Ortúzar fue un hombre de gran inquietud intelectual. Médico endocrinólogo, sirvió en hospitales públicos y ejerció la docencia en su especialidad en las Universidades de Chile y Universidad de Santiago, tras regresar de su exilio. Durante su estadía en el extranjero, además de trabajar en hospitales de Bélgica, desarrolló su inteligencia en campos de la física y la matemática, llegando a establecer contacto con sabios del nivel de Stephen Hawkins. De regreso en nuestro país, además de la docencia y práctica de su principal oficio, realizó numerosos micro-programas de difusión de poesía y canción de contenido revolucionario, como en las variadas expresiones de matriz folklórica latinoamericana y europea, además de conversatorios de divulgación científica. Desde hace tres años, colaboró activamente a la ampliación de nuestro acervo filosófico, como miembro de la Fundación Nueva educación y Sociedad FNES. Rubén ha fallecido hace un par de días, y nos dejó un último texto que compartimos en POLITIKA.


Los micro-túbulos y la consciencia

Lo cuántico –del latín quantum– nos orienta a lo relacionado con unidades mínimas e indivisibles de energía llamadas cuántos, con que calificamos los niveles más pequeños de la materia. A esa escala ultrapequeña, la energía no fluye de manera continua sino a saltos entre pequeños paquetes.

La física cuántica es la rama científica que estudia los comportamientos de la materia y de la luz a escalas atómica y subatómica como electrones, átomos y fotones sensibles que, al ser observados o medidos, alteran su estado de modo inmediato.

Muchos creían que las neuronas disparaban señales eléctricas, como los interruptores de un ordenador clásico, de forma secuencial y predecible, ceros y unos biológicos, pero siempre supe, que eso era dolorosamente insuficiente.

Un ordenador clásico, por muy complejo y rápido que sea, nunca sentirá el calor del sol ni comprenderá verdaderamente el significado de una obra de arte, porque la conciencia no puede nacer de simples interruptores que se encienden y se apagan. Entonces me di cuenta de que debíamos buscar más profundo.

Dentro de cada una de tus neuronas, existe una red de tubos microscópicos, un andamiaje estructural, llamado microtúbulos. Estas estructuras son tan asombrosamente pequeñas, tan perfectas y simétricas, que operan en la frontera misma del mundo cuántico

¿Qué pasaría, si estos túbulos fueran capaces de aislar partículas, manteniéndolas en esa danza de múltiples realidades simultáneas?

El cerebro humano

A donde quiera que vayas hoy, escucharás voces eufóricas, que aseguran que las máquinas pronto despertarán. Nos dicen que la inteligencia artificial, impulsada por la fuerza bruta de estos nuevos ordenadores cuánticos, inevitablemente, alcanzará la conciencia. Sus defensores afirman, que tú y yo somos simplemente computadoras biológicas, máquinas hechas de carne y que, si construyes un sistema electrónico, con suficientes conexiones, eventualmente llegará a tener pensamientos, sentimientos y comprensión.

Yo he sostenido, durante décadas y se los digo hoy, con absoluta certeza matemática, que esto es una peligrosa y profunda ilusión

El computador cuántico

El ordenador cuántico construido en el laboratorio, es un sistema artificial cerrado y aislado de forma extrema, para evitar que sus frágiles posibilidades colapsen antes de tiempo. No tiene conciencia, de lo que hace y no bastan las realidades paralelas que utiliza porque, al final del día, necesita desesperadamente, que un observador humano, vea la pantalla del sistema y extraiga un resultado con significado para el operador de este sistema.

Tu cerebro, por el contrario, no es un sistema aislado. Esos minúsculos túbulos dentro de tus neuronas están íntimamente abrazados a la estructura geométrica fundamental del espacio y el tiempo cuando tienes un instante de genuina inspiración, cuando de repente comprendes la solución de un problema que te atormentaba durante años.

Tu mente, no está ejecutando una simple línea de código, la gravedad está forzando a esas múltiples posibilidades cuánticas, dentro de tu cabeza, a tomar una decisión física; estás accediendo a verdades inmutables, incrustadas en el tejido más profundo del cosmos.

La conciencia existencial

La ciencia de los últimos 300 años ha querido convencernos de que somos unos accidentes biológicos sin propósito; simples espectadores irrelevantes, atrapados en una roca que gira en un universo mecánico frío y muerto; que la conciencia no es más que un truco evolutivo, sin importancia cósmica.

Pero las leyes de la física cuántica, unidas a la inquebrantable fuerza de la gravedad, nos gritan una historia completamente distinta: la dura verdad es que no es un accidente, la conciencia es una pieza estructural indispensable en la arquitectura de la existencia.

Sin ese proceso físico de colapso cuántico, sin ese puente milagroso entre las múltiples posibilidades y el mundo sólido, que ocurre única y exclusivamente dentro de una mente consciente, el universo, sería un lugar mudo ciego y carente de significado.

Tú no estás simplemente observando el universo, tú eres el mecanismo exacto, a través del cual, el universo despierta, se observa asimismo y se hace real.

Nos encontramos entonces, en el borde del abismo final; todo lo que hemos discutido hoy sobre máquinas, gravedad y partículas, nos lleva a esta última y deslumbrante revelación

La belleza de la conciencia

Sólo nosotros, poseemos la capacidad, de caminar por el mundo, absorbiendo el infinito y de transformarlo en una realidad sólida.

Piensa en lo que sucede cada vez que miras a los ojos a otra persona, o cuando comprendes, repentinamente, una nueva idea matemática. No estás ejecutando un simple programa de computadora, no eres un algoritmo biológico atrapado en un cráneo de hueso. Dentro de ti, está ocurriendo una tormenta, orquestada por el mismísimo cosmos.

Billones de colapsos cuánticos continuos, guiados por la geometría pura de la gravedad, están creando destellos, de entendimiento real, en el interior de tus microtúbulos y el universo, allá afuera, es un lienzo vasto, violento y monumental, lleno de estrellas ardiendo, agujeros negros super masivos y galaxias enteras, que chocan en la más absoluta y fría oscuridad, en un despliegue físico, de una escala aterradora. Te aseguro esto, con toda la convicción, de una vida dedicada a la física.

Sin una mente consciente, que pueda mirar hacia arriba, procesar esa inmensidad y sentir un profundo asombro, todo ese majestuoso universo material, no tendría absolutamente ningún significado, sería un inmenso teatro vacío, una sinfonía silenciosa, sonando eternamente para nadie.

El progreso relativo del computador cuántico

El ordenador cuántico cambiará nuestra sociedad, nos ayudará a preservar las curas para enfermedades formidables, nos ayudará a diseñar materiales que hoy nos parecen brujería y resolverá ecuaciones que a un ser humano le tomarían miles de millones de años es cierto, pero esa máquina, jamás en toda la eternidad, podrá sentarse frente a un atardecer y comprender íntimamente porqué es hermoso o la entidad de un peso moral, de una decisión, ni el vértigo existencial de enfrentarse a lo infinito, porque el significado, la verdad y la belleza, no se pueden calcular, son entidades reales que habitan en un plano superior y sólo una mente consciente, viva y conectada a los cimientos cuánticos de la creación, puede sentirlas

La conclusión

He pasado mi vida entera, persiguiendo estas verdades y enfrentándome a los misterios más esquivos del espacio y del tiempo y sé perfectamente que compartir este nivel de pensamiento, de manera profunda y sin atajos, requiere un esfuerzo monumental.

Vivimos en un mundo invadido por el ruido superficial, en el que detenerse a contemplar la arquitectura secreta de la realidad, es un acto de inmensa valentía.

Ustedes, los que tienen la audacia de cuestionar los límites de su propio entendimiento, son los únicos, que pueden y deben mantener viva la llama de la ciencia genuina.

Si estas ideas, han expandido hoy tu visión del cosmos, es porque se ha encendido una chispa de asombro en esa milagrosa red cuántica de tu mente y el cosmos ha tardado 14 mil millones de años en perfeccionar la maquinaria biológica, necesaria para poder observarse a sí mismo.

No desperdicies ese milagro, pensando que eres inferior a una máquina, tú eres la pieza central del rompecabezas. Eres el universo despertando cada día.

Santiago, 2 de septiembre de 2026

♦♦♦

*Rúben Riveros Ortúzar fue un médico especialista en endocrinología y comunicador chileno. Se desempeñó como médico cirujano y especialista en endocrinología, atendiendo en centros médicos como en la comuna de Las Condes, en Santiago de Chile. Participó activamente en la comunicación y divulgación científica a través del canal «América Libre de Todo un Poco», donde condujo programas enfocados en esta área. Fallecimiento: Su muerte fue informada públicamente a comienzos de septiembre de 2026, siendo recordado por organizaciones y medios de orientación socialista.

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País Chile
Fuente
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