Ociel Alí López *

El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, asumió la jefatura de Estado el pasado 7 de agosto y arrancó su gestión como prometió su campaña y tal como el pueblo colombiano escogió en el balotaje.

Independientemente de los excesos que han ocurrido en este corto tiempo —su puesta en escena de caminar entre cadáveres en bolsas mortuorias, el asesinato de tres niños por un bombardeo del Ejército, entre otras cuestiones enmarcadas en el tema del conflicto armado—, la verdad es que Colombia conoce muy bien cuáles son las consecuencias del discurso y la actuación militar por el que apostó el 21 de junio, en la segunda vuelta electoral.

Esta dinámica significa un giro en relación a la política de paz total del expresidente Gustavo Petro, y plantea, quizá con respaldo popular, volver a los esquemas belicistas.

Colombia: una historia de violencia

Vale recordar que, durante este siglo, Colombia ha sido gobernada por gestiones que han clausurado las opciones de paz para decantarse por políticas guerreristas.

Estas opciones, como la que en su momento representó el expresidente Álvaro Uribe (2002-2010), han tenido una importante legitimidad y han llevado a Colombia no solo a la guerra, sino a ser durante muchos años el único país de la región que se contraponía a las salidas de izquierda. Posteriormente a Uribe gobernó el expresidente Juan Manuel Santos (2010-2018), quien intentó cambiar esta versión e intentó hacer la paz a pesar de haber sido ministro de Defensa del gobierno anterior y llevar a cabo numerosos casos de violaciones a los derechos humanos. Sin embargo, el resultado de su propuesta de pacificación fue incierto, en tanto perdió un plebiscito en 2016 en el que intentaba respaldar su política de diálogo.

Así llegó el gobierno del izquierdista Petro, proponiendo una «paz total», pero tampoco consiguió el anhelado objetivo. Ciertamente no hubo un aumento generalizado de la violencia, pero las estructuras criminales siguieron operando, se burlaron del Estado, no hicieron diferenciación entre gobiernos de izquierda o de derecha y mantuvieron su esquema guerrerista. Estas organizaciones desconfiaron de las instituciones del Estado, las cuales, durante muchas épocas históricas, han utilizado también los diálogos de paz para luego lanzar avanzadas armadas que han costado la vida a miles de colombianos, tanto en armas como en procesos de pacificación. Esta desconfianza mutua atentó contra la gestión de Petro.

La caída de ‘Bendito Menor’ proyecta la idea de un Estado que no se deja burlar, lo cual representa un indudable punto a favor para la recién comenzada gestión.

Lo que actualmente hace de La Espriella no es algo desconocido ni una sorpresa: fue su promesa de campaña volver a este esquema y ha partido ya con algunos aciertos. Quizá el más evidente es la muerte de Naín Andrés Pérez Poncel, alias ‘Bendito Menor’, neutralizado a comienzos de septiembre de 2026 en La Guajira. La victoria temprana del nuevo presidente radica en que el mencionado criminal no solo era un comandante de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), sino también un ‘influencer’ que constantemente utilizaba redes como TikTok e Instagram* para burlarse del Estado, exponer la impunidad con la que actuaba y mostrarse libre por el territorio en motocicleta, sin ningún contrapeso. La figura de ‘Bendito Menor’ se contrapone diametralmente a la de los líderes guerrilleros o paramilitares tradicionales, quienes mantienen bajo perfil, permanecen escondidos y raras veces salen en medios. Su caída proyecta la idea de un Estado que no se deja burlar, lo cual representa un indudable punto a favor para la recién comenzada gestión.

De la misma forma, la imagen que más ha causado escozor en las organizaciones de derechos humanos y en los sectores moderados y democráticos a escala internacional, ha sido la del mandatario caminando entre cadáveres en bolsas mortuorias para exhibir fortaleza militar. Esto ha sido duramente criticado; sin embargo, forma parte de la estética que de La Espriella quiere producir y no de un error de cálculo. Ante la oleada de cuestionamientos, volvió a aparecer rodeado de cadáveres días después. Se trata de una política comunicacional a la que le está sacando rendimiento en un país acostumbrado a este tipo de escenarios e imágenes.

La realidad que se percibe es que Colombia está muy lejos de una pacificación, por el contrario, los aires de guerra han vuelto con enorme fuerza.

Y es que resulta necesario ponerse en los zapatos del elector conservador, que ha visto durante años a Colombia como un país fragmentado, donde el Estado solo controla ciertos espacios para mantener el orden público, mientras vastos territorios están gobernados y usufructuados por grupos irregulares que atienden menos a ideologías y más al violento pragmatismo de los negocios ilícitos. En este contexto, las críticas formuladas por Petro ante la muerte de ‘Bendito Menor’ por el no respeto a la vida, pueden terminar generando mayor fortaleza a de La Espriella, quien se percibe como un líder dispuesto a perseguir sus fines sin atender rigurosamente a los esquemas constitucionales. Por el contrario, a través de nuevas alianzas militares con Israel y EE.UU. y con tecnología de inteligencia avanzada, intenta ejecutar lo que otros gobiernos no lograron: derrotar militarmente a los grupos armados irregulares. No obstante, la realidad que se percibe es que Colombia está muy lejos de una pacificación, por el contrario, los aires de guerra han vuelto con enorme fuerza.

Por supuesto, para evaluar este primer mes de gestión hay que tomar en cuenta el fuerte terremoto de magnitud 7,4 ocurrido el 10 de agosto de 2026, con epicentro en San José del Palmar (Chocó), y daños en ciudades del eje cafetero y el Valle del Cauca. De La Espriella actuó rápidamente y supo pasar la página de la tragedia para imponer su agenda. Hoy la discusión pública no gira en torno a las consecuencias del sismo o la respuesta estatal ante la emergencia, sino a lo que sucede en el campo colombiano y en los múltiples frentes de guerra abiertos contra diversos grupos.

El flanco débil

Donde se le ha visto más la costura al Gobierno ha sido en la parte económica, principalmente porque el presidente no ha querido abrir del todo ese flanco. Los recortes fiscales esperados por el país no se han ejecutado; de hecho, ha aumentado el gasto social y ha pospuesto decisiones complejas requeridas por sus aliados internacionales. Sin embargo, un hecho ha generado un malestar inmediato en las bases sociales (tanto en las que se le oponen como en las que lo apoyan): la suspensión momentánea y el retraso en el pago a los pensionados. Esto contrasta con la gestión de Petro. Si bien el mandatario ha respondido que esto obedece a la situación financiera heredada y ha ofrecido un aumento en las pensiones una vez se estabilicen las finanzas, el manejo económico actual y los ajustes futuros representan su mayor foco de tensión. Por ello necesita victorias rápidas que le permitan ganar reconocimiento para luego atender la situación económica crítica utilizando los métodos clásicos del ajuste y el recorte al gasto social que seguramente traerá otro nivel de conflictividad.

EE.UU. cambia las reglas del juego de las operaciones militares antidrogas en dos países suramericanos

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Otra figura que ha hecho sombra no solo a de La Espriella, sino a toda la política tradicional colombiana, ha sido la gestión de Nubia Córdoba, gobernadora del Chocó. Tras el terremoto, la mandataria local emergió como una líder social y política con gran aplomo, excelente manejo institucional de la crisis y proyección internacional. A partir de este escenario, Córdoba queda posicionada en un evidente auge de cara al panorama nacional y a los próximos ciclos electorales que en Colombia duran apenas cuatro años, mostrándose desde ya como una opción para renovar los rostros de la política colombiana.

El regreso a la guerra apenas comienza en el campo colombiano.

Después de casi 100 años de confrontación armada pareciera que es muy difícil estabilizar al país. La actual Administración ha venido a «echarle leña al fuego» y no sabemos si al final de su mandato podrá controlarlo y seguirá siendo como al final de este primer mes, un país en creciente llamarada.

*Perteneciente a Meta, organización calificada en Rusia como extremista, cuyas redes sociales están prohibidas en su territorio.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de PB.

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*Ociel Alí López. Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América latina.

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País Colombia
Fuente https://actualidad.rt.com/
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