Por Jair de Souza*

A medida que se acerca el mes de mayo, la memoria de todos los que soñamos con un mundo regido por la justicia, la solidaridad y la fraternidad se vuelve inexorablemente hacia una hazaña heroica ocurrida hace 155 años. Fue cuando hombres y mujeres se pusieron en acción con vistas a construir el primer experimento de sociedad que tenía por base y fundamento la dignidad, la igualdad de derechos y el compañerismo entre todos sus integrantes, es decir, una en la que la brutal opulencia de unos pocos no prevaleciera sobre las necesidades de la gran mayoría.

Por supuesto, me refiero a la Comuna de París, el primer intento de revolución social en el mundo llevado a cabo teniendo como principios rectores conscientes los intereses, sentimientos y aspiraciones de las clases trabajadoras.

Sin embargo, como sabemos, esta experiencia fue breve y no tuvo éxito, ya que, en menos de dos meses, una conjunción de las fuerzas contrarrevolucionarias de la burguesía y los demás explotadores logró, por medio de una terrible masacre, derrotar a los heroicos luchadores que se habían atrevido a desafiar el poder y los privilegios de los «bien nacidos».

Pero, a pesar de no haber alcanzado la emancipación deseada, la Comuna de París siempre debe verse y sentirse como un hito de máxima importancia para orientar a las clases trabajadoras de todos los países en todas sus batallas e intentos de edificar un nuevo mundo, libre de explotación.

Lo que sí es seguro es que el sacrificio de aquellos abnegados seres que se entregaron en cuerpo y alma a una tarea tan difícil, a despecho de su fragrante inferioridad material, nos ha legado numerosas e indispensables lecciones, que todos los luchadores del campo popular de hoy tienen el deber moral de recuperar y valorar debidamente.

La primera gran enseñanza que se puede extraer de aquella fracasada experiencia es tenerlo claro que no hay odio más virulento que el de las clases dominantes hacia cualquier intento de la clase trabajadora de poner fin a sus privilegios. Para la burguesía y para los explotadores en general, nada es más intolerable que ver a personas de humilde ascendencia atreverse a pretender ocupar espacios considerados exclusivos de las clases señoriales. El odio de clase que existía en la época de la Comuna sigue destilandose con igual intensidad hoy en día.

Otro punto que se mantiene completamente válido es la necesidad de que reconozcamos la importancia del papel de la mujer en los procesos de lucha por transformaciones revolucionarias. Ningún movimiento es digno de considerarse realmente libertador si no permite y posibilita que sus mujeres ejerzan el mismo protagonismo que el de sus compañeros masculinos.

También debería servirnos para impulsar nuestras reflexiones la constatación de la necesidad de actuación conjunta y coordinada entre las diversas vertientes que componen la vanguardia de los sectores populares. La Comuna nos ha enseñado que tenemos que dejar de lado divergencias secundarias y puntuales, y unificarnos para enfrentar a los verdaderos enemigos de todos nosotros.

Además de lo ya citado, otra cuestión que permanece en la orden del día tiene que ver con el papel de los medios de comunicación. Aunque los actuales instrumentos de difusión de ideas sean muy diferentes de los que existían en tiempos de la Comuna, los grandes grupos económicos capitalistas todavía ejercen un inmenso predominio en relación con la transmisión de noticias y pensamientos. Por lo tanto, encontrar maneras de superar tal desafío sigue siendo una tarea de fundamental relevancia para las fuerzas que actúan a favor de las mayorías trabajadoras.

Teniendo en cuenta el panorama que buscamos trazar en las líneas anteriores, me gustaría sugerir enfáticamente que vean con atención la valiosa contribución analítica hecha por el historiador Vladimir Acosta disponible en este enlace: https://www.dailymotion.com/video/xa781sy

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Publicado originalmente en portugués en:

https://www.brasil247.com/blog/as-licoes-inesqueciveis-de-maio-de-1871-f37aecd0

https://altamiroborges.blogspot.com/2026/04/as-licoes-inesqueciveis-de-maio-de-1871.html


*Jair de Souza es un respetado economista y analista político brasileño, graduado en Economía y Magíster en Lingüística por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Su formación interdisciplinaria le permite analizar la realidad social no solo desde las cifras, sino también desde el discurso y la construcción de sentidos en la política. Con una larga trayectoria de compromiso militante, es conocido por su defensa de la soberanía popular y su crítica frontal a las políticas neoliberales que han marcado la historia reciente de Brasil y América Latina.

Como analista, es un colaborador frecuente en medios de comunicación alternativos y redes de pensamiento crítico, donde desentraña las estrategias de manipulación mediática y el papel de las élites financieras en la desestabilización de procesos democráticos. Su visión integra la economía política con un análisis profundo de la comunicación, denunciando cómo se utilizan los mecanismos lingüísticos para justificar el despojo social. Es una voz clave para entender las tensiones del Brasil contemporáneo, el resurgimiento de las corrientes progresistas y los desafíos del movimiento popular frente a la extrema derecha.

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