…tanto las guerras como las intervenciones, EEUU las ha hecho sobre la base de mentiras y chantajes.
Luis Manuel Arce Isaac* – periodista cubano
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acaba de lanzar otro de sus farolazos que no alumbran, sino oscurecen: “Voy a abrir el estrecho de Ormuz de forma permanente y China está muy contenta ante este desenlace”. Asegura que ya lo está “reabriendo para siempre”. Todo es mentira. La única vía para liberarlo es la paz, la política, la diplomática.
Vamos a pensar que no está loco o bajo un ataque de esquizofrenia, pues decir que son cosas de orate le haría un gran favor ante un hipotético proceso judicial por sus delitos, ya que un tribunal manipulado trataría de considerarlo un lunático para cometer arbitrariedad, violar principios sobre la verdad objetiva y absolverlo aunque lo encuentre culpable, como ya sucedió.
Aunque Xi Jinping ha desmentido sus afirmaciones, Trump insiste en su Truth Social que
“China está muy contenta de que esté abriendo permanentemente el estrecho de Ormuz. Lo estoy haciendo por ellos, y por el mundo”, y “¡Estamos trabajando juntos de forma inteligente y muy eficaz! ¿Acaso no es mejor que pelear? Pero recuerden, somos muy buenos peleando, si es necesario, ¡mucho mejores que nadie!”.
Eso también es mentira. Estados Unidos ha perdido casi todas sus guerras como tal, incluso las que dio como ganadas; Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, Yemen, Libia y otras muchas. La Segunda Guerra Mundial la ganó el Ejército Rojo con apoyo de la resistencia en Europa. El papel de los aliados fue secundario y el del Pentágono terciario, aunque no se puede negar que fueron importantes y así lo reconoce la historia.
No es lo mismo guerra que invasión en la que impera el abuso, como las de México, Guatemala, Panamá, República Dominicana, Granada, Cuba y algunas más. Todas, tanto las guerras como las intervenciones, EEUU las ha hecho sobre la base de mentiras y chantajes. Es la pura realidad, y si no lo quieren creer, que hablen los historiadores.
Lo importante a alertar ahora es que un despliegue marítimo y aéreo poderosísimo en los accesos al golfo pérsico no tendrá el mismo resultado que obtuvo el realizado en el Caribe para secuestrar al presidente Nicolás Maduro e imponer un gobierno maleable.
Destacar que, en las circunstancias actuales de guerra y de falsa negociación para forzar un cese el fuego evidentemente para ganar tiempo, no para acabar la guerra, el bloqueo de los accesos a Ormuz ordenado por Trump podría tener un trasfondo muy negativo. Casi nunca se hace algo así solo para intimidar, sino para desatar alguna operación.
El Pentágono e Israel pueden estar convencidos de que ya nunca más habrá factor sorpresa y que los están esperando para enfrentar “con todos los hierros” cualquier intento con pretensiones de victoria.
Sus opciones no son muchas. Se especula que el Pentágono y el Ministerio de Defensa israelí podrían poner todos sus huevos en una sola canasta: una macro invasión con más de cien mil soldados de infantería por aire, mar y tierra, y toda la artillería convencional, incluidas las divisiones de blindados, multiplicando por montones de veces en desembarco de Normandía. Ya esa acción fracasó en Vietnam, y no con cien mil soldados, sino 553 mil estadounidenses y un millón del ejército saigonés.
En Irán no les será suficiente, aunque movilicen a un millón de hombres, por el simple expediente de que no librarán la guerra en su territorio, sino en el del enemigo, que tiene una extensión de 1.648.195 kilómetros cuadrados, y geográficamente una excelente retaguardia ciento por ciento al servicio del frente principal. Los muertos estadounidenses e israelíes no los soportarían los pueblos de ambas naciones, y Trump y Netanyahu serán destituidos en medio de los combates.
Las consecuencias serán no solamente militares y morales, sino estructurales, e impactará con daños sistémicos irreparables e irreversibles a su modo de producción el cual quedará tan debilitado que se derrumbará como las torres gemelas. Lo primero será la desaparición del sionismo y un cambio radical en la correlación de fuerzas del Oriente Medio favorable al antimperialismo porque seguramente se transformarán también las estructuras de poder de las monarquías árabes. Irán ya es, de hecho, una guerra regional.
La otra opción, las bombas nucleares tácticas si llegan a negociar con Rusia y China para que las toleren. Aun sin una respuesta nuclear de esos dos países, e incluso de Corea del Norte o de la India, Asia no podría perdonar a EEUU un ataque nuclear porque la contaminación por largo tiempo no permitirá actividades comerciales en toda el área de influencia radiactiva, y la economía de esos países, al igual que la mundial se irá en picada. Europa, que carece de fuentes de energía capaces de soportar una larga época sin petróleo, se congelará.
Entonces, ¿cómo Trump piensa ganar la guerra iraní, someter a Asia Occidental al sionismo, derrotar a China, neutralizar a Rusia, someter a su descontenta aliada Europa?
Esperemos a ver cuál será su desagradable sorpresa y si el pueblo estadounidense lo aceptará o lo expulsará de la Casa Blanca.
POLITIKA
*Luis Manuel Arce Isaac. Periodista cubano con más de seis décadas de trabajo profesional ininterrumpido. Fue corresponsal de guerra en Vietnam, Laos, Camboya y Nicaragua, y corresponsal de la agencia Prensa Latina en naciones como Venezuela, Uruguay, España y México.

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