María Eugenia Londoño

“Mientras algunos critican el machismo en el Pacto Histórico, la oposición es liderada por mujeres”, fue el titular del pasado 9 de agosto en uno de los tantos medios de desinformación empleados por la derecha guerrerista, perpetuando matrices de desinformación que impiden la consolidación de un proyecto progresista al servicio del pueblo.

Dicho artículo indicaba la “contundencia” de las palabras de una senadora, al leer lo que su “patrón” le había escrito para tal ocasión, demostrando una vez más el carácter machista y patriarcal de la política de derecha y sus tácticas de posverdad. Por ello, es necesario analizar el carácter paritario en la consolidación del gobierno entrante, toda vez que implica un logro más en el camino hacia una sociedad más democrática, justa y equitativa.

Al respecto, durante el gobierno Duque, la composición inicial del gabinete fue de ocho hombres 10 mujeres, causando titulares por la “perspectiva de género”, sin embargo, con el tiempo, su gabinete terminó con 11 hombres y sólo 7 mujeres. Durante la alcaldía de Bogotá que lideró Gustavo Petro (2012-2016), no solo se evidenció un importante aumento en el nombramiento de mujeres dentro del gabinete, sino que, tanto al iniciar como al finalizar el mandato, se mantuvo el número de representación logrado.

Durante este periodo presidencial que inicia, la paridad es un imperativo, no solo en la conformación de listas cremallera del Pacto Histórico para el Congreso (hecho inédito en la política electoral y que representó un aumento de casi diez puntos porcentuales con el 28.8% del total del parlamento) sino también en la composición del gabinete ministerial con nueve hombres y 10 mujeres.

Sin duda, en la materialización de la paridad no sólo es relevante la relación de igualdad o semejanza cuantitativa de los nombramientos entre hombres y mujeres, lo es en mayor medida, la capacidad de comprender que en el capitalismo, la estructura patriarcal, es necesaria para mantener el orden establecido.

Es por ello que cobra gran relevancia el rol transformador en cada una de las tareas designadas, trascender del formalismo para que cada hombre y mujer en cualquier tarea, tengan la capacidad de gobernar por y para el pueblo, como dicen las zapatistas, “Mandar obedeciendo” en pro de eliminar las causas estructurales de la desigualdad.

En tal sentido, el gobierno del pueblo plantea la creación del Ministerio de la Igualdad, cuya tarea será materializar e incorporar el enfoque de género y diferencial en todas las políticas públicas, en especial las de contenido social.

Se plantea también una importante agenda legislativa sobre asuntos de género, promoviendo la participación política de las mujeres; los derechos sexuales y reproductivos; la protección integral de la salud durante el embarazo; la ley de paridad, que obligaría a los partidos a inscribir listas únicas, cerradas y con alternancia de género; la ley para prevenir, sancionar y erradicar la violencia y el acoso político contra las mujeres, entre otros, que redunden en la garantía de los derechos y participación de la mujer.

De ahí que las cuotas de género constituyan una herramienta en el camino hacia la paridad, entendida como la base para la transformación de las desigualdades sociales en una democracia que pretende eliminar derechos y garantizar la permanencia de la estructura patriarcal.

Democracia, equidad, justicia y paz, con perspectiva de género y reconocimiento de la diversidad, son las tareas más urgentes que tendrá el gobierno del pueblo.