Información de prensa japonesa asegura que Tokio está considerando posicionar más de 1.000 misiles balísticos en torno a China, una acción que podría multiplicar las tensiones entre ambos países, rivales geopolíticos e históricos.

Los medios consideran que, si bien esta movilización militar no se ha concretado, no puede negarse su posibilidad toda vez que la competencia geoestratégica entre Tokio y Pekín es una realidad actual.

Japón y China experimentan una integración económica amplia, son enemigos viejos de corazón, mientras que sus ambiciones geopolíticas los enemistan. Algunas fuentes históricas afirman que desde el 2016 los países se acercaron, compartiendo un enemigo comercial común: Donald Trump. Un cambio geopolítico que aunque no borra el pasado sangriento, pero sí abre una ventana para el futuro. Xi Jinping y Shinzo Abe incluso se estrecharon la mano en una cumbre de G20 en 2019, destacando la importancia de desarrollar las relaciones entre ambos países. Abe dijo que ambos estados deberían cooperar en lugar de competir. Aun así, eso no significa que exista un cambio real en el sentimiento vecinal: ambas poblaciones siguen rechazándose.

El avance económico de China amenaza el anterior dominio japonés de Asia, consideran los analistas, a lo que se suman las tensiones en torno a la isla de Taiwán. Japón ha declarado que considera crítico para su supervivencia la independencia de Taiwán, en un escenario en que su integración plena a China otorgaría dominio marítimo al gigante asiático en la periferia suroccidental del archipiélago japonés.

Así, Tokio ha aumentado sus aproximaciones a Taiwán, en el marco de las tensiones desatadas en torno a la isla luego de que la presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, Nancy Pelosi, insistiera en aterrizar en Taipéi pese a las objeciones de Pekín, que estimó el gesto una amenaza contra su integridad territorial.

El ex primer ministro Shinzo Abe, quien recientemente murió asesinado, respaldó fuertemente a Taiwán, territorio que alguna vez estuvo bajo el dominio imperial japonés y que ha multiplicado su sentimiento de cercanía con el archipiélago. «Japón pide que se preste más atención a «la supervivencia de Taiwán», decía un titular de The Financial Times.

El reconocimiento al criterio de unidad territorial de China fue una condición clave de Pekín para restablecer relaciones diplomáticas con Japón en 1976, mientras que la constitución japonesa es de orientación pacifista, sin embargo ello no le ha impedido acercamientos con Estados Unidos y Australia en un intento por contener al gigante asiático.

Japón busca sumar a Corea del Sur a la estrategia en una operación impulsada igualmente por Estados Unidos, mientras la presidencia derechista de Yoon Suk Yeol también se ha acercado a Tokio para contener al histórico rival de Corea del Norte.

No obstante estas intenciones estratégicas, las agitaciones japonesas contra China tienen un límite toda vez que sus enlaces comerciales son sumamente estrechos, y una desaceleración en el comercio chino tiene efectos directos en las finanzas japonesas.

El Gobierno chino tiene gran capacidad de impulsar el sentimiento antijaponés, consideran los expertos, que derivaría en boicots masivos contra firmas japonesas e incluso destrucción de propiedad, como ya ocurrió en 2012.

El analista Hu Xijin, quien estuvo al frente de la edición del Global Times, apuntó que si Japón apunta 1.000 misiles contra territorio chino, Pekín podría responder el gesto con 5.000 dirigidos contra las bases militares estadounidenses localizadas en el archipiélago, en un escenario donde la fuerza bélica de China se mantiene en ascenso.