Por Semanario Voz

“No soy un investigador, no hago películas de tesis, son crónicas para cine. Yo no me siento cinco años a investigar un tema. Es un estilo, hago mis películas muy visceralmente, no escojo los temas, creo que los temas me escogen a mí”: Luis Alfredo Sánchez

Juan Guillermo Ramírez

Nacido en Palmira (1941), fue reconocido por su trayectoria académica y audiovisual. Desde joven se interesó por el periodismo y la escritura. El poeta peruano Manuel Escorza lo invitó a trabajar en la Organización Internacional de Festivales del Libro en Lima. En Bogotá formó parte del Colegio Nacional de Periodistas de Colombia y de la Agencia France Presse. Invitado por la Organización Internacional de Periodistas, viajó a Argelia, Alemania y Rusia. Allí obtuvo una beca para estudiar Dirección de Cine en el Instituto de Cinematografía. Por sus documentales Leningrado y Moscú a primera vista, obtiene la Maestría en Artes Visuales en el VGIK de Moscú. Además de realizar su máster y doctorado, durante sus seis años en Moscú, trabajó como corresponsal de El Espectador, tuvo un programa de crónicas en Radio Moscú.

En 1970, dirigió Cine Noticias y realizó documentales sociales y políticos. El Oro es TristeEl cuento que enriqueció a DoritaLa Patria BobaArte y Política, recibieron reconocimientos en el extranjero. Sánchez trabajó como docente en la Universidad de América y en la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Participó como socio fundador de la Asociación de Cinematografistas Colombianos. Terminando esta década, dirigió el documental sobre poetas colombianos: Palabras de Poeta y fue invitado por el Museo de Bellas Artes de Caracas para realizar dos documentales, uno dedicado a artistas plásticos iberoamericanos. Colaboró con El Tiempo, Cromos, el periódico ruso Gazeta Literaria y otras revistas especializadas en cine. En 1981, dirige su primer largometraje: La virgen y el fotógrafo, como también varios mediometrajes, entre los cuales se destaca la primera parte del proyecto de una trilogía argumental sobre las guerrillas liberales del llano colombiano: El Potro Chusmero. La prohibición de su difusión a través de la televisión nacional, generó una protesta por parte de los medios de comunicación e intelectuales. Fue seleccionado para el Festival de Cine de San Sebastián en 1987. De la serie de trabajos realizados para la televisión, se destacan Gotas Amargas sobre José Asunción Silva, los polémicos comerciales La Droga es Violencia y documentales sobre arte. Dirigió Infierno Inolvidable sobre Álvaro Mutis.

En los noventa se destacan: Hombres Hicotea y Punto aparte, un programa de crónica para televisión para Señal Colombia. En 1996 Sánchez se hace socio de la Big Bang Televisión, a la que le adjudican como director de un noticiero diario. En el 2000, el congreso lo condecoró por sus servicios a la cultura y lo nombró consejero de la Embajada de Colombia en Rusia. Luego de un retiro de cinco años, Sánchez realiza con imágenes de la obra de la pintora Ana Mercedes Hoyos, su documental: Mi Palenque.

El caso del Potro chusmero

El mediometraje se inicia con voz en off que hace referencia a la rebelión que estalló en los Llanos Orientales contra la dictadura conservadora. La narración presenta el alzamiento en armas como defensa frente a la violencia del gobierno. Describe así a la policía chulavita: se llamaba la policía de la dictadura, gente violenta, amaestrada, enseñada a ver en todo lo que no fuera gobiernista un enemigo de Dios, del orden y de la patria, nosotros solo peleábamos por el derecho a la vida y un pedazo de tierra llana para trabajar en paz. Deja entrever una justificación de la toma de armas por parte de los campesinos liberales. En 1949, el presidente conservador Mariano Ospina Pérez clausuró el congreso amparado en un decreto de estado de sitio, haciendo uso de facultades políticas autoritarias ante los inesperados resultados de las elecciones legislativas de aquel año y donde le realizarían un juicio en el congreso por los hechos ocurridos el 9 de abril de 1948. Para los campesinos liberales el gobierno conservador se constituye como un régimen político totalitario, represor e ilegítimo; un régimen que no los representaba.

En El potro chusmero se presenta el ajuste de cuentas entre liberales y chulavitas. Las familias liberales son asesinadas por la policía chulavita lo que obliga al desplazamiento y al abandono de fincas para beneficio del gobierno Eso es lo que quiere la chulavita, que los llaneros dejen su rancho para quedarse con la tierra y el ganado, por eso hay que pelear Carreño, o si no nos acaban. Se menciona “el boleteo” como causa adicional de desplazamiento por parte de familias liberales y motivo de alistamiento en filas guerrilleras; así se refiere un guerrillero: Me gustaría volver al rancho, pero ni modo, nos boletiaron, nos dieron dos días para irnos, mandé a la mujer con el niño para Yopal y aquí estoy. Injusticias, abusos, inseguridad y desplazamiento son algunos de los detonantes que provocaron que los campesinos liberales se alzaran en armas contra el gobierno conservador; justificaciones para mostrar a los guerrilleros liberales como fuerza defensora de los derechos vulnerados.

A raíz de las incursiones violentas que hicieron los policías “chulavitas” en las veredas liberales entre los años 1948 y 1952, la contienda bipartidista se fue expandiendo. Las muertes y las mutilaciones fueron aumentando la acumulación del odio y la necesidad de venganza. Los campesinos que no se armaron terminaron siendo víctimas de ese proceso de venganza y retaliaciones. El personaje de Carreño, un campesino liberal es víctima de un grupo de policías chulavitas. Carreño no quiso desalojar su finca y no acompañó a los guerrilleros en su huida; su casa fue incendiada y fue ultimado por el sargento chulavita.

Los partidos políticos presentados en El potro chusmero no son los protagonistas, son el telón de fondo y se hace alusión a ellos, a pesar de encontrarse en el fondo de la trama; se menciona que los campesinos guerrilleros se salieron del control del partido liberal y el partido del gobierno (conservador) tampoco vigila las acciones de la policía chulavita. Se muestra que siempre se esperan las órdenes del partido y las armas para la guerra; lo único que reciben son periódicos y discursos. Al hato de los Durán llegaron unos señores de la dirección liberal, hablaron con los dueños y con los peones y les dijeron que se trataba de tumbar al gobierno y que por eso les iban a mandar armas y nunca mandaron nada y ahora están diciendo que la guerrilla se les salió de las manos que ustedes no son liberales y que son peligrosos; es decir que dentro de poco los van a llamar bandoleros y los bandidos son ellos.

Los partidos políticos representan límites invisibles entre los campesinos que dicen pertenecer a uno u otro partido político; vecinos, amigos y conocidos se convierten en enemigos políticos y opositores por defender su partido político. Ese sentido de enemistad y exterminio del otro como enemigo político se presenta en la policía chulavita; sus órdenes estaban encaminadas a no dejar liberales con vida. El sargento chulavita se justifica para atacar al viejo Carreño mostrando una cicatriz que le debe cobrar a los guerrilleros por los hechos ocurridos durante el 9 de abril. Carreño se identifica como gaitanista (sin miedo y con dignidad) y defiende el nombre del comando guerrillero: Ni chusma ni bandoleros, sargento; liberales, guerrilleros liberales. Existen dos posturas éticas por destacar en El potro chusmero. La primera hace referencia al cuidado de la vida del potro y yegua que acompañan al comando guerrillero. Aunque los animales limitan la movilidad de los guerrilleros, estos no son capaces de abandonarlos ni de causarles daño; al final, muere el guerrillero dueño de la yegua, pero la vida de los animales se preserva. La segunda es la de un policía chulavita que cuestiona el asesinato del viejo Carreño: ¿Para qué tenían que matar a ese pobre viejo? El mismo policía tiene en la mira al guerrillero dueño del potro, pero no le dispara, baja su arma en una actitud de confusión. Cuando llega el sargento le cede el arma para que este dispare propiciando la muerte. Estas actitudes presentan una posición ética frente al valor de la vida.

Las historias de vida presentadas en El potro chusmero evidencian que La Violencia es asumida según el sujeto que la ejerce o la padece; para los guerrilleros liberales, víctimas iniciales de la violencia, ésta se constituye como la única opción para defenderse del Gobierno; para la policía chulavita, ejecutores de la violencia, esta se manifiesta como forma de ostentar el poder gubernamental.