La toma de posesión de Gustavo Petro no sólo fue trascendente por representar el arribo del primer Gobierno de izquierda en la historia colombiana. El discurso ofrecido por el mandatario también cobró gran relevancia debido a su carácter emotivo e histórico que tocó algunas de las heridas más profundas del país sudamericano.

Basta de desigualdad

«El 10% de la población colombiana tiene el 70% de la riqueza: es un despropósito y es una verdadera amoralidad. No naturalicemos la desigualdad y al pobreza. No es cierto que el mundo sea igual. No es cierto que en la mayoría de los países esta desigualdad que tenemos en Colombia exista. Somos una de las sociedades más desiguales en todo el planeta Tierra y esa es una aberración que no podemos continuar si queremos vivir en paz»

La historia decía que no podíamos gobernar

«Los colombianos y colombianas hemos sido, muchas veces en nuestra historia, enviados a la condena de lo imposible, a la falta de oportunidades, a los no rotundos. Quiero decirles a todos los colombianos y colombianas que me están escuchando […], que hoy empieza nuestra segunda oportunidad. Nos la hemos ganado. Se la han ganado. Su esfuerzo valió y valdrá la pena. Es la hora del cambio. Nuestro futuro no está escrito. Somos dueños del papel y podemos escribirlo juntos en paz y en unión. Hoy empieza la Colombia de lo posible. Estamos acá contra todo pronóstico, contra una historia que decía que nunca íbamos a gobernar, contra los de siempre, contra los que no querían soltar el poder. Pero lo logramos. Hicimos posible lo imposible con trabajo, recorriendo y escuchando, con ideas, con amor, con el corazón y con el cerebro, con esfuerzo. Desde hoy empezamos a trabajar para que más imposibles sean posibles en Colombia. Si pudimos, podremos».

Colombia: ¿Estado criminal?

«Es hora de una nueva convención internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado rotundamente. Que ha dejado un millón de latinoamericanos asesinados, la mayoría colombianos, durante estos últimos 40 años. Y que deja 70.000 norteamericanos muertos por sobredosis cada año, por drogas que ninguna se produce en América Latina. Que la guerra contra las drogas fortaleció a las mafias y debilito los Estados. Que la guerra contra las drogas ha llevado a los Estados a cometer crímenes. Nuestro Estado ha cometido crímenes […]. Llegó la hora de cambiar la política antidrogas en el mundo».

Al estilo Robin Hood

«[Debemos] llevar una parte de la riqueza de las personas que más tienen para abrirle las puertas de la educación a toda la niñez. Y esto no debe ser mirado como castigo o sacrificio: es simplemente el pago solidario de alguien afortunado […]. Proponemos una reforma tributaria, un pago solidario a una sociedad que le permite y garantiza la fortuna. Así seremos más justos y estaremos más en paz. Es un asunto de solidaridad humana»

Hermandad latinoamericana

«Agradezco la presencia de otros pueblos hermanos de Latinoamérica en tiempos en los que vemos a naciones hermanas entre sí matarse y acribillarse. Aquí, en el corazón de Colombia, en el corazón de América Latina, hay una decena de presidentes de la región con diversidad ideológica, con diferentes trayectorias pero todos unidos compartiendo esta fiesta de la democracia. Es hora de dejar atrás los bloques, los grupos y las diferencias ideológicas para trabajar juntos. Es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Juntos somos más fuertes. Hagamos realidad lo que soñaron nuestros héroes como Bolívar […]. No es una utopía ni s romanticismo: es el camino para hacernos fuertes en este mundo complejo. Si somos poder del conocimiento, de la economía, de la vida, si actuamos juntos, la voz de América Latina se escuchará en el concierto de los pueblos del mundo».

Llamado al desarme

«Este es el Gobierno de la vida y de la paz y así será recordado. La paz es posible si desatamos en toda Colombia el diálogo social para encontrarnos en medio de las diferencias. Para expresarnos y ser escuchados. Para buscar, a través de la razón, los caminos comunes de la convivencia. Es la sociedad toda la que debe dialogar sobre cómo no matarnos y cómo progresar. Convocamos a todos los armados a dejar las armas, a aceptar los beneficios jurídicos a cambio de la paz, a trabajar con una economía próspera, pero legal».