NADJA SIENIAWSKI

El domingo pasado Rodolfo Hernández entró en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia. Se enfrentará a Gustavo Petro en una contienda difícil de predecir.

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l candidato de izquierda, Gustavo Petro, pasó a la segunda vuelta de las elecciones de Colombia. En un giro imprevisto, enfrentará al empresario populista Rodolfo Hernández, que con un buen desempeño conquistó el segundo lugar. El éxito de Hernández representa un revés considerable para Petro, que ahora debe convencer a los votantes de que representa el cambio que desean.

Durante las últimas semanas, el magnate de la construcción Hernández, usualmente apodado «el Trump de Colombia», había crecido significativa y sorpresivamente en las encuestas, que anticiparon que derrotaría a Federico «Fico» Gutiérrez, candidato de derecha más moderado.

El domingo, con casi todas las urnas escrutadas, Hernández conquistó un sorprendente 28% de los votos. Y, como habían predicho las encuestas, Gustavo Petro, exguerrillero de izquierda, sacó más del 40%. Dado que la mayoría de los votantes de Fico, que representan el 24% del total, respaldarán a Hernández en la segunda vuelta del 19 de junio, Petro, que anticipaba una victoria cómoda, enfrenta una disputa dura y compleja.

El ex M-19 y alcalde de la capital de Bogotá moviliza a una franja considerable del pueblo colombiano y conserva su popularidad aun después de las protestas antigobierno de mayo de 2021, que tomaron las calles contra la propuesta de la centroderecha de implementar un impuesto regresivo sobre los servicios públicos.

Aunque se mantuvo a la cabeza de las encuestas durante meses, Petro no logró perforar el techo del 40%, un límite que empieza a preocuparlo de cara a la segunda vuelta, en la que deberá conquistar una mayoría del 50%. 

Gobernada durante décadas por la élite de centroderecha, Colombia nunca estuvo tan cerca de tener un gobierno de izquierda. El descontento y la frustración con el gobierno de derecha está en alza desde que comenzó la pandemia.

En este país asediado por una historia de violencia, la desigualdad del ingreso es la más alta de la OCDE y la segunda más alta de América Latina, superada solo por Brasil. De acuerdo con el Banco Mundial, la desigualdad creció bajo el gobierno saliente de Iván Duque. 

«Colombia viene por un mal camino hace más de treinta años; los ciudadanos fuimos completamente abandonados por el gobierno», dice César Augusto Franco Salazar, chofer de taxi. «Las huelgas del año pasado unieron a los colombianos que sufren el deterioro de sus condiciones de trabajo, y ahora nos unimos para buscar un cambio mediante la participación electoral».

Las campañas de Petro y de Hernández aprovecharon el amplio descontento que reina entre los colombianos. Cerca del 75% de los ciudadanos piensa que el país está siguiendo un rumbo equivocado. 

Petro y su compañera de fórmula, Francia Márquez, prometieron hacerse cargo de ese descontento con una agenda ambiciosa centrada en la educación, en la reorganización de la economía, en los derechos de las mujeres y en la conservación del medioambiente. 

Hernández, por su parte, hizo campaña con una consigna anticorrupción y se convirtió en una figura popular en TikTok, donde publicó videos exigiendo el fin del «robo en Colombia». 

Acusado él mismo de corrupción durante su mandato como alcalde de Bucaramanga, enfrentará un juicio en julio por la concesión inadecuada de un contrato de reciclado a la empresa de uno de sus hijos. Hernández desestima los cargos como un intento de manchar su campaña presidencial. 

Pero a pesar de la poca claridad que muestra en cuanto a las formas de erradicar la corrupción en Colombia, el mensaje antielitista de Hernández resuena en los corazones de muchos votantes que están hartos de la situación.

Sin partido político que lo respalde, este rico empresario dirige la improvisada Liga de Gobernantes Anticorrupción y financió su campaña con sus propios ingresos. Plantea recortar radicalmente el presupuesto estatal, donar su salario y recompensar a los ciudadanos que denuncien a funcionarios corruptos.

Aceptando la derrota, Fico no tardó en respaldar a Hernández y convocó a sus partidarios a votar en la segunda vuelta por el empresario y por su compañera de fórmula, Marelen Castillo.

Ahora algunos seguidores de Petro temen haber caído en una trampa y piensan que Hernández es peor alternativa que Fico. Otros, motivados por el fantasma de que su país podría convertirse en «otra Venezuela», avivado por los conservadores, piensan que Hernández es la única manera de frenar a la izquierda en el país andino.

«Muchos colombianos están pensando en Venezuela en estos días. La gente quiere algo distinto en gran medida a causa de la difícil situación económica. Aun así, no puedo más que sentirme preocupada por la izquierda en Colombia», dice Donelia Álvarez, kinesióloga de Cali, la tercera ciudad más grande de Colombia. 

Las encuestas habían anticipado que, en la segunda vuelta, Petro vencería cómodamente a Fico, percibido por una buena parte de los colombianos como el representante de un establishment sumamente impopular.

Pero si se trata de derrotar a Hernández, los sondeos indican que la contienda será pareja: en las encuestas ambos candidatos sacan 40,5%.

Aunque las elecciones del domingo plantearán muchos problemas nuevos, una cosa que los colombianos dejaron en claro es que están ansiosos por un cambio. 

Pero ahora que ese cambio es inevitable, no está tan claro si será el que proyectaba Petro. El equipo de campaña de la izquierda tiene que lidiar con la nueva tarea de derrotar a un candidato que se muestra más anti establishment que Petro. 

Por eso, si quiere asegurarse la victoria, tendrá que aplicar un giro radical en la estrategia.

Nadie subestima la importancia de las elecciones de 2022 y están en camino a convertirse en las más significativas de la historia del país. En cualquier caso, satisfacer el ansia de cambio de Colombia en medio de una recesión económica mundial y una inflación que no para de crecer no será una tarea fácil.