Por Felipe A Priast

Colombia no es un país de gente inteligente, y yo creo que debemos empezar a aceptar este hecho como la principal razón de nuestro subdesarrollo y de nuestros problemas.
Si Colombia fuera un país de gente inteligente, el único lugar disponible para Rodolfo Hernández en esta carrera a la presidencia sería ese de los sketches de humor de los comediantes, en el mejor de los casos.
En el peor, el ostracismo por todas las barbaridades de tipo físico y verbal que condenarían a este payaso santandereano a un lugar oscuro alejado de la política.

Que este “Abdallah Bucarám” colombiano aspire a la presidencia es un insulto al país y un insulto a su inteligencia, pero me temo que hay muchos colombianos que no parecen sentirse insultados. No solo el tipo es candidato presidencial, sino que va de segundo en la carrera, y en ascenso.

Conociendo como conozco el carácter colombiano, yo entiendo perfectamente el “fenómeno Hernández”.
El tipo es uno de esos santandereanos “verracos” que dice mostrar carácter exhibiendo violencia física y verbal, y ese tipo de gestos gusta mucho en Colombia.
Su violencia también atestigua que no es gay, y eso también gusta en Colombia, un país de cepa machista porque su cepa base, la indígena, es machista a más no poder.
Y, para rematar este exitoso perfil, Hernández tiene cierta vena anti-venezolana que, hoy en día, con tanto inmigrante venezolano deambulando por las calles de Colombia, es un “plus” para sus aspiraciones.
En resumen, Rodolfo Hernández es el prototipo del colombiano andino de clase media cargado de taras, xenofobia y “verraquera”, una palabrita esquiva que sirve para casi todo lo que en Colombia requiere de enjundia y violencia.

Una de las taras que nos va a dejar Uribe es la necesidad de tener siempre a la mano a un andino agresivo aspirando a la presidencia.
Uribe ha creado un protoptipo, el prototipo del gobernante “mano dura” que habla con tono fuerte, que siempre tiene cabida en nuestro país a pesar del desmorone del Uribismo.
Hay cierto perfil de colombiano que necesita de alguien que lo “abofetee” por televisión de vez en cuando. Colombia necesita cada tanto de un macho de cantina de tierra templada que rompa una botella de aguardiente y le guapee a Colombia con el pico cortante. Colombia necesita de un macho mestizo que deje ver su machismo indígena y cada tanto hable de “putas” y “mujeres fáciles venezolanas”. Colombia necesita cada tanto de un “hijueputazo” que exhiba verraquera en labios de un líder popular.
Ese macho andino de trompada, puteada y xenofobia es Rodolfo Hernández, quien llena un vacío “emocional” en el alma traumatizada de Colombia, un país de gente mal llevada.
Mucha de la resistencia que existe contra Petro radica en su “política del amor” y sus buenas y pacíficas intenciones. Eso dentro de cierto sector de votantes no vende, se ve “blando”, sin “verraquera”. La realidad es que en Colombia hay mucha gente que prefiere el rejo y las puteadas al amor, y ahí es en donde “Hitler” Hernández marca, y fuerte.

Pero ya todo sabemos lo que pasó con el último macho andino que elegimos y reelegimos 3 veces a través de interpuesta persona, ¿no es cierto? Terminamos entrampados con los falsos positivos y con unas Fuerzas Armadas de asesinos que todavía, al día de hoy, no se han cansado de matar. Aún hoy siguen matando, aunque disfrazadas de “Aguilas Negras” o por medio de bandas criminales.
La última vez que Colombia le dio carta blanca a uno de estos machos andinos, entramos en los verdaderos sótanos de infierno, no en los de Alejandra Azcarate.
Y lo peor es que este nuevo prototipo de macho andino xenófobo ya tiene alarmas sonando alrededor de él con intensidad gracias a su admiración por el “filósofo” Adolfo Hitler.

A toda su chabacaneria y guacheria toca añadirle una capa de fascismo criollo que solo podía venir de Santander, un departamento en donde la presencia germánica tuvo una mayor influencia en el país, con la excepción de Barranquilla.
Podría parecer una anécdota menor, una salida en falso de un idiota, pero yo no como cuento con esas vainas. Para mi, quizá el anti-fascista número uno de Colombia, ese tipo de comentarios son peligrosos, pues la ignorancia puede llevar a estupideces increíbles, como la de esos policías del Valle del Cauca que se disfrazaron de nazis para una exposición hace algunas semanas.
Y este admirador del “filósofo” Adolfo Hitler ya tiene un récord xenófobo apuntando a los venezolanos. Es decir, ya tiene una ideología de exterminio, y ya tiene a sus blancos.
Si la imbecilidad colombiana llega al punto de entregarle el máximo poder a este bufón, nadie sabe a ciencia cierta qué podría pasar con un seguidor de Hitler que odia venezolanos.
Y ya Hernández ha expresado su admiración por Uribe. Incluso ha exhibido un poco de su aguaje “le-parto-la-cara-marica” tan asociado con el Uribismo, con el añadido de que Hernández no se quedó en la amenaza, sino que le dio en la cara-marica al que se le atravezó para contrariarlo.

Pero lo peor de todo, lo que más me preocupa, es que Petro ande coqueteando con Rodolfo Hernández.
El candidato de la “política del amor” coqueteando con un guache violento de aspiraciones nazis. ¿Qué es ese exabrupto, Doctor Petro? ¿Usted para que se pone a coquetearle políticamente a un vergajo que representa completamente lo opuesto a usted? Usted no es, ni andino, ni guache, ni xenófobo, ni machista. ¿Exactamente, sobre qué bases funcionaría esa alianza?

Rodolfo Hernández es la prueba de que en Colombia aún existe un sinnúmero de taras dentro de su población, y de que el país carece de una buena educación.
También prueba que, uno de los grandes handicaps de nuestra población, es la existencia de ese prototipo de macho andino, violento y xenófobo, que Hernández representa. Un sector de Colombia pareciera necesitar de un macho de los Andes que beba aguardiente y le “casque” a su mujer de vez en cuando “para que esta se comporte como debe ser”. Una buena parte de nuestros connacionales necesita un vergajo “verraco” que cada tanto exorcise su odio por los venezolanos y demerite a las mujeres (el comentario de Hernández sobre las prostitutas de Puerto Wilches, “que solo falta que les pase un tractor encima”). Un sector importante de Colombia necesita ver cada tanto a uno de estos andinos furibundos picando una botella de guaro en una cantina, o dándole una trompada a alguien. De pronto un tiro, aunque quizá no un balazo mortal.
En resumen, Hernández es el candidato de todos aquellos uribistas aburridos de Uribe y sus escándalos que todavía necesitan una dosis de “paramilitarismo social”, que es lo que representa Hernández.
Mientras Uribe es el paramilitar de monte, Hernández es un paraco de ciudad, un fascista de cantina. No te saca de la cantina para machetearte, como hacían las hordas de Uribe, pero te pica una botella en una cantina y te grita “¡Vengase hijueputa, que aquí lo atiendo!”.

Es innegable que, con Rodolfo Hernández, el fascismo baja uno o dos grados en la escala de totalitarismo, pero no por eso deja de ser fascismo.
Hernández es el candidato perfecto para esos uribistas adictos a Uribe. El proceso de “des-uribización” que toma lugar en el país incluye darle cada vez menos dosis de fascismo a esta gente.
Antes, vivían enviciados con las masacres y los mocha-cabezas. Ahora, ya van saliendo de su adicción. Con Rodolfo Hernández ya no necesitan ver 30 muertos descuartizados para experimentar un “high” de su vicio. Con que Rodolfo le de en la jeta a alguien, basta.

Estamos progresando, Colombia avanza hacia adelante. Rodolfo Hernández es un progreso de nuestro fascismo.