Abog. Lilian Kathiuska Correa Guía
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El discurso pedagógico de la modernidad planteó el logro del supremo bien. Equiparó los mismos ideales ideológicos políticos: igualdad, libertad, fraternidad. La filosofía del progreso a toda costa y en todas las áreas fue acompañada de un discurso disciplinario, inherente a la praxis de la sistematización educativa. La educación o el saber pedagógico siguieron los derroteros de la dominación, la vigilancia y el control.

En Venezuela, el panorama educativo no estuvo ajeno a los asuntos propios de la modernidad. El Libertador Simón Bolívar en el Discurso de Angostura en 1819: “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”, concibe la educación como principio iluminador y su poder de alcanzar el bien supremo. El Mariscal Antonio José de Sucre deja un legado muy importante en Bolivia, no desarrolló no dejó escrita una obra educativa, pero, se puede constar la gran importancia que éste le otorga a la educación en la naciente República boliviana, además, es reconocida por diferentes historiadores su vocación de maestro en la formación del Ejército Libertador. Cecilio Acosta al delimitar la finalidad del proceso educativo señala: “La educación debe ir de abajo hacia arriba, y no al revés… su fin es la difusión de las luces…”.

La noción de iluminar, de engrandecer a las personas por medio de la educación también aparece en Leopoldo Zea : “hacia el progreso deben dirigirse y enfocarse todos los esfuerzos del gobierno…”
La idea de progreso puede enfocarse en el sentido de progreso económico y social o como proceso de mejoramiento continuo espiritual, moral, cultural. En palabras del maestro Simón Rodríguez: “los gobiernos liberales deben ver en la primera escuela el fundamento del saber y la palanca para levantar los pueblos hasta el grado de civilización que pide el siglo. Posteriormente, otros pensadores tomaran la idea del Estado Docente, como el Maestro Prieto Figueroa: “el estado interviene como derecho propio en la organización de la educación del país, y orienta, según su doctrina política, esa educación…” .

José Martí, en 1894 proclama la educación para el trabajo y el espíritu: “La educación, pues, no es, más que esto: la habilitación de los hombres para obtener desahogo y honradez, los medios de vida indispensables”, más adelante “el verdadero objeto de la enseñanza es preparar al hombre para que pueda vivir por sí decorosamente, sin perder la gracia y la generosidad del espíritu, y sin poner en peligro con su egoísmo o servidumbre la dignidad y la fuerza.” (1992: 316).

Ahora bien, despuntado el siglo XX, se comienza a ver unos cambios en la esfera pedagógica; algunos de estos cambios se pueden sintetizar en una suerte de humanismo, otro humanismo de distinto rostro, quizás menos racional: “Reforzada por un ardiente deseo de paz (luego de la guerra de 1914), los pedagogos de la Nueva Escuela ven en la educación el medio más eficaz para asegurar una comprensión mutua, fraternal que permita solucionar, de manera pacífica entre las naciones”. (Palacios, 1997). Paulatinamente va surgiendo una reacción frente a la pedagogía que pasará a llamarse tradicional, una pedagogía: “…asentada en una estructura piramidal, fundamentada en el formalismo y la memorización, en el didactismo y la competencia, en el autoritarismo y la disciplina, la Educación Nueva se ve llevada a enfatizar la significación, valor, dignidad del infante, a centrarse en los intereses del niño, a potenciar su actividad, libertad y autonomía”. (Op.cit).

En este sentido, se puede decir que la llamada Escuela Nueva, retoma uno de los postulados que ya se había esbozado en cierto modo, con Rousseau, según el cual el interés del sujeto aprendiz es fundamental en el proceso y es lo que determina todo. Esta actitud de la Escuela Nueva respecto al niño, se ve complementada por la concepción que se tiene del niño y de su desarrollo, el niño es libre y debe vivir en un ambiente de libertad.

Se comienza a concebir la escuela como formadora y no solo como instructora, es decir, de la formación de un individuo útil en el sentido económico, se pasa a la formación de un individuo pleno, en donde la noción de integralidad ocupa un espacio importante, tal como lo sentencia el maestro Prieto Figueroa: “Nuestra educación, por imperativo sociales debe ser progresiva, entendido el término en el sentido de una educación para la formación del hombre integral, de su postura de miembro de una comunidad, del ciudadano libre y responsable con el desarrollo económico social, capaz de influir en una mejor y más grande producción, no para el aprovechamiento de unos pocos sino para mayor beneficio social”.

Una de las maestras que dejó una obra en pedagogía fue Belén San Juan, docente caraqueña, que innovó en la creación de las Escuelas Experimentales y seguidora de los principios robinsonianos. No podemos hacer un recuento de la pedagogía emancipadora sin citar al padre de la Pedagogía Crítica, el pedagogo pernambucano Paulo Freire. “No es posible ejercer la tarea educativa sin preguntarnos como educadoras y educadores, cuál es nuestra concepción del hombre y de la mujer. Toda práctica educativa implica esta indagación: qué pienso de mí mismo y delos otros.. Hace tiempo, en Pedagogía del Oprimido analicé lo que allí se denominaba la búsqueda de ser más. En este libro definí al hombre y la mujer como seres históricos que se hacen y rehacen socialmente, es la experiencia social la que en última instancia nos hace, la que nos constituye como estamos siendo”.

Considero muy relevante estudiar el pensamiento educativo del Presidente Hugo Chávez (2014), quien tomando las ideas del Libertador Simón Bolívar, Simón Rodríguez, el Maestro Prieto, Freire y otros, pudo llevar a la práctica la educación emancipadora. En esta cita concibe la educación es un derecho humano:”El nuestro es un proyecto que se inscribe en la bandera de Simón Rodríguez, donde la educación es un derecho humano fundamental; el nuestro es un proyecto socialista que garantiza educación gratuita y de calidad para todos”. En cuanto a las misiones sociales Hugo Chávez nos ha legado:”Las misiones sociales son instrumento de construcción del socialismo, pero no son socialismo; son armas para construirlo, para incluirnos y para ir estableciendo la igualdad para practicarla”.

La educación emancipadora tiene sus referentes que han sido pincelados en este ensayo, cada docente encontrará en ellos el faro iluminador para su práctica pedagógica.