Por Alberto Pinzón Sánchez

Uno de los primeros efectos de la guerra en Ucrania (llámese según los hostiles enfrentados operación militar de desnazificación de Ucrania, o invasión rusa) ha sido la confusión, el desconcierto, el barullo teórico, un poco la algarabía para recordar el libro de Jorge Semprun. “El despelote” en castizo colombiano, del denominado campo de la Izquierda eurocéntrica y europea, con pretensiones de influir elegantemente sobre la izquierda latinoamericana y caribeña, donde se tiene clara la dura realidad de la película antiimperialista desde hace siglos.

Acostumbrados a tomar partido rápido y muy posiblemente influidos grandemente por los “medios de alienación masiva” con los que cuenta en desmesura la Troika Imperialista macro sistémica (caracterizada hace más de dos décadas por Samir Amin), importantes partidos eurocomunistas y organizaciones marxistas europeas, así como intelectuales y personalidades autonombrados progresistas del norte global; sin un contexto histórico objetivo de la “época” (fase) en la que se encuentra la globalización neoliberal actual y sin una base fáctica; extrapolaron la categoría marxista del Imperialismo, apresurándose a caracterizar al Estado ruso actual como Imperialista y, a descalificar y a condenar como Imperialista la reacción del actual gobierno ruso a la seria amenaza militar-atómica proveniente de la organización atómico-militar noratlántica OTAN (en el norte global tiene un nombre más sugestivo proveniente del Inglés: NATO, es decir de nacimiento).

¿Es Rusia una potencia imperialista?

Claudio Katz, un economista latinoamericano serio, estudioso del marxismo, ha intentado responder esta difícil pregunta en sus varios artículos que por su altura conceptual y densidad recomiendo consultar en su página de Rebelión.org https://rebelion.org/autor/claudio-katz/ , especialmente los dos últimos.

Con los cuales se puede tener elementos teóricos que permiten advertir la descontextualización y el desenfoque de los eurocomunistas y marxistas eurocéntricos, que incluso han llevado más allá su desenfoque al caracterizar como una lucha por la “liberación nacional de Ucrania”, la respuesta del ejército Ucraniano (generosamente armado, sustentado, y debidamente incitado por la agresiva organización militar del Imperialismo (OTAN) junto con las superpotencias capitalistas que la conforman, olvidando, ex profeso, que son varias las “naciones y nacionalidades oprimidas” las que se encuentran en aguda contradicción con el gobierno opresor del Estado central asentado en Kiev: Las repúblicas populares de Donetsk, Lugansk, Transnistria, y anteriormente Crimea, donde conviven varias nacionalidades de trabajadores, artesanos y campesinos: rusos, tártaros, cosacos, húngaros, moldavos, turcos, rumanos, ucranianos, etc. Víctimas seculares de una antigua e histórica “opresión nacional” actualmente exacerbada por el neonazismo que se tomó el gobierno ucraniano a partir de 2014, quienes ahora organizados en Milicia Popular, luchan con las armas en la mano, hombro a hombro con los soldados rusos, por una verdadera y definitiva “Liberación Nacional” del neonazismo de Kiev.

La conveniente discusión actual sobre la categoría marxista de Imperialismo; entre bolcheviques con los populistas rusos, con el partido social demócrata alemán, con Rosa Luxemburgo, que envolvió a Ekstein, Otto Bauer, Mehring, Hilferding, Anton Pannekoek, ect, hoy a cien años de aquella situación de rivalidad aguda y agresiva competencia capitalista entre las grandes potencias capitalistas de la época anterior a la Primera guerra mundial, que en cierto modo recuerda lo que está sucediendo en la actualidad, debe incorporar los elementos nuevos que más de cien años de desarrollo de la contradicción esencial del Modo de Producción Capitalista entre Fuerzas Productivas y las correspondientes Relaciones de Producción, ha ido agregando a la originaria categoría leninista.

Mencionemos algunas:

Dos Guerras mundiales globales. Expansión ilimitada de la exportación del capital financiero y creación de los diversos organismos multilaterales de crédito como el Banco Mundial, el FMI, etc, o de comercio como la OMC, etc. Dominio absoluto del dólar como moneda universal o mundial. Financiarización total. Crisis económicas y financieras de larga duración. Revolución científico-técnica. Robotización de la producción. Sobreproducción y destrucción de la naturaleza. Tecnología convertida en Fuerza Productiva. “Tecnociencia” sometida al capital global. Utilización de la plataforma tecno-informática y digital por el capital para desarrollar los Medios de Alienación Masiva y las actuales redes sociales controladas por 3 o 4 megacorporaciones informáticas con sede en USA. Surgimiento y expansión del sistema global del imperialismo neoliberal y de la Economía Mundo. Globalización neoliberal total. Aparición de complejos militar-industrial-financieros, primero en USA seguido de similares centros en cada una de las potencias noratlánticas capitalistas desarrolladas, que llevaron a oleadas de innumerables guerras periféricas por los recursos y materias primas de la periferia ( la última ola de guerras periféricas han sido de 4 generación o híbridas) lo que ha llevado a la producción descontrolada de armas y a la consolidación del negocio capitalista perfecto de la exportación de armas (incluidas las armas de destrucción generalizada como las químicas, las armas biológicas y las armas tecnológicas ). Así como al surgimiento del “correlato ideológico” y cinematográfico a este negocio perfecto de las armas, de un clima permanente del miedo a un enemigo inminente, bien fueran extraterrestres, o monstruos apocalípticos, o grandes catástrofes naturales o simplemente los rusos.

A lo que hay que agregar el aparecimiento y expansión generalizada de otros dos grandes negocios capitalistas globales subsidiarios al de las armas, como son el de los narcóticos, y el comercio (y trata) de personas.

Y, si a lo anterior añadimos: por un lado, la destrucción del COMECON o sistema soviético de producción y su reconversión e integración de todos los países miembros en el sistema capitalista de producción, uno de ellos Rusia, que desarrolló un complejo militar -industrial- financiero propio, muy inspirado en el complejo estadounidense.

Y del otro lado, la Introducción y afianzamiento en China de un potente sistema económico-productivo de transición bastante inspirado en el concepto de Lenin (1922) de la NEP o Nueva Política Económica (que Stalin reemplazó en 1928 con su primer plan quinquenal), sistema que no es posible enmarcar (actualmente) dentro del capitalismo descrito por los economistas clásicos, como tampoco dentro del comunismo descrito por Marx, pero que continúa siendo dirigido por el Estado y por el Partido comunista más grande del globo con 90 millones de militante, pues nos ponen ante elementos objetivos serios, por considerar.

Es decir, mi argumento lleva a plantear un primer supuesto: El contexto general de la guerra actual en Ucrania es el capitalismo, y la contradicción y rivalidad entre diversas potencias con diversos grados de desarrollo capitalista. EEUU-Europa enfrentados a Rusia respaldada por China que igualmente son capitalistas; compitiendo, como lo estamos viendo en Ucrania, por recursos y materias primas como petróleo, cereales, a cambio de capital financiero, préstamos, y tecnologías especialmente militar. Lo cual demuestra que no trata de ningún Socialismo ni nada parecido. Ni en el corto ni en el mediano, ni en largo plazo.

El segundo supuesto es el histórico: El marco histórico del cual no es posible salirse, así se reniegue de él o se pretenda acabar con una consigna. Es la dimensión histórica cuyo motor inagotable mientras haya clases sociales es y será la lucha de clases que conduzca al comunismo (magister dixit). Y este contexto se debe analizar con despacio. Precisamente el desarrollo imparable de las Fuerzas Productivas y su correspondencia en las Relaciones de Producción mencionada; ha llevado a una crisis muy profunda y prolongada del sistema global del imperialismo que se está manifestando en múltiples y diversas crisis o multi-crisis, la que algunos teóricos denominan como “crisis civilizatoria”, dentro de la cual, es de destacar, la crisis de la Hegemonía del Hegemón estadounidense, que con su poderío militar y mediático está enfrentando su declive, tratando de revertirlo.

El tercer supuesto es que, el desarrollo de la contradicción Fuerzas Productivas/ Relaciones de Producción a nivel mundial o global, ha llevado también (y esa es la contradicción) a que aparezcan diversas potencias capitalistas rivales capaces de retar al Hegemón; en lo económico China, y en lo militar Rusia y tal vez Irán, y en lo neutral India, Brasil, México, Argentina, que pretenden abrirle paso a su existencia como potencias capitalistas en el concierto universal actual de las naciones, y, será bastante difícil tratar de evitar que esa necesidad histórica avanzada del surgimiento de varias potencias paralelas (reconocida por primera vez por el partido comunista chino como la Multilateralidad), no pueda expresarse o manifestarse.

Con esto, el momento histórico por el que estamos pasando y que la guerra en Ucrania ha puesto ante nuestros ojos es el de una “ruptura radical” en todos los órdenes de la vida tal como hasta ahora la traíamos. Un cambio de era histórica, del paso del Unilateralismo al Multilateralismo que posiblemente más diverso y democrático le permita a Latinoamérica y al Caribe (quizás a otros Pueblos del Mundo) quitarse de encima al enemigo más poderoso, explotador, colonialista, invasor y depredador, que hubiese tenido en toda su existencia, como reemplazo del colonialismo español y europeo.

Y ese precisamente ha sido el papel del V. Putin como presidente de Rusia: La de ser el instrumento racional de esa necesidad histórica al haber retado como lo está haciendo, todo el poderío del Hegemón y su brazo armado noratlántico, para que el “cambio de era” se precipite y se pueda avanzar a la variedad y la diversidad mundial. Ese es su papel positivo incluso progresista. El de abrirle paso a una nuevo periodo en la historia universal.

No quiero terminar sin dejar de decir que así es como yo entiendo la llamada guerra en Ucrania.

Alberto Pinzón Sánchez