EDITORIAL

En Latinoamérica y otras regiones del mundo, la mujer ha venido participando activamente en todas las facetas de la sociedad, demostrando su capacidad en actividades consideradas estrictamente masculinas, aunque falta mucho aún para tener cierta proximidad en la justeza hacia la carrera por el acceso saludable a todo tipo de oficios, roles y profesiones.
Nos referimos en ese sentido al fenómeno Francia Márquez Mina. Ella es una mujer colombiana, afrodescendiente, ambientalista, defensora de la madre tierra que se ha convertido en un referente político y electoral de las elecciones neogranadinas ocurridas el pasado 13 de marzo. Evento en el que se eligieron nuevos senadores y representantes a las Cámaras, además de la consulta interpartidaria de candidatos a la presidencia y la vicepresidencia. La jornada electoral ocurrirá el 29 de mayo de este año.

El Pacto Histórico, la coalición surgida recientemente como resultado de alianzas de sectores sociales, políticos, la izquierda, centro-izquierda y progresistas, eligió como candidato presidencial a Gustavo Petro Urrego y candidata a la vicepresidencia a la abogada y luchadora social del Pacífico Colombiano, Francia Márquez Mina, ratificando el papel protagónico de las mujeres en la construcción de una Colombia para la vida.
El compromiso de Francia Márquez Mina queda demostrado con los resultados electorales, convirtiéndose en la tercera candidata más votada en el proceso consultivo interpartidista. Su condición de lideresa, ambientalista y defensora afrodescendiente ha generado posiciones racistas en la sociedad colombiana, especialmente protagonizado por los creadores de opinión que, en aras de burlarse de dicha condición, solo demuestran ignorancia y desconocimiento de la cultura ancestral que Francia enseña con su sencillez y lenguaje profundo.
La irrupción de la ambientalista en el ámbito político colombiano genera una ruptura en la sociedad colombiana patriarcal, machista, clasista y racista, que al descoserse visibiliza la ya inocultable diversidad, cultural y étnica del pueblo colombiano.
Este impulso pluricultural confronta los convencionalismos neocoloniales presentes en la oligarquía colombiana, que irrita sus pilares conservadores y coloca en tela de juicio su hegemonía. La simpatía hacia Francia Márquez Mina de los sectores ciudadanos de diferentes regiones, incluso de objetivos sociales distintos y de arraigo con partidos tradicionales, incrementa la brisa refrescante preelectoral que envuelve la presencia de esta mujer de raíz negra.