Por: Heidy Sánchez, abogada de la Universidad Libre, especialista en derecho ambiental y concejal de Bogotá. 

En Bogotá y en todo el país los modos de provisión y recepción de cuidados son distintos de manera sustancial en los diferentes estratos sociales puesto que en los altos se resuelve contratando los servicios de cuidado, mientras que en los más bajos la responsabilidad de proveer los cuidados no puede externalizarse o asignarse a terceros, con lo que los costos de proveerlos se incrementan sustancialmente para las mujeres. Lo anterior profundiza las inequidades existentes, motivo por el que se puede afirmar que, en los sectores populares, el cuidado es mucho más “deber” que derecho, donde no existen mínimas posibilidades de elegir cuánto, cuándo y cómo cuidar, debido a la ausencia de servicios de cuidado gratuitos y de calidad.

Estas diferencias también son muy marcadas en los contextos rural y urbano, de ahí la necesidad urgente y el reto de una articulación política cada vez más fuerte alrededor de la satisfacción de la demanda por servicios públicos de cuidado, propósito que, no desconocemos, persigue el Sistema Distrital del Cuidado (SIDICU).

¿Cuánto se ha invertido?

En el 2020 se asignaron $160 millones para avanzar en el SIDICU y se lograron implementar las 2 primeras manzanas del cuidado: Ciudad Bolívar el 27 de octubre de 2020 y Bosa el 9 de noviembre de 2020. Mientras, en el 2021 hubo una asignación presupuestal de $11.000 millones de pesos y para el 2022 es de aproximadamente $14.000 millones, que, aunque es de reconocimiento tener como prioridad en la distribución presupuestal el SIDICU, siempre será poco para atender las necesidades de las mujeres en la ciudad.

Apuestas del SIDICU 2022

El SIDICU ha sido una de las principales apuestas de esta administración y saludamos que por fin hoy el cuidado sea un tema de especial atención. En el 2022 se esperan desarrollar entre otras acciones estratégicas: formar a 3.000 cuidadoras, brindar 27.000 atenciones de cuidado en casa (200 empleos generados) e implementar 6 manzanas de cuidado. No obstante, en lo que respecta a las manzanas, si bien se dice que estas se definen con base en el muy mencionado Índice de Priorización de Cuidado, hoy no conocemos los cálculos exactos.

Entre otros, porque utiliza como base información secundaria de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT 2016-2017) que, si bien es una herramienta importante, está desactualizada con relación a una realidad social y económica de la ciudad que se enmarca por la pandemia, el incremento de la pobreza y la afectación directa a las mujeres frente a esta. Por tal motivo, esperamos que haya una actualización de la base que permita aterrizar los servicios de cara a la realidad de las mujeres de la ciudad y así se garantice mayor eficiencia

El SIDICU en la ruralidad

Con respecto a la ruralidad, como lo es la localidad del Sumapaz, el SIDICU contempla únicamente unidades móviles de servicios de cuidado mas no una infraestructura permanente, bajo la excusa que las distancias impedirían la eficiencia de esta y que las unidades móviles suponen un mejor acercamiento y acceso de los servicios. Sin embargo, esto no resuelve necesidades tales como un parto en el que la mujer se ve obligada a desplazarse hasta Usme.

El constante mensaje es que las unidades móviles corresponden a la versión móvil de una manzana de cuidado y que son vehículos equipados que prestan servicios para personas que cuidan o que requieren cuidado. Si bien dichas unidades móviles pueden prestar servicios como actividades lúdicas, pedagógicas y culturales, atención y orientación psicológica o jurídica, otros prioritarios como la atención en salud y la educación formal básica o técnica no podrían ser un servicio de calidad sin infraestructura propia y de tipo constante. Por ejemplo, la atención en salud puede requerirse en cualquier momento, no exclusivamente el día que pasa la unidad móvil en un horario de 8 a.m. a 4 p.m.

¿Qué esperamos del SIDICU?

Conminamos a la administración distrital a procurar y presentar los resultados de medición de eficiencia y éxito con base en el número de mujeres que han accedido a los servicios y con ello han logrado retomar sus proyectos de vida personales.  Por ejemplo, quiénes han adquirido empleos en condiciones dignas y/o han dejado de ser víctimas de violencias basadas en género. Asimismo, instamos a identificar cuántos y cómo los hombres han reconocido y asumido tareas del cuidado. Todo lo anterior, permite proyectar planes de fortalecimiento y mejoras concretas de cara a que este SIDICU dé los resultados esperados para las mujeres de la ciudad en zona urbana y la ruralidad.

Saludamos el compromiso y los avances del SIDICU, pero reiteramos que el cumplimiento de las metas con esta iniciativa que busca reconocer, resignificar y redistribuir las tareas del cuidado, no se puede reducir al número de personas que acceden a los servicios sino al verdadero impacto que esto tiene en sus vidas.