Por: Felipe A. Priast

¡Qué contraste el que existe entre las dos principales fuerzas políticas de Colombia!

Mientras que Gustavo Petro hace un tour por España de dos orejas y rabo (no le va gustar el símil), y mientras es recibido en cada plaza a donde va con un sonoro “¡se vive, se siente, Petro Presidente!”, a Álvaro Uribe Vélez lo están recibiendo en todas partes con chiflidos, insultos y el ya estándar “¡Uribe, Paraco, el pueblo está berraco!”.

¿Cuál es el objetivo del “tour del insulto” que lleva a cabo Varito?, se preguntarán ustedes.

Al inicio del tour, Uribe empezó repartiendo volantes por la noche, pero esa vaina, más que una distribución de volantes entre los votantes, parecía una recreación de la “Operación Orión”, una vaina siniestra que intimidaba más que atraer votantes.


Afectado por las críticas que esto supuso, Varito se cambió a un horario diurno, estrategia que tampoco le ha funcionado. De “asesino” y “paraco” no lo bajan a donde va. En ninguna parte lo han recibido como él esperaba.


Entonces, uno se pregunta, ¿qué carajos es lo que está haciendo Uribe con esa macabra repartición de volantes? Y al menos mi respuesta es bastante simple: Uribe está haciendo lo que mejor sabe hacer, intimidar gente.

Yo les voy a contar una anécdota personal. Recién llegado acá, a los Estados Unidos, me puse a trabajar en cualquier cosa mientras me salía una licencia para trabajar como broker de commodities. Mi primer trabajo, hace ya más de 20 años, fue repartiendo volantes en South Beach para un restaurante.
Repartir volantes es entretenido porque, por lo general, se ofrece algo atractivo a través del volante, como una oferta de comida, o un “2×1” en bebidas y cócteles. Además, ese tipo de trabajo le permite a uno mezclarse con la gente y conversar con todo el mundo. Es un trabajo que requiere de cierta aptitud física, además de requerir agilidad, simpatía y buen humor. En otras palabras, para repartir volantes hay que ser joven, alegre y simpático, no un viejo cacreco de 70 años con fama de genocida.

Y si para rematar la cosa ese viejo cacreco con fama de genocida sale a repartir volantes con 50 carajos con ametralladoras, eso no es repartir volantes, eso es otra cosa. Uribe lo que en realidad está haciendo es INTIMIDAR A COLOMBIA POR ÚLTIMA VEZ, cuál dictador senil que ve escurrirse su poder de otrora.

Uribe se ha disfrazado de ÁGUILA NEGRA, ni más ni menos, y está recorriendo Colombia repartiendo unos volantes que perfectamente han podido ser redactados por las Águilas Negras, ese misterioso grupo de asesinos que intimida y lanza amenazas por toda Colombia usando volantes, organización que todo el mundo sospecha que está compuesta por grupos asociados a la inteligencia militar y a la policía.

La logística de la operación es un “overkill” total. Para que Uribe distribuya sus volantes pecuecos, necesita de un convoy de 30 camionetas con 100 guardaespaldas armados hasta los dientes, que al entrar a cada pueblo al que van, recrean la llegada de una columna paramilitar de hace 20 años.

Cuando yo vi el vídeo de Uribe y su caravana de camionetas entrando al Carmen de Bolívar, de inmediato se me vino a la mente la Masacre de Macayepo, una operación en donde los paracos, con el apoyo explícito de políticos como el infame “Gordo” García, entraron a ese pueblo condenado y mataron a 30 de sus habitantes.

Para explicar la cosa mejor, Uribe está conduciendo una “masacre seca” con su tour de volantero. Se recrean todos los pasos de los paracos de hace 20 años, pero esta vez, por fortuna, no corre la sangre. Y la gente no articulará este tour macabro de esa forma, pero siente la similitud, y por eso se desquitan de la ofensa que supone la pomposa entrada de esa caravana de matones con gritos de “¡asesino” y “¡paraco!” que retumban en todo el país.

Todo lo que hace o dice Álvaro Uribe es horrible, hasta una simple distribución de volantes. Pero no es solo el efecto intimidante lo que busca Varito con su recreación de una masacre a la hora de repartir volantes. Su partido, en estos momentos, se está despedazando y él siente que tiene que arrastrar una cortina de humo con sus “volantes armados” para evitar que los idiotas de su partido acaben con lo poco que queda del Uribismo.

Uribe, con la puesta en escena de sus volantes, está desviando el fuego de la caída fatal de Oscar Ivan Zuluaga en las encuestas, del escándalo de José Félix Lafaurie y sus conexiones con Mancuso; del idiota del “Sub” y sus asesores corruptos; del derrumbe completo de su partido. Uribe sale a la calle a repartir volantes para que le griten “¡asesino!” y que no se metan con sus ineptos alfiles en redes y medios.

En estos momentos, por donde mires, hay uribistas cagándola, y esa diarrea colectiva del Uribismo, sumado al estrellato absoluto de Petro dentro y fuera de la plaza pública, ha forzado a este viejo post-viagroso, a salir dizque a repartir volantes para ver si recompone sus huestes. Sus huestes de asesinos, valga decir.

Y dice Varito con algo de orgullo y vanidad de vicario reducido a achaques: “me gritan paraco y asesino, pero antes de que me griten eso ya 100 mujeres me han dicho ‘¡Uribe, te amo!’ “. ¡Pobre viejo güevón! De pronto en el 2002 y en el 2006 había una que otra loca del tipo la “Madril” Arango o María Fernanda Cabal que se calentaban con ese genocida, pero, hoy en día, ese cuento de las 100 mujeres que le dicen “te amo” no pasa de ser un deseo, un anhelo de una vedette envejecida, que proyecta en su actualidad su estrellato pretérito, como una Gloria Swanson en “Sunset Boulevard”.

En los vídeos en donde lo insultan no se ven mujeres a su alrededor diciéndole “te amo”, ni masas adulándolo ni ensalzando su figura. Lo que se ve es un pueblo furibundo, que lo detesta y lo quiere agredir. Y la única razón por la cual no lo agreden, es porque tiene 100 guardaespaldas armados con ametralladoras que lo protegen.

Uribe, en el engaño en el que vive, cree que es el político joven de hace 25 años que legalizó las autodefensas en Antioquia, causando histeria colectiva entre los terratenientes de Colombia. No se ha dado cuenta que, si alguna vieja buena, hoy en día, le dice “te amo”, es porque le ve cara de “sugar daddy”.

Varito, padre: Si alguna mujer joven y atractiva te dice “te amo” en algún pueblo, te está adulando para ver si te saca 4 vacas de tu finca a cambio de un polvo. Es decir, te adulan para que tú seas su “sugar daddy”. Las mujeres de hoy no se calientan con paracos hediondos a boñiga finquera, y menos si esos paracos usan crocs.

¿Tu en verdad crees que una mujer se “moja” al ver a un viejito post-viagra, como tú calzado con unas chancletas de plástico con forma de cocodrilo? Este genocida delirante cree que las mujeres de hoy se lo quieren comer, cuando en realidad lo que quieren es dárselo de comer a los perros.

¡Pobre diablo, está perdido!