Por: Cicerón Flórez Moya

El gobierno de Colombia ha intensificado la publicidad, destinada a mostrar obras de infraestructura, programas de generación de empleo y reactivación económica. Se trata de un mensaje que infunde la noción de realizaciones relevantes, con efectos de solución a problemas predominantes en la nación. Pero no se dice que esas ejecuciones son el resultado de gestiones de varios años y, por consiguiente, de varios mandatos, sobre todo en lo de la infraestructura vial.

Además, esa propaganda exagera los efectos positivos que le asigna a cuanto muestra como hechos consolidados. En el empleo los indicadores van más allá de la realidad, como en educación en el caso de la matrícula cero, porque no se toma en cuenta la insalvable barrera que impide el acceso de una numerosa población a la enseñanza superior.

La vicepresidenta y canciller Martha Lucía Ramírez le dice a la comunidad internacional, que la economía colombiana es una de las que muestra mayor fortaleza en el mundo por su crecimiento. Ignora que esos índices de bonanza, no se reflejan en las condiciones de vida de la mayoría de la población. Colombia sigue en la clasificación de ser la nación con mayor desigualdad en la región.

Aquí las necesidades insatisfechas se han acumulado en exceso. La pobreza es un fardo aplastante y no se advierten políticas coherentes, para superar esa brecha abismal.

Lo cierto es que en toda esa insistencia de ‘esplendorosas’ realizaciones oficiales, existe más propaganda que verdad. Es un engaño a la comunidad del país, con fines políticos articulados a las elecciones. Como el gobierno y otras instituciones del establecimiento, han acumulado tan mala imagen, se busca maquillar la precaria realidad con narrativa de distorsión y acomodamiento.

De otra parte, el gobierno nunca asume sus responsabilidades, con respecto al manejo de la nación y culpa a otros de sus desatinos. Se aferra al estribillo de poner a Venezuela como fuente de muchos de los males que padece el país, sin que se tengan soluciones propias.

Con desfachatez se rinden honores a ciertos dirigentes, por resultados de gobierno calificados de exitosos. Sin embargo, los problemas siguen con fuerza de perturbación. Y son los mismos que se dicen fueron solucionados.

La realidad muestra que la nación mantiene atrasos, que no se pueden negar. La violencia de los grupos alzados en armas, la corrupción, la desigualdad, los desvíos de la justicia y muchos otros males, sobrepasan la recortada visión del gobierno. Y a ello se le agrega, el abuso de la Fuerza Pública y el servilismo político del Congreso. Todo lo cual resulta negativo para todos.

Puntada

La negativa del gobierno colombiano al restablecimiento del intercambio comercial con Venezuela, es un golpe contra los empresarios de la nación, que tienen en el vecino país un mercado con proyecciones promisorias. Algo para tomar en cuenta. Esa soberbia es una mezquindad. Y deja secuelas en esta zona fronteriza.

Cicerón Flórez Moya

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