Félix Carrillo Hinojosa

Alrededor de 150 mujeres reconocidas, ofrendaron su vida por la causa libertadora, mientras cubiertas del silencio sepulcral del olvido, son muchas más de lo que registran los historiadores.Sus variados oficios, aportadora de dinero, animales, armas, vivienda, mensajeras, o en el peor de los casos, tomar las armas y vociferar contra el imperio realista, las comprometieron de tal manera, que muchas de ellas se convirtieron en mito del movimiento libertario y otras se perdieron en el tiempo lleno de olvido.

Muchas de ellas, lograron vivir muchos años, otras, solo llegaron a la juventud. Es el caso de esta heroína, cuya corta vida y con dieciocho años, logró ocupar un puesto en el panteón de los mártires locales y quedarse en la memoria, a veces vaga de sus paisanos. Dicen los investigadores populares que fue una mujer con unos encantos físicos inigualables, con una inteligencia sin par, con una sensibilidad social desde niña que protegía a los pobres y vivís pendiente de las personas que marchaban a la guerra, situación que la convirtió en una aguerrida soldada de la causa.

Perteneció a una familia adinerada, latifundista, esclavista y comerciantes del norte de la Provincia de Mariquita.Su vida estuvo matizada de grises y sus datos biográficos están desdibujadas según los intereses de quien la presente. Unos la muestran como una patriota rebelde y heroínas otros, como una jovencita astuta que cuidaba de los bienes de su familia.

Ante estas versiones, lo real es que su hermano José León Armero, artífice y principal ideologo en 1815 de la Constitución de Mariquita, logró eclipsar todo lo que ella representa.Su tierra natal fue la capital provincial y centro intelectual, sede de la Real Expedición Botánica, donde transcurrió la corta vida de ella, quien fue educada según las normas del tiempo, cuya enseñanza estuvo sujeta a una fina lectura, música sacra, virtudes católicas, esmerada educación del que hay el testimonio de una carta de su hermano, quien fue discípulo de José Celestino Mutis.

Tanto ella como su hermano fueron juzgados por el régimen del terror en 1816, al estar en abierta oposición al gobierno español y en el caso específico de ella, por rechazar los galante cortejos de un oficial de apellido Bernate, quien al recibir un no rotundo, «Yo no me caso con tiranos», con su orgullo herido, logró vengarse y la hizo fusilar.Esa es una versión, la otra fue, por no dar la información precisa donde se encontraba su tío Patricio Armero y la señalaron de ser cómplice de las intrigas bélicas de su familia y por sedición ante los oficiales de su majestad.

Lo real es que su muerte, fue el fundamento para que sus coterraneos se levantaran indignados, que los llevó a luchar por la libertad. Su historia nos induce a contar las historias no solo de las mujeres de élite sino de las indígenas de Natagaima, de las enfermeras de campaña, las vivarachas féminas de los sectores populares, las lavanderas del Saldaña, las costureras de Ibagué, las chicheras del Guamo, las madres, hermanas, amantes y esposas de los cientos de Calentamos que fueron a la guerra, mujeres que en más de una ocasión blsndieron sus machetes y otras armas para atacar a quienes le ofendían su dignidad, que murieron fusiladas o degollados bajo las órdenes de algún antipático chapetón.

En procura de lograr una recuperación y socialización del patrimonio histórico y documental, son muchas las estrategias que se han planteado, para lograr que esas heroínas de la independencia tengan el lugar que les corresponde en ese proceso independentista. El papel de la mujer en la gesta de separación de España, fue más relevante de lo que suele reconocerse en los textos de historia y en la tradición oral.

Su acción abierta de agitadoras y otras acciones que gestaron conquistas que fueron vital para todo lo logrado.Muchas de ellas fueron precursoras, libertadoras y visionarias.El escritor Enrique Santos Molano detalla en uno de sus libros lo que encierra la vida de «Las Polas desconocidas», cuyo olvido acumulado durante cientos de años, nos permiten volver hacia tiempos pretéritos para recuperar los rastros de esas mujeres.Esta mártir es una de ellas, que al ser fusilada no pidió clemencia sino que gritó, «Viva la libertad, abajo el rey».

Su activa participación en las tertulias literarias y de ahí, a la rebelión contra el gobierno español, colaborando con las guerrillas y con el ejército Libertador como correos, espías y divulgadoras de ideas, dando sus hijos para la guerra en el ejército Patriota y acompañando a sus hombres en la campaña libertadora, hizo de las mujeres un protagonismo esencial en este proceso histórico»-Fercahino

Carlota Armero nació y murió en Mariquita, Tolima, en 1798- 28 de mayo 1816. #vocesenoposición

Félix Carrillo Hinojosa