Félix Carrillo Hinojosa

Entre lo oscuro y claro del amanecer de este día, puse encima de una pequeña mesa de mi escritorio, una totuma inmensa llena de perdón.Mientras ponía la primera palabra y pensaba la que debía seguir, traté de llevarme el primer sorbo, el cual me supo a «rechazo», «ira», «odio» y «miedo», palabras estas que tienen al cerebro del colombiano en un profundo dilema, que le cierran el paso a la comprensión, al cambio de mentalidad, a llenarse de coraje y talante para aprender a perdonar y dar mejores pasos.

Es una tarea difícil, porque seguimos atados a las cadenas del pasado, en donde es mejor usar la ley del talión y saciar la búsqueda del poder, para con ello, oprimir al otro como si no valiera nada.Un segundo sorbo, se me hizo más agradable, el cual me llevó de la mano a mi objetivo, y es mostrar la vida de una mujer que después de estudiar periodismo en Inpahu, decidió empuñar las armas y defender sus ideales de cambio, al ingresar a las Fuerzas Alternativas Revolucionarias de Colombia- Farc y el Ejército del Pueblo-EP-.

Es Judith Simanca Herrera o Victoria Sandino, parte sustancial de un conflicto interno, que por más de cinco décadas confrontó a los distintos gobiernos, quienes intentaron lograr un proceso de paz, para sellar un acuerdo, que solo el de Juan Manuel Santos pudo hacerlo. Los grandes temas fundamentales están insertados, en la tierra, el medio ambiente, la salud, la paz, el empleo, la educación, que contribuirían a cerrar las grandes brechas sociales que no ha sido posible por fenómenos como el narcotrafico, la violencia, la corrupción, entre otros.

Ella hace parte de los cinco senadores, que al igual que los cinco representantes, son los espacios políticos logrados en el Congreso, producto de ese gran acuerdo, que le quitó el protagonismo a ese grupo alzado en armas, en el desplazamiento, muertes, secuestros y demás acciones operativas. Hoy la historia es otra, y permite ver de que está construida la nueva mirada del partido los comunes, frente a los problemas sociales que siguen en los mismos lugares y con otros protagonistas. La realidad nos dice, que la muerte por el enfrentamiento entre la Farc-EP y el ejército y policía, cesó en un inmenso porcentaje, sin perder de vista que la descomposición social se incrementó después del acuerdo, que no solo está en lo rural, sino también en lo urbano, en donde la delincuencia, el narcotrafico y la corrupción se apoderaron de Colombia.

Cada vez se abre más, la alternativa del diálogo con quienes están alzados en armas, de las Bacrim y tantos grupos que se baten a sangre y fuego por distintas causas. La Paz es el fin y el partido los comunes han dado muestras que por ahí es el camino, así hayan fisuras al interior de ellos. Un tercer sorbo me lleva, a que si bien es cierto que el pasado hizo de las FARC-EP un grupo temible y con total rechazo, es bueno pensar que estamos en otro tiempo, cuyo paso está sustentado en un acuerdo que no es perfecto, nunca lo será, en donde debemos ponerle inteligencia a ese logro, y comprender que este tipo de textos no busca hacerle apología a ningún grupo alzados en armas, llámese de izquierda o paramilitar, sino construir unos mejores caminos que conduzcan dentro de las diferencias, a unos caminos de paz.

Todo eso se logra con los protagonistas de los hechos, no con aquellos que a todo le ponen un «pero», que «no rajan ni prestan el hacha» y sentados en un escritorio dan cátedra de moral.Necesitamos colombianos que se llenen de perdón y logren a su manera, la construcción de un mejor tiempo para un país como el nuestro, que se atascó en unas palabras, que nos hicieron detener la marcha a cambio de nada.

Ella al igual que muchos colombianos, que transitan por las calles de cualquier lugar nuestro, sin apoyo estatal, sin rumbo, sin sensibilidad y humanidad hacia tantos problemas, son una consecuencia de un País que debe enrutarse a mejores conquistas sociales.Cuando terminen de leer esta nota, quiero que así como a mí, esas palabras que como una tara nos domina, dejen de hacerlo y más bien miremos al otro con más sensibilidad y humanización, si no es así, no lograremos vivir en paz»-Fercahino

Judith Simanca «Victoria Sandino», nació en Tierralta, Córdoba en 1975. #Desdemiraya

Félix Carrillo Hinojosa