Por Alberto Pinzón Sánchez.

El artículo sobre la “nueva izquierda colombiana” publicado en el portal Las 2 Orillas.co (21.10. 2021) https://www.las2orillas.co/el-baile-de-los-que-sobran-la-nueva-izquierda-que-vive-del-like/, escrito por mis conocidos Cesar Jerez y Julián Cortés, et al, es un campanazo de alerta sobre el estado de postración (para no abusar de la palabra crisis) en el que se encuentra el polo político popular o de izquierda, “chupado” o absorbido totalmente en el remolino alienante de las próximas elecciones de Colombia.

Quienes lo duden, pueden remitirse a la siguiente información periodística https://www.elunicornio.co/es-cosa-de-locos-60-aspirantes-a-la-presidencia/

Pero esto, es la costra superficial de una llaga o ulcera más profunda: No es solo la situación crítica, caótica y de genocidio social que está viviendo el pueblo colombiano en su totalidad, y su reflejo en la esfera supraestructural, en donde se ha pasado de la ficción social de la paz deseada, a la ficción todavía más aparente e ilusoria de que un “eventual” presidente de izquierda la logrará, al implementar el Acuerdo de paz firmado entre Santos y Timochenko en 2016.

Ficción social, porque si hacemos una simple suposición, muy simple, de imaginarnos cómo sería esa implantación; nos encontraremos con el terrible choque de la realidad o estrellón, de que la Colombia del 2016, la del pacto Santos-Timoleón, incluidas todas las modificaciones, adulteraciones, trampas y perfidias hechas al escrito original, ya es muy diferente a la Colombia del 2021; la retratada en los Pandora Papers con sus más de  550 lavadores de dinero del narcotráfico a través de los bancos de Sarmiento Angulo (financiador de la Campaña de la nulidad genocida que nos gobierna)

En el 2016 optimismo embargaba a la mayoría de los colombianos confiados en que aquellos diálogos de paz en la Habana, ignorantes como éramos de las oscuras triquiñuelas y enjuagues hábilmente ocultados, que los dos firmantes estaban pactando por debajo de la mesa con el fin de hacer un pacto cooptación de larga duración y frustrar otra vez, el anhelo vital más importante del pueblo colombiano de vivir en paz.

Por ejemplo, creímos que la muerte del comandante Jairo Martínez (el alcalde de las Farc cuando los diálogos del Caguán en 2000) junto con 27 de sus mandos medios, despedazado por un bombardeo ordenado por JM Santos el 27 de mayo de 2015, era porque estaba “realizando con sus tropas una pedagogía para la paz”, cuando la realidad era otra: había venido a hacer unas consultas con sus mandos sobre si se debía seguir o no con esas “negociaciones” en la Habana; algo parecido a lo que hizo unos meses más tarde Gentil Duarte, aunque de manera clandestina, diferente a Jairo, sin que nadie se enterara, sino meses después cuando la «élite» de las Farc-EP lo expulsó de la organización. Ver  https://verdadabierta.com/que-hay-detras-de-la-expulsion-de-gentil-duarte-de-las-farc/

En cambio hoy, octubre del 2021, el sentimiento generalizado es el pesimismo causado por el monstruoso genocidio en curso de ex combatientes de las Farc-EP y de lideres sociales para destruirles el poco tejido social existente. Por un “paramilitarismo líquido” inundando todo el país especialmente las zonas dejadas por las Farc. Por la judicialización, violación de los más elementales derechos humanos, y el Terror de Estado aplicados al movimiento social. Por el aumento incontrolado del narcotráfico y el lavado de dólares como sostén principal de la economía colombiana (confirmado por los papeles pandora) Por una ideología contrainsurgente fortalecida y envalentonada desde los EEUU. Y, por la sensación de que ese pacto Santos-Timochenko no fue para ninguna paz, sino una gran derrota política de todo el pueblo trabajador y el campo popular colombiano, que aunque no ha sido reconocida públicamente, ni se le ha hecho ninguna autocritica, se sigue vendiendo con fines electoreros como “la posibilidad de implementar el Acuerdo de la Habana, ahora si cuando ganemos las elecciones en el 2022 con unas elecciones históricas”.

El jarrón chino de las Farc-EP al haber sido destruido y despedazado ha sacado a la superficie los restos del substrato político-militar que las cohesionaba: 1) El famoso plan estratégico de llegar por la cordillera oriental hasta Bogotá, es decir cercar la gran ciudad desde el campo (pensado cuando los campesinos todavía eran la mayoría de la población en Colombia) se ha desvanecido por sustracción de materia.

2) El trípode estratégico político-militar clásico, de Ejército Popular, Frente de masas, y Partido clandestino, probado en la práctica dando la victoria a las revoluciones China, Coreana, a la revoluciones Vietnamita e Indochinas, ha saltado en mil pedazos inidentificables muy difícil de volver a pegar o juntar.

Y en medio de la densa polvareda producida por el derrumbe estruendoso de esa edificación social e ideológica que alcanzó a durar combatiendo 70 años ( demolición planeada con toda la perfidia del caso), ha aparecido la ficción consoladora o compensatoria,  vendida por el aparato mediático del régimen, de que ahora sí se va a aplicar lo que queda del tal Acuerdo de la Habana o pacto Santos-Timoleón, claro que si y solo sí, se ganan las próximas elecciones del 2022, que como es una ficción a futuro, serán históricas.

El polo político de izquierda descrito por Jerez, Cortés, y Zamora en las 2 Orillas, arriba mencionado, al parecer ha profundizado su inmersión en la estratagema o trampa contrainsurgente tendida por el aparataje mediático del régimen, que ha logrado introducir en la conciencia popular la idea de que el Bloque Contrainsurgente está “casi” derrotado o está muy débil y en crisis; ocultando, claro está, la fortificación que están haciendo sin ruido de los poderes fácticos reales en las regiones, los que solo aparecerán el día histórico que sea necesario. Mientras en paralelo y por medio de encuestas piratas se “vende como pan caliente” la idea de que ahora si el campo popular va a ganar.

Y así estamos. Porque en lugar de ir a púlpito político de la Comisión de la Verdad a reconocer la derrota político militar que significó para todo el campo popular ese pacto pérfido Santos-Timochenko, y, hacerse una autocrítica seria y creíble sobre el genocidio social en curso que por omisión (o talvez por acción) no se ha pasado de denunciar tímidamente y de dientes para afuera; en lugar de un tal reconocimiento sincero, se ha profundizado aún mas en la cooptación con la fracción santista y se han puesto todos los recursos donados por el régimen en ayudar a sedimentar en la conciencia popular la estratagema contrainsurgente de la inminente victoria electoral de la Izquierda.  Así las cosas, solo nos queda desearles a todos ¡Éxitos en las elecciones históricas del 2022!  

Fuente imagen Internet: Noticias Caracol: Carlos Antonio Lozada anuncia su adhesión al pacto histórico febrero 2021.       

Alberto Pinzón Sánchez