Por Alberto Pinzón Sánchez

La extraña muerte del presidente de Haití Juvenel Moïse, este 7 de julio pasado, a manos de un comando colombo-estadounidense de narco para militares oficiales y sus evidentes implicaciones geoestratégicas regionales, empieza convertirse (por obra de los monopolios de la falsimedia mediática transnacional) en un novelesco “thriller”. Un alienante culebrón novelesco de la cultura traqueta colombiana para vender sus repudiados periódicos por falsificadores de la realidad, que cada día va agregando un detalle más a la información inicial que poco añade al esclarecimiento del crimen, pero qué va alejando día tras día a los lectores de la almendra real y objetiva de un asunto tan complejo como contradictorio del acontecer histórico de nuestros pueblos nuestroamericanos en lucha de más de 500 años contra el colonialismo depredador.   

¿Quién es el responsable de tan execrable crimen? Es la pregunta con la que todos los informadores tanto neocoloniales como luchadores en su contra nos hacemos. Entonces el asunto toma (como siempre sucede en la realidad) dos relatos enfrentados:

Uno, los colonialistas y neocolonialistas actuales tratan de reducir el asunto a un crimen aislado en resolución judicial, perpetrado por desalmados narco-para-militares oficiales colombianos a quienes ahora llaman y presentan profusamente con el eufemismo de mercenarios privados ajenos a cualquier objetivo político y geoestratégico, contratados por no se sabe quién (está en averiguación novelesca….y la esposa sobreviviente de Juvenel hoy ha dado algunas pistas) posiblemente algún antiguo socios gansteril entrado en contradicción y disgustado por algún reparto mal hecho del botín de sus ilegales y corruptos negocios hacia los países capitalistas desarrollados, especialmente de Norteamérica: (tráfico de drogas y lavado de dólares incluidos los del Petro-Caribe; tráfico de “neo-esaclavos” al Canadá francés, a Francia y a Mayami; tráfico de armas; exportación de maderas originarias hasta desertificar la isla completamente; tráfico de todo tipo de minerales y tierras raras pues lo único que queda de Haití es el piso, la tierra; control de las 77 bandas armadas de la policía que operan solo en la capital; et cétera) Pero sobre todo, los beneficios de la sujeción al Poder neocolonial que contrala hasta el movimiento de las hojas de los pocos árboles que quedan y sin el cual no se podrían hacer tales negocios, ni serían posible tales ajustes de cuentas. Pues como es sabido por todo el mundo, ojo por todo el mundo; desde 1915 cuando se da la primera invasión militar de los EEUU al país de Haití, este pasó a convertirse en una Neocolonia perfecta.

 Otro, los resistentes haitianos que llevan muchos años luchando en las más duras condiones de represión y muerte, talvez como ningún otro pueblo haya sufrido durante tanto tiempo y quienes con grandes dificultades han logrado romper el cerco mediático trasnacional tendido sobre su país, con el realismo que da su larga lucha y la confianza en el futuro que da la mirada de largo alcance que los ha caracterizado, dan otro relato completamente opuesto:  Califican de farsa el asunto (recordemos los contrarios hegelianos Tragedia y Comedia) y mencionan como truculento el asunto de la tortura y muerte del presidente Juvenel Moïse a manos de los “paracos oficiales colombianos, asistidos por jefes estadounidenses” y contratados por sus socios que hoy se proclaman autoridades legítimas de Haití (¿”A quién beneficia esa muerte”? Preguntaba siempre el Sir inglés Winston Churchill).

 Un episodio más en la cruel y trágica historia del pueblo Haitiano que lleva siglos luchando primero con pura candela y tambores de esclavos contra el colonialismo europeo, y luego con una gran lucha de masas contra el neocolonialismo transnacional actual, hasta poner en evidencia y claramente ante los ojos pasmados del mundo la descomposición final del Sistema neocolonial y el colapso del Estado  impuesto en Haití desde 1915, cuya relación de producción única ha sido el saqueo inclemente y la corrupción gansteril, apoyada en bandas armadas asesinas de la policía tipo tonton macutes, dictadores corruptos tipo Duvalier, invasiones militares o golpes de Estado cuando la situación lo ha ameritado y cuya larga lista no es necesario volver a repetir aquí.

 Pero no es todo. El incidente de la muerte del presidente haitiano, la lucha por el Poder, el colapso del Estado (llamado sarcásticamente social y de derecho) y la muy probable invasión imperial que se vislumbra pedida por el presidente de los colombianos Duque para seguir sosteniendo un sistema neocolonial agonizante; también ha puesto al orden del día una vieja relación un poco olvidada entre Historia y Novela en ese desdichado país, sobre la cual quisiera solo recordar dos importantes y esclarecedores libros:

 Primero, el libro de James LCR titulado “los Jacobinos Negros”, publicado originalmente en inglés en 1938 y luego en castellano Fondo de Cultura Económica primera edición 2003 (ya se puede ver la grieta temporal), que se ha constituido en un relato fundador de uno de los episodios más importantes y trascendentales en el continente americano : la revolución de los esclavos en Haití, la que primero izó el tricolor de la “liberté, egalité, solidarité” de la revolución francesa en nuestro Mare Nostrum del Caribe y le sirvió a uno de sus hacedores Alexander Petión, para decirle a nuestro Libertador Simón Bolivar “que, sin la libertad de Hispanoamérica Haití no llegaría nunca a ser libre”. ¿Hubiera habido liberación de la patria grande del colonialismo español sin la trascendental ayuda de Petión y sus haitianos? Pregunta que debe responderse con la historia cumplida y ya hecha.  ¡Nunca!

Segundo, el inolvidable libro del universal y moderno Alejo Carpentier “EL reino de este mundo” (¿hay otro?) escrito por uno de los más grandes innovadores del idioma castellano latinoamericano actual editado en 1949, once años despues del de James, donde magistralmente uniendo con rigurosidad de pensador marxista, la ficción novelesca con la historia (también rigurosamente investigada) y la seriedad o rigor de quien escribe para el futuro; nos relata el mundo real y maravilloso de lo que fue uno de los más alucinados episodios de aquella gesta revolucionaria que condujo a la coronación del primer rey negro en América el ex esclavo, ex cocinero y liberto Henry Christophe, quien por sus conocimientos militares había logrado imponerse en la parte norte del país sobre su adversario político y rival Alexander Petión de solidos ideales republicanos y anticoloniales.

E inspirándose en el ejemplo de sus amos esclavistas franceses, Christophe constituyó una nobleza haitiana de confesión cristiana y católica con 4 príncipes, 8 duques, 22 condes, 37 barones, y 14 caballeros; escribió su cuño real así:  “Henri, por la gracia de Dios y la Ley Constitucional del Estado, Rey de Haití, Soberano de las Islas de la Tortuga, Gonave y otras adyacentes, Destructor de la Tiranía, Regenerador y Bienhechor de la Nación Haitiana, Creador de sus Instituciones Morales, Políticas y Guerreras, Primer Monarca Coronado del Nuevo Mundo, Defensor de la Fe, Fundador de la Orden Real y Militar de Saint-Henri”.

 Obsesionado con una posible invasión francesa del imperio napoleónico para recuperar su colonia, la que efectivamente fue derrotada en la parte sur del país, se empeñó en la construcción de la monstruosa e inexpugnable fortaleza-castillo-real de “Laferrière”, construida en la cima de una montaña con mano esclava de los recien liberados, lo que llevó a granjearse el odio y el rechazo de su gente resuelta a liberarse de cualquier clase de esclavitud, apegada a sus creencias tradicionales que ponían en el centro de sus rituales y tambores la lucha por la libertad como valor supremo.

Abandonado por su gente ya en franca rebelión, sufrió un ataque de apoplejía que lo llevó en su soledad al suicidio con una bala de oro que tenía su nombre escrito. Su cadáver llevado en guando a la fortaleza de “Laferrière” por sus lacayos esclavos para ser enterrado en la argamasa aún fresca de alguna parte de sus muros, quedó sepultado y confundido con aquella mole real como si fuera su panteón para la posteridad.

Solo una pluma como la del maestro Carpentier muy posiblemente influido por el libro de James, podía relatar aquella fusión real y maravillosa de Historia y Novela en el trágico devenir del pueblo haitiano, a quien ninguno de los Imperialismos le ha perdonado ni le perdonará NUNCA su gesta libertaria. Como tampoco le perdonará nunca, nada, al ejemplar pueblo cubano y a su heroica gesta en Playa Girón. No hay que olvidar que el imperialismo también tiene su memoria histórica y hace uso de ella de cuando en vez.

Fuente imagen Internet. Word Today News: El presidente de Haití Juvenel Moïse y su Primer ministro Claude Joseph en New York, junio 18/ 21.  

Alberto Pinzón Sánchez