Por: Felipe A. Priast

Y es que las declaraciones recientes de Juan Manuel Santos ante la Comisión de la Verdad van a tener una repercusión profunda a corto y largo plazo en Colombia, y ese tema es más importante, mucho más importante que un campesino peruano analfabeta devenido en presidente. Esa confesión de Santos de que él quería acabar con los falsos positivos cuando fue Ministro de Defensa de Uribe pero que Uribe no dejó, es una bomba, por decir lo menos.

Con esas declaraciones se ratifica la teoría sobre “quién dio la orden” que yo creía una teoría inviable pues me parecía jalado de los cabellos que alguien hubiera dado una orden de ese tipo. De hecho, esa orden no existió, en eso me sostengo. Lo que en realidad dijo Santos es que no existió una CONTRAORDEN para detener los falsos positivos una vez estos fueron identificados, lo que equivale a una condonación de la práctica para todos los efectos del caso. En otras palabras, nadie dio la orden, pero confrontados con el hecho, Uribe no detuvo la barbarie.

En términos puramente legales, esta es la acusación más severa que ha tenido que enfrentar Álvaro Uribe Vélez en su vida política, una vez quien la hace es el antiguo ministro de defensa de su gobierno durante los años en cuestión.

Pero Santos tampoco es que sea muy inteligente, así se las tire de tahúr tejano del póker. Hacer esa confesión 15 años después, acompañada de un mísero “perdón”, es dispararse a su vez en el pie. ¿Cómo pretende Santos hacernos creer que él no pudo hacer nada si él era el jefe político de la cartera? Y confesar que Uribe hablaba todos los días con los jefes de brigada y división para enterarse del progreso de la guerra lo deja como a un güevón. ¿Qué clase de ministro era Santos que lo dejaban de lado tanto el presidente como los generales?

Por decirlo de otro modo, Santos confiesa que él era tan monigote de ministro, como el idiota que tenemos ahora de subpresidente lo es de presidente. Santos acepta que él como ministro era un “Duque”.

Pero yo no le creo, Santos no es un Duque. Santos lo que es es un zorro que se cree más vivo que todo el mundo. Él sabía lo que sucedía con los falsos positivos y ESCOGIÓ QUEDARSE CALLADO porque la corriente del momento era “acabar a las FARC de cualquier modo” y él no quería bajarse de la cresta de esa ola. Santos vino a recapacitar como un año después cuando la verdadera dimensión de los falsos positivos tomó forma y ya resultó imposible de ocultar o ignorar.

Por primera vez en mi vida voy a estar de acuerdo con Vicky Dávila: Santos es un hipócrita de mierda. Surfeó la ola militarista de Uribe porque era popular y le garantizaba una futura elección presidencial, y se bajó de la ola tan pronto resultó imposible seguir ignorando la barbarie. Con intuición, de inmediato se dio cuenta que ese cuento era dañino para sus aspiraciones políticas, y fue ahí cuando comenzó a actuar. Para que la gente entienda, SANTOS DEJÓ ASESINAR INOCENTES CUANDO LE CONVINO POLÍTICAMENTE, y se opuso, también, cuando le convino políticamente. Santos no es un hombre de gran moral, ni un miembro excelso de la “liga de caballeros extraordinarios” como él cree, ni sus virtudes quedaron ungidas por la Reina Isabel después de que esta lo invitara a Buckingham Palace. Santos no es más que un simple político que se movió al ritmo de las variaciones políticas. Cuando la corriente era “matar”, él dejó matar. Y cuando la corriente cambió, se hizo el pío y el sorprendido y se las tiró de acongojado. Y, hoy, con cálculo político quizá para proteger su legado y sacar provecho, pide perdón con lágrimas en los ojos.

Nada en Santos es sincero, todo corresponde a un cálculo político. Santos MATÓ cuando matar daba réditos políticos, y LLORÓ cuando llorar también dio réditos políticos. Hoy, en medio de un estallido social como nunca antes se había visto en Colombia, Santos se distancia aún más de su antiguo jefe llorando ante la Comisión de la Verdad y pidiendo perdón. ¡Qué maestro, qué sagacidad! Es tan bueno su acto hipócrita y selectivo que hasta le valió un Nobel. Santos no es un jugador de póker, es un actor shakesperiano. Su lugar no es la Liga de Caballeros Extraordinarios en donde comparte con Soros y no-sé-quién-más, sino el Old Vic en Lambeth. Los verdes y los de centro sacaron vídeos pidiendo perdón ante las consecuencias del estallido social reciente, pero Santos va más allá: él llora, y muchos le creen cuando llora.

Pero en últimas ese llanto fingido y calculado de Santos tiene un propósito político que va más allá de un acto de contrición ante la galería popular que hoy llena las calles en protesta. Santos, me temo, es el vocero de una comunidad internacional (la liga de hombres extraordinarios a la cuál pertenece) que ya ha decidido bajarle definitivamente el pulgar a Álvaro Uribe Vélez. Y no es para menos. Uribe traspasó una línea cuando trajo a ese Nazi chileno para que adoctrinara a las Fuerzas Militares. En realidad Uribe cruzó hace rato el rubicón, pero sólo hasta ahora está cruzada se hizo visible internacionalmente gracias a los manifestantes y las matanzas de la policía. La policía matando gente inocente en las calles siguiendo la cartilla de un Nazi traído por Uribe, y el hijo de puta pidiendo todavía “más autoridad” del Gobierno, es decir, más muertos. Con Uribe los muertos nunca son suficientes, él siempre quiere más. Es en este trazo en donde se le sale ese rasgo de paisa sanguinario a lo Escobar. Cuando la conversación es sobre muertos, Varito siempre pide más, es una cosa de otro mundo.

Para mí, esta declaración de Santos ante la Comisión de la Verdad, sea hipócrita o no, es una señal inequívoca de “bajada de pulgar” a Uribe por parte de la comunidad internacional. Es el principio del fin, para parafrasear a Churchill. Es el inicio de un cerco a su alrededor que poco a poco se está cerrando.

¿Qué sigue?

Difícil decirlo con certeza, pero creo que se vienen varias cosas. Primero, un pronunciamiento definitivo de la JEP sobre los falsos positivos, que casi con seguridad será adverso a Uribe; y una condena generalizada de la comunidad internacional encabezada por la CPI y el gobierno Biden. Creo que es bastante posible, para regocijo de la gran mayoría de colombianos, que estas navidades sean las primeras con un Uribe tras las rejas, ya bien en La Haya, o en la prisión de Marion.

Lo malo de tener a Santos de arquitecto de esa movida (la Cabal no está tan perdida cuando acusa a Santos de ser el arquitecto de todo esta revuelta, entre otras cosas) es que ese cachaco hipócrita y traicionero -porque es cierto que Santos es un hipócrita traicionero- va a maniobrar para sacar a Uribe de la foto, pero también va a maniobrar para sacar a Petro de la foto y poner él al próximo presidente.

Pues bien, aquí es en donde yo, con mi modesta voz me dirijo a todos los colombianos buenos y decentes que leen mis notas todos los domingos. Este es mi primer acto puramente político, y aquí les va:

¡HAY QUE SACARLOS A LOS DOS! Dejen que Santos saque a Uribe con la ayuda de su Liga de Caballeros Extraordinarios, y luego nosotros LO SACAMOS A ÉL.

¡Olvídense de que Santos es inocente! Si ese cachaco logra meter preso a Uribe, va a subir como espuma y va a poner al próximo presidente, y él no es inocente. Santos también tiene parte y culpa en los falso positivos, él era el ministro de defensa. Castigar a Uribe y coronar a Santos es ilógico e injusto. Ambos se tienen que ir, pero dejemos que Santos haga el trabajo sucio de cajonear a Uribe. El cajonea a Uribe, y nosotros lo cajoneamos a él.

Juan Manuel Santos no se va a robar esta revolución, y eso es lo que él busca.

Esa es la especialidad de “Juanpa”: robarse el crédito por lo que hacen otros. Así quedó de presidente, y así hizo toda su carrera política.

Lamento decepcionarlos con respecto a Santos pero el man no es un gran jugador de póker. Lo que es es un tramposo, un hipócrita y un ladrón.

¡A la mierda! ¡Se van los dos para casa ‘e cojones!, es el momento del pueblo de Colombia, y será el pueblo de Colombia el que ponga al próximo presidente.

P.D: Sobre las elecciones en el Perú, una reflexión pertinente. En el juego geopolítico hay que entender un principio básico. Cualquier “vacío” de poder o de autoridad en la región, será ocupado por los vicarios de Putin y Maduro de inmediato. Un presidente débil e ignorante como Castillo va ser una presa fácil de estos vicarios del socialismo. Esperen maniobras de la flota rusa en el Pacifico Sur y una base de avituallamiento en el Callao, lo que podría cambiar el balance de poder en el Pacífico Sur. Queda el Canal de Panamá bajo amenaza, y cambia la situación estratégica y el balance de poder en la región. Y si Colombia comete la burrada de elegir a un presidente que no sea de izquierda en el 2022, le va tocar fortalecer su Armada en el pacifico, lo que implica más impuestos para pagar esa armada, o una reducción drástica del tamaño del ejército (no va a haber plata para sostener ambas armas).

Estratégicamente hablando, Colombia no tiene opción: hay que escoger un presidente de izquierda que no sea hostil a Castillo y Maduro al mismo tiempo.

Como quien dice, todos los caminos conducen a Roma…

Felipe A. Priast
13 junio 2021.